Javier García
Javier García

Lo que se debe hacer

En política hay una distancia entre lo que se quiere y lo que se debe hacer. El militante es lo más sagrado, es nuestro compañero de camino, pero si además ese militante ocupa responsabilidades institucionales, de gobierno, aunque sea en el Parlamento, tiene deberes diferentes. Por eso, llegado el caso, lo juzgarán también de diferente forma. Y así debe ser. Cuando se tiene deberes de ese tipo, hay que medir y mirar un poco más allá. Sé el malestar que existe entre muchos de mis compañeros de Partido con la decisión que tomamos en bancada el día de la Asamblea General. Y lo comprendo y respeto. Si yo hubiera estado sin responsabilidades también pediría y exigiría lo mismo. Pero las tengo, y por lo tanto hay un solo camino que es hacer lo que se debe, para mejor interés de mi país y de mi partido, que a ellos nos debemos.

Sendic renunció porque hace un año y medio el Partido Nacional y la oposición le arrancaron al FA una investigadora por Ancap que terminó con 20 denuncias penales. Luego vino el despeñadero al que contribuyó el protagonista con particular esmero. El FA entero lo defendió con uñas y dientes. El famoso Tribunal de Conducta Política refrendó lo que decía la oposición y los periodistas. No tenía opción. A no comernos la pastilla. ¿O habría informe de ese Tribunal si antes no hubieran existido las denuncias opositoras y un clima generalizado de rechazo al vice? El Tribunal fue consecuencia de la acción opositora, no la causa.

Ahora el FA quiere instalar que lo sacaron ellos mismos, de puros éticos. Por Dios, si lo encubrieron y aplaudieron hasta el final, el mismo sábado salió bajo palio del Plenario. No le soltaron la mano, se lo arrancaron de la mano. Esta es la verdad, lo otro es el relato frentista.

Dos días antes se repitieron hasta el cansancio declaraciones de todos los partidos políticos, en el nuestro de los principales líderes y del propio Directorio. No es justo ni verdadero decir que callamos. Un año y medio de denuncias, investigadoras y Juzgado de Crimen Organizado no son pruebas de silencios. Sostener eso, con el mayor de los respetos, no es verdad. ¿Agregaba algo a todo el trabajo de un año y medio previo un debate seguramente polémico en la Asamblea General?

Se dice que la renuncia no era por motivos personales, y obvio, qué noticia es, y ¿entonces era mejor no aceptarla, no votarla?

Nuestro Partido tiene un deber, el principal, ganar la próxima elección. No es solo abrazarnos a los militantes adentro de un comité, refrescarnos en la historia rica que tenemos y gritar nuestros afectos. Tenemos larga experiencia en sacarnos las ganas, aplaudir discursos en las sedes partidarias y después perder elecciones. Tenemos que ser responsables, cuidar la institucionalidad y consolidar la imagen de un partido que habla a todos los uruguayos y no solo a nuestros compañeros. Ellos son lo mejor que tenemos, pero hay que pensar en los que no entran a los comités partidarios, son ellos los que terminan definiendo y piden que el país entre en un cauce de normalidad institucional.

Nuestros compañeros, que son lo más querido, comprenderán que hacer lo contrario sería entrar en lo que le convenía justamente a los acusados de corrupción. Hay silencios que otorgan, sin duda, y hay otros que son un aporte a la tranquilidad de un país que queremos mucho y queremos gobernar. Y por eso lo cuidamos tanto.

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