Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

De menos a más

Hubo -y todavía hay- un estilo o escuela de acción política representada por aquellos políticos que describen orgullosamente su función como la de ocuparse de los problemas de la gente.

Hubo -y todavía hay- un estilo o escuela de acción política representada por aquellos políticos que describen orgullosamente su función como la de ocuparse de los problemas de la gente.

Es una manera de ver las cosas que, descontada la buena voluntad y la disposición de servicio, se queda corta porque apunta a una visión algo paternalista. El político es más lo que tiene que ser si se concibe a sí mismo como dedicado a ocuparse de la cosa pública, del rumbo del estado, de los sueños colectivos que empujan la nación hacia delante o los defectos que la frenan.

En este tramo inicial del nuevo gobierno ha ganado lugar en el escenario político el tema del Fondes. Se trata de un fondo creado a partir de las ganancias del Banco de la República (BROU) y que se usa para apalancar emprendimientos o empresas en dificultades. En los hechos este dinero ha ido a parar a algunas empresas que se fundieron del todo y a otras que malviven todavía.

Mujica defendió ardorosamente este instituto y ha dicho poéticamente que el Fondes “es una velita prendida al socialismo”. Vázquez, con menos inspiración poética pero más urgencia práctica, busca ponerle coto.

Ocuparse de un tema como este me parece más propio de un dirigente político. Pero ocuparse del Fondes -y ahora manejo el caso solamente como ejemplo para aclarar los conceptos que siguen- puede hacerse de dos maneras o en dos niveles distintos. No son excluyentes, pero uno tiene mayor alcance que el otro.

En un primer nivel -que es el que se está planteando hasta ahora- el asunto se circunscribe a una investigación sobre eventuales usos imprudentes o indebidos de dineros públicos. Es decir, queda en un caso de corrupción a investigar, y si fuera el caso, corregir. Esto en sí ya es importante. Doblemente importante, no solo por su relación con la probidad administrativa sino por cuanto el partido de gobierno ha instaurado un hábito mafioso de negar toda investigación y control legislativo, dando así pie y fundamento a la sospecha de que efectivamente hay alguna cosa que no quieren que se sepa. El tema corrupción no refiere solamente a la apropiación de los dineros públicos para beneficio personal sino también a la apropiación de los mismos para uso político, para manejo espurio del poder y para el clientelismo.

Pero sería más propio de la función política y legislativa proyectar el tema a una visión de país y a una filosofía de gobierno, porque eso es lo que está detrás. Hay una rica discusión a ser instalada en el ámbito público sobre la función del estado (¿CTI de todo lo agonizante o promotor de iniciativas nuevas?) y sobre la mentalidad de un país y su gente respecto a sus propias posibilidades.

¿Hacia dónde queremos que sean dirigidos los fondos públicos y el esfuerzo nacional: a lo que quiere nacer, a los proyectos nuevos de los ciudadanos emprendedores, o a lo que ya demostró que no tiene futuro y está con una pata en la tumba? ¿Queremos ser un país que quiere nacer o vamos a seguir optando por un país que no quiere morir, que prolonga las agonías, que no sabe secundar la vida que se renueva?

Esta actitud sería hacer política a lo grande, construyendo un camino y un discurso desde lo menos a lo más, desde el episodio a una visión política global y a un proyecto de sociedad, de un Uruguay más vigoroso.

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