ESCÁNDALO EN ARGENTINA

Creían que López llevó comestibles y no dólares

Dos monjas declararon que supieron del dinero del exfuncionario K por la policía.

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El traslado de José López, el pasado martes. Foto: AFP.

Dos monjas que viven en el convento de la provincia de Buenos Aires donde el exsecretario de Obras Públicas José López fue detenido el pasado 14 de junio cuando intentaba esconder bolsas con 8,9 millones de dólares, prestaron declaración sobre el caso ante la Justicia.

Las religiosas María Antonia Casas y Marcela Albín se presentaron el viernes en los tribunales federales de Buenos Aires para declarar ante el magistrado Daniel Rafecas, quien ordenó que fueran escoltadas y que se blindara el piso.

López, que trabajó como secretario de Obras Públicas durante los Gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015), fue detenido en la madrugada del 14 de junio cuando trataba de dejar el dinero y otros objetos de valor en el monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima, de la localidad bonaerense de General Rodríguez, mientras portaba un fusil calibre 22.

El exfuncionario fue procesado por "enriquecimiento ilícito" y permanece detenido en la cárcel de la localidad bonaerense de Ezeiza.

Aunque en su primer encuentro con Rafecas se negó a declarar, su abogado Fernando García señaló este jueves que en su próxima cita, el 5 de agosto, "algo va a decir".

Por estos hechos, el magistrado también citó el pasado 14 de julio a declaración, en este caso como investigados, a la monja Inés Aparicio —después de que se difundiera un video que muestra cómo supuestamente ayudó a López a guardar las bolsas— así como a la esposa del exsecretario y a dos empresarios que el fiscal Federico Delgado considera posibles "testaferros" del detenido.

Testimonio.

En relación con la declaración de las monjas, La Nación informó que las dos confirmaron que la visita de López no fue sorpresa y que la madre superiora les había avisado que iba a ir, pero que lo esperaban más temprano. También coincidieron en que solo se enteraron de que López tenía un arma y millones de dólares después de la llegada de la policía bonaerense.

"(Alba) me dijo que llamó José y que iba a venir", relató la hermana Marcela a Rafecas. "José" o "Señor José" era la forma que llamