Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

El reloj de la democracia

Según un estudio publicado por una entidad bancaria, España iría a mantener la recuperación de su PBI a tasas saludables, y entre este año y el próximo se podrían crear alrededor de un millón de nuevos empleos. Crecimiento esperanzador pero definido como frágil y vulnerable.

Según un estudio publicado por una entidad bancaria, España iría a mantener la recuperación de su PBI a tasas saludables, y entre este año y el próximo se podrían crear alrededor de un millón de nuevos empleos. Crecimiento esperanzador pero definido como frágil y vulnerable.

Advierte la existencia de una “incertidumbre” que sigue “siendo elevada” y que por tanto no permite descartar una desaceleración.

El informe refiere a que la probabilidad de que aparezcan riesgos internos ha aumentado, cuestión que interpreto: puede ocurrir, si cambia la política económica, la cual podrá cambiar, si las próximas elecciones del 26 de junio deparan un resultado que no permita al Partido Popular mantener el gobierno.

¿Cuál es la incertidumbre elevada que pone a España en riesgo de una desaceleración?

Han transcurrido unos cuantos meses desde las elecciones generales, y como bien decía Lucía Méndez en El Mundo, “la administración del tiempo es la seña de identidad de Mariano Rajoy en su larga carrera política, y la lucha contra el tiempo es la seña de identidad de Pedro Sánchez en su corta carrera política”.

El posicionamiento de ambos líderes ante el transcurso del tiempo, los llevó a uno a guardar silencio, y al otro a tomar el ofrecimiento de investidura de Don Felipe y salir a la carrera para conquistar formal, o informalmente, a dirigentes y adeptos de los nuevos jugadores de la política española, y por tanto a darles un protagonismo en la agenda que aumentó su nivel de exposición. Sánchez puso a andar el reloj de la democracia y este se le volvió en contra.

Sin perjuicio de que la posición de Rajoy es la más acertada y coherente con el accionar de un hombre a quien considero el mejor Presidente del Gobierno desde Adolfo Suárez, la principal consecuencia (directa o indirecta) de los frenéticos movimientos de Sánchez en su lucha contra el reloj no ha sido su fracaso, sino en el ir y venir de estos meses, exponer sin tapujos la verdadera fibra de los chavistas de Podemos que como un Pacman recientemente se han tragado también a Izquierda Unida.

Son estos y no otros los responsables de que la incertidumbre en España sea preocupante.

¿O qué otra lectura podría hacer de su frustrada y abusiva pretensión de obtener la Vicepresidencia acompañada con la guarnición de los ministerios de Economía, Defensa, Educación, Justicia, Interior, y el control de la Radio y Televisión Española?

Es decir, las pesetas, las armas, la cultura, las relaciones entre el gobierno y justicia, la inteligencia, y la difusión de noticias.

¡Nada más se les ocurrió demandar a cambio de su apoyo al cascoteado PSOE!

¿Un pajarito también le habrá dicho a Pablo qué pedir a Pedro?

No. Ni eso. Parece que lo hubiera inspirado Goebbels o algún gerifalte caribeño, con más seso claro que el espíritu parlante que poseyó al pobre gorrión.

Es que tienen más cara que espalda estos fans de Maduro & CO., y vaya si meten miedo con sus ideas colectivistas y de falsa solidaridad impuesta.

España tiene un solo camino para frenar la incertidumbre y seguir por la senda del crecimiento y la seguridad jurídica digna de su historia reciente y de los países más serios de Europa: buscar la moderación, el aplomo, la sensatez y la responsabilidad.

El único líder español que hoy reúne todas las condiciones es el gallego y silencioso Rajoy.

Él salvó a España de ser rescatada por Europa, y con su futuro se juega el de todos los españoles que han construido y afirmado la democracia en los últimos 40 años.

¿Y por casa?

¿Nos sirve de ejemplo el caso español?

Claro que sí.

Uruguay también ha sufrido los delirios de la revolución bolivariana; hemos sido víctimas directas de su voluntarismo petrolero durante los últimos gobiernos.

Hemos pagado las consecuencias del noviazgo de nuestros gobernantes con Venezuela, primero con grandes pérdidas económicas; segundo, con la institucionalidad internacional, que siempre nos caracterizó, vergonzosamente dañada por el affaire Mercosur; y, tercero, por la devaluación de los valores fundamentales que en política deben existir y en la que han caído algunos compatriotas defensores del régimen bolivariano, haciendo la vista gorda aún ante los atropellos a los derechos humanos que han tenido lugar en ese país. También nuestro sistema político ha sido embromado, por lo menos moralmente, en aquellos sectores donde el relativismo campea y mira con buenos ojos el desastre bolivariano que desconoce el principio del imperio de la ley.

A veces parece que también aquí el ser se lleva puesto al deber ser en ámbitos donde no debería ser así.

El nuestro siempre fue un país de institucionalidad, un país de seguridad jurídica, un país de libertad, y a veces parece que todos los días vamos perdiendo un poco de cada una.

Nos acostumbramos a que nos impongan cosas de adentro y de afuera, y ya casi ni levantamos la cabeza.

Que la inclusión financiera, que date tres vueltas a la manzana antes de entrar al garaje por si te están esperando para robarte, que más vale transar un reclamo laboral que seguir el juicio aunque tengas razón (ya seas empleado o empleador), que los paros en la enseñanza, que no a los tratados de libre comercio porque son cosa del diablo, etc.

Todo esto también genera incertidumbre en un Uruguay que ya casi no crece, que no está en Europa, que titubea para insertarse en el mundo, y que tiene un poderoso vecino que ha dejado el lado oscuro y se prepara para despertar de una pesadilla, recibir inversiones y crecer.

Uruguay también necesita un gobierno moderado, aplomado, sensato y responsable, que lo salve de la incertidumbre y lo ponga en el camino del desarrollo y de la convivencia pacífica.

Uruguay tiene un partido que puede dárselo de la forma en que Rajoy se lo ha dado a España.

Un partido que se forjó en función del respeto a la institucionalidad y a la ley, lleno de gente preparada y dispuesta a dar lo mejor de sí para encarar el desafío de volver a ponernos en el mapa. Sin miedos, prejuicios, ni talenteos.

Un partido que tiene un líder con el rumbo tan claro, que incluso ha inspirado a Rajoy a hacer su campaña en positivo, sin ir en contra de nadie, sino a favor de los españoles.

No es menor un reconocimiento así.

El reloj de nuestra democracia también está marchando.

Deberíamos meditarlo.

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