DESTRUCCIÓN Y MUERTE: LABOR DESESPERADA

Esperanza declina, pero no la acción para salvar niños

Mueren 21 niños al desmoronarse escuela y buscan a decenas entre ruinas.

La escena desoladora en la escuela Enrique Rebsamen, donde murieron 21 niños. Foto: AFP
La escena desoladora en la escuela Enrique Rebsamen, donde murieron 21 niños. Foto: AFP

Hay algo que une al mexicano más que sus alegrías; sus desgracias. Es ahí donde se une, organiza y responde como un titán bien entrenado. Nada más terminar de temblar la tierra, una legión de voluntarios y espontáneos tomaron las calles para ayudar. Con picos, palas, sierras, guantes, cascos, agua…Lo que fuera.

No dio tiempo a recuperar el aliento, cuando comenzaron a organizarse: uno atravesó el coche en la calle para cortar la circulación, otro logró una cinta, otro más acordonó el lugar. Los que podían, movían piedras, cargaban cubetas o trepaban sobre los escombros buscando alguna un voz, un grito, algo que indicara que había vida sepultada como en el colegio de la calle Zacatecas.

Adriana se muerde los labios de angustia: su hija de siete años estaba perdida ayer miércoles bajo los escombros de su escuela derrumbada durante el terremoto. Al menos 21 niños murieron aplastados en este lugar y los desaparecidos suman 30. "No hay poder humano que pueda imaginar el dolor que estoy pasando", señaló en la madrugada a AFP, Adriana Fargo, en un albergue improvisado a la intemperie, mientras espera noticias de su hija desaparecida bajo las ruinas de la escuela Enirque Rebsamen, situada al sur de Ciudad de México.

Pero, en medio de la tortuosa incertidumbre de madres como Fargo, una esperanza se ha erigido poderosa entre las ruinas del edificio escolar. Los rescatistas lograron ubicar a una niña viva bajo los escombros del edificio colapsado.

Se pide silencio y quietud absoluta mientras un escaner térmico es introducido por una grieta de 45 centímetros de diámetro desde donde se logró tener contacto con la pequeña.

Angustia.

"Estamos muy, muy cerca de personas que podrían estar vivas. Estamos trabajando junto con cámaras térmicas y unidades caninas. Por momentos, guardamos silencio absoluto para escuchar a los sobrevivientes. Ellos suelen gritar o golpear paredes", dijo a AFP, Pamela Díaz, una panadera de 34 años que desde el martes ayuda en el rescate. Mientras esperan un milagro, los vecinos se acercan para conseguir más información del operativo de rescate. "Yo conté cinco cadáveres que sacaron de la escuela", indicó Flor González, una dentista de 42 años, que pasó la noche como voluntaria en la zona. "Vi cuando avisaron a uno de los padres... fue devastador", dijo con los ojos llorosos.

Fargo, en tanto, permanece sentada en una silla con los puños apretados y la mirada fija en el suelo. No alcanzó a pronunciar el nombre de su hija cuando se le preguntó por quién espera y solo logra apretar los labios para contener el llanto.

Mientras, su esposo trabajaba hombro con hombro con los cientos de soldados, bomberos y rescatistas que, en la oscuridad de la madrugada, removían escombros en busca de señales de vida de los pequeños, en un esfuerzo que no admite pausa.

Con picos, palas e incluso a mano limpia, estos hombres —que llevan más de 24 horas sin dormir y mal comer— no escatiman esfuerzos en la angustiante carrera contrarreloj para encontrar con vida a los niños que continúan desaparecidos.

"¡Silencio por favor! No caminen, no respiren, que tratamos de escuchar las voces", clamaba desde el altavoz un policía, mientras un séquito de voluntarios, protegidos por cascos con linternas, llevan largas vigas de madera para sostener los techos a punto de derrumbarse.

Hasta el cierre de esta información, al menos once niños y una maestra han sido rescatados con vida, pero 26 personas fueron retiradas fallecidas, 21 de las cuales menores, según el oficial José Luis Vergara, coordinador del rescate.

Frente al edificio de la escuela que quedó reducida a escombros, dos personas sentadas a una mesa con una computadora hacían las veces de "centro de control" improvisado para llevar la lista de los niños muertos, rescatados y desaparecidos.

