BRASIL

Temer y Rousseff otra vez juntos, pero como acusados

Se abre hoy el juicio por el financiamiento de la campaña 2014.

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Rousseff-Temer, una alianza que terminó en 2016. Foto: AFP

Brasil se prepara para un nuevo capítulo de su convulsionada vida política, que comenzará hoy martes, cuando la Justicia electoral empiece a juzgar supuestas irregularidades en el financiamiento de la campaña en 2014 que llevó al poder a la fórmula Dilma Rousseff-Michel Temer.

En manos de siete miembros del Tribunal Superior Electoral estará la decisión que puede anular la victoria en las urnas, lo que supondría que Brasil volvería a perder a un presidente, ahora Michel Temer, tras la destitución de Rousseff en agosto pasado.

La corte analizará denuncias referidas a supuestas "donaciones" recibidas para la campaña electoral, que habrían tenido como origen la red de corrupción que operó en Petrobras y que involucra al grupo Odebrecht.

Por paradojas de la política y los propios tiempos que corren en Brasil, la denuncia fue formulada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), cuyo candidato presidencial Aécio Neves perdió las elecciones de 2014 por escasos tres puntos porcentuales.

A inicios de 2015, cuando se dirigió al tribunal electoral, el PSDB no imaginaba que Rousseff sería destituida poco más de un año después y que Temer lo llevaría al actual gobierno, en el que hoy es una pieza clave para darle mayoría en el Congreso.

El expresidente Fernando Henrique Cardoso, histórico líder del PSDB, alertó ayer de que una eventual destitución de Temer solo traería "más confusión" al país. "No sé si es peor la enmienda que el soneto", declaró a la radio CBN.

Si Temer cae, el Congreso deberá elegir quien gobernará hasta el 1° de enero de 2019.

Temer y Rousseff se defienden por separado pero coinciden en negar irregularidades financieras en la campaña y exigen que el juicio sea anulado por faltas de pruebas.

En el caso de Temer, la defensa también demanda, si es que el proceso continúa, que las cuentas de uno y otro sean juzgadas en forma separada, pues sostiene que cada uno se ocupó de su propia recaudación y que en el caso del actual mandatario no hubo fraudes.

En los entornos de Temer y Rousseff también se confía en el tiempo y en la tradicional lentitud de la justicia brasileña, que podría prolongar el proceso durante más de un año. En la primera de las cuatro audiencias que se celebrarán esta semana se espera que la corte decida sobre las diversas demandas presentadas por las defensas, para luego escuchar al instructor del caso, Herman Benjamin.

A partir de ese momento, cada uno de los otros seis magistrados deberá exponer su opinión, aunque en medios jurídicos se prevé que alguno de ellos pedirá suspender el juicio a fin de estudiar mejor las acusaciones, lo cual alargaría los lapsos procesales.

Esa práctica es común en la justicia brasileña y se cree que será usada en este caso, sobre todo porque el informe que presentará el instructor tiene poco más de 1.000 páginas y estará acompañado por cerca de 10.000 documentos.

Si así fuera, el juicio se suspendería por tiempo indefinido y solo sería dictada sentencia a su conclusión.

Aún así, el tiempo seguiría jugando a favor de Temer, quien podría apelar un posible fallo condenatorio primero ante la propia justicia electoral y luego frente a la Corte Suprema, que también es conocida por su celo burocrático y su lentitud.

Mientras las apelaciones estén en curso, Temer seguiría en el poder.

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