EDITORIAL

Cambios y desocupación

La mutación es profunda y enorme es la responsabilidad de los padres para educar bien a sus hijos. Y grande es el reto de los que nos gobiernan porque a ellos que buscaron el poder, les incumbe encauzar los recursos y la orientación de la sociedad.

Este fenómeno cíclico se encuentra en pleno desarrollo, mientras el 1° de mayo en Montevideo se volvían a oír las viejas consignas en el acto del Pit-Cnt, como la lucha contra el imperialismo yanqui, o las demagógicas, ¿construimos escuelas o cárceles?

Con el aumento constante de la población mundial y las nuevas formas de producir y vender, la evolución es imparable. Una parte de la población no halla cabida en el cada vez más competitivo y cambiante mercado laboral donde la persona es desafiada y a menudo vencida por otros seres más capaces y preparados, tanto como por los inventos.

Los tiempos donde un buen empleado o un profesional podían aspirar a trabajar toda su vida, o buena parte de ella, para una empresa o en un estudio, ya prácticamente terminaron. La dinámica laboral en las sociedades más exitosas los hace afrontar cambios que requieren de otras habilidades o capacidades que no todas las personas poseen. Algunas logran adquirirlas y muchas quedan por el camino. Les puede faltar educación, inteligencia, motivación, o simplemente hay otro, quizás más joven, con mejores aptitudes para lo que se requiere.

Esto además se complica cuando la actividad humana es suplida total o parcialmente por robots, más eficientes, que no se enferman, no se deprimen, no quedan embarazados y pueden trabajar jornadas de 24 horas, 7 días por semana, actualizados con nuevos programas. Los robots obsoletos son desechados sin indemnizaciones, ni huelgas ni traumas emocionales por la gerencia de recursos humanos y sin daño a la imagen de la empresa. Es verdad que las máquinas algunas veces se rompen y necesitan mantenimiento, pero el costo es menor.

Si uno lee y trata de entender los comentarios que aparecen en la memoria y los balances generales de importantes empresas tecnológicas, por más que estas publicaciones hayan sido redactadas para el común de las gentes —los accionistas que las reciben—, las informaciones presentan serios desafíos además de sorpresas. Por ejemplo, una determinada compañía anuncia un altísimo crecimiento de venta de servicios en el rubro de inteligencia artificial para sus clientes. Ofrece soluciones a problemas de fabricación en diversas industrias, en banca, seguros en temas de provisión de salud y otros. Ya existe un robot inteligente que tiene un inmenso cúmulo de información legal. Al planteársele un problema legal, casi a la velocidad de la luz el robot facilita la respuesta basada en la ley/código (s) y jurisprudencia. Da detalles de los fallos judiciales que más se parecen al caso presentado y advierten sobre los problemas, pruebas aportadas, defensas de la parte adversaria y resultado de apelaciones, copias de los fallos, etc. La consecuencia es que grandes bufetes de abogados necesitan muchísimos menos profesionales para hacer el estudio de un caso. Es verdad que el robot —en este caso se llama Watson— que provee la información e inclusive plantea una estrategia para encarar el asunto, debe ser alimentado con información y previamente se lo debió programar para almacenar, pensar y para luego acceder a esos conocimientos. Watson debe estar constantemente actualizado, pero la reducción en personal (abogados) en muchos países va a ser importante. Lo mismo es aplicable a varias disciplinas.

En los últimos 250 años han ocurrido grandes transformaciones que resultaron en severos desajustes económicos y sociales, como cuando aparecieron los telares, la máquina a vapor, la electricidad, el teléfono, el motor a combustión, o la computadora, ahora potenciada por Internet, la nube, y más recientemente la inteligencia artificial. Lo que pasa es que la novedad acontece cada vez más rápido. En el mundo hay más seres humanos pero se necesitan menos personas para producir. Antes de la revolución industrial, casi todo el mundo se dedicaba a tres actividades: a trabajar en el campo, a la vía religiosa o a hacer la guerra. Los artesanos como los herreros, los carpinteros o zapateros, representaban un porcentaje pequeño de los habitantes que se mantenían en los mismos números.

Por lo tanto la mutación es profunda y es enorme la responsabilidad de los padres para educar bien a sus hijos. Y grande es el reto de los que nos gobiernan, porque a ellos que buscaron el poder les incumbe encauzar los recursos y la orientación de la sociedad. El país debe crear oportunidades de inversiones ofreciendo seguridad jurídica y una juventud preparada que pueda enfrentar las modificaciones. Estas traen desafíos que pueden resultar en éxito o desempleo y falta de esperanza que luego desemboca en droga, delincuencia o depresión. La buena educación es indispensable, pero cómo se imparte y para qué, es lo primordial.

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