CUATRO CONSECUENCIAS DEL DESASTRE.

1 - Aparececen 2 uruguayas.

La Embajada de Uruguay en México localizó a las dos uruguayas extraviadas después del terremoto. "El saldo es positivo, no tenemos que lamentar físicamente compatriotas que se hayan visto damnificados por el sismo, pero sí alguna pérdida material", dijo el embajador de Uruguay, Jorge Alberto Delgado, a Radio Uruguay. Agregó que felizmente recibieron información a través de familiares en Uruguay que confirman que las dos uruguayas se encuentran bien.

2 - Once muertos en bautismo.

Once personas fallecieron en el interior de una iglesia en el estado de Puebla, donde se celebraba un butismo. La Arquidiócesis de Puebla confirmó los fallecimientos, entre ellos de cuatro menores, incluido el bebé que era bautizado en el Templo Santiago Apóstol, del siglo XVII, que colapsó. El pa´rroco y el sacristán pudieron salir ilesos del derrumbe. El municipio de Atzala es una de las zonas más afectadas y las autoridades hacen un relevamiento de los daños.

3 - Luis Suárez se solidariza.

Estrellas del fútbol mundial como Luis Suárez, Cristiano Ronaldo y Neymar, así como deportistas de máximo nivel como el piloto Fernando Alonso, enviaron mensajes de solidaridad a los mexicanos. "Fuerza México", expresó Suárez, en tanto Neymar pidió orar por México, en un mensaje con la bandera mexicana de fondo. A su vez, Cristiano Ronaldo escribió: "Un abrazo muy fuerte y solidario para México". Alonso envió "un abrazo grande y fuerza".

4 - Clubes piden donaciones.

Los 18 equipos de la Primera División y los 16 de la Liga de Ascenso del fútbol mexicano habilitaron sus estadios como centros para la recepción de ayuda para los damnificados. Los clubes, jugadores y exjugadores llamaron a la sociedad a hacer las donaciones "Necesitamos material de primeros auxilios y herramientas, México nos necesita y estamos todos juntos", expresó el uruguayo Gerardo Alcoba, defensa de los Pumas en un vídeo.

DOS HISTORIAS.

Una ilusión quebrada y el shock de la realidad.

Gustavo López reconoció primero las ropas del niño. Su pequeño cuerpo estaba entre los pedazos que quedaron del edificio escolar.

El hombre permaneció sentado durante horas en estado de shock, intentando en silencio reunir fuerzas para apoyar a su hija de nueve años, que había logrado escapar de la escuela sin sufrir lesiones. Pensaba cómo decirle que su hermano menor, también de nombre Gustavo, había muerto. López esperó a su primo, Mauricio, que adoraba al niño y con frecuencia lo acompañaba a paseos en bicicleta y al cine. Cuando Mauricio llegó algunas horas después, rescatistas, personal médico, voluntarios y familiares luchaban por desenterrar a alumnos atrapados en la ruinas. "No puedo resistir", gritó Mauricio al tener conocimiento de la muerte del niño.

Gritos de angustia como el de Mauricio se sucedieron durante la noche.

"Ver a un padre llevar a su propio bebé muerto es algo que nunca podré olvidar", dijo Elena Villaseñor, una voluntaria cuya casa presenta grandes daños. Tenía varias hojas con los nombres de los niños escritos en letras de gran tamaño para que los padres pudieran verlos desde la distancia. Su propia hija estaba a salvo, porque concurre a otra escuela que no se desmoronó. Pero, Elena no podía permanecer sin actuar mientras otros sufren, por lo que decidió ir a la escuela Enrique Rebsamen a prestar ayuda.

Después de buscar durante horas en las ruinas, Florentino Rodríguez tuvo un inesperado rayo de esperanza: José Eduardo Rodríguez, su nieto de 9 años, supuestamente estaba bien. Un integrante de los equipos de asistencia médico le dijo que habían llevado al chico a un hospital. Pero, después de horas de búsqueda, Rodríguez no encontró ningún indicio del niño. Retornó a la escuela y una enfermera lo tomó de las manos y le dijo que la información era errónea y José seguía atrapado en el edificio. "Por favor, no me diga eso", gritó Rodríguez. "¡Me dijeron que estaba a salvo! Festejamos su cumpleaños el domingo".

THE NEW YORK TIMES.

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