Hugo Burel
Hugo Burel

Utopía para realistas

John Maynard Keynes dijo una vez que la dificultad no estriba en las ideas nuevas, sino en escapar de las viejas.

Y esa dificultad —que en Uruguay se plantea de manera dramática todos los días— impide abordar los nuevos problemas de la sociedad con herramientas audaces e innovadoras. Desde este presupuesto, descubrir Utopía para realistas del joven autor belga Rutger Bregman, me pareció una de las experiencias lectoras más gratificantes en lo que va del año. Tras el atractivo título —en una época en que la palabra "utopía" muchos la repiten como un mantra— el enunciado de "a favor de la renta básica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras" plantea todo un desafío para el lector. Compré el libro y de inmediato me sumergí en el porqué su propuesta es provocadora y llena de temas urgentes, lo que un buen ensayo debe ofrecer. Por suerte, Bregman no me defraudó porque, más allá que las tres propuestas centrales de la obra ya han sido planteadas y difundidas por otros autores —inclusive alguna ya fue comentada en estas páginas—, este ensayo patea tableros mentales y formas de pensar anticuadas para traer, al menos en el papel, una visión nueva y audaz para viejos problemas y encarar desafíos actuales —que a los gobiernos se le están yendo de las manos— con una mirada diferente.

La nueva economía virtual, sumada a la progresiva sustitución del trabajo humano por robots y computadoras, ha generado también un incremento de la desigualdad de tal dimensión que puede llegar a ser inmanejable. La distribución del trabajo y la acumulación de la riqueza se ha distorsionado. La incertidumbre y el desconcierto se instalan en la gente y los políticos no ofrecen una respuesta racional. Algunos apelan a las emociones más primarias, en especial si son populistas. El autor afirma que "no la ofrecen porque no la tienen, y no la tienen, sencillamente, porque no son capaces de imaginar un sistema diferente. Uno de los problemas centrales que padece el país es la dificultad del sistema político —en especial del gobierno— para imaginar y poner en práctica respuestas racionales a desafíos que ya no pasan por la ideología, sino que exigen ideas nuevas, voluntad, honestidad intelectual y sinceridad para resolverlos. Bregman afirma que la vanguardia de ayer es el sentido común de hoy.

Al caracterizar al socialismo, define al actual como "socialismo perdedor". Para este espacio político, su visión del mundo se basa en que los neoliberales se han adueñado de la razón, el juicio y la estadística, y a la izquierda solo le queda la emoción. Contener y restringir a la oposición es la única misión que moviliza al socialismo según Bregman. El autor le recomienda dejar de regodearse en su superioridad moral y sus ideas trasnochadas. El filósofo Zygmunt Bauman —fallecido en enero de este año— afirmó que el libro es brillante y de lectura obligatoria para quienes se preocupan por las injusticias de la sociedad actual y quieren contribuir a remediarlas. Rutger Bregman no propone recetas milagrosas ni fórmulas magistrales. Reconoce las dificultades que entraña un cambio profundo del modelo social, y está convencido de que éste no surgirá de un genio solitario ni de ningún grupo de iluminados, sino del arraigo en la consciencia colectiva de que otro modelo es posible y beneficioso para todos.

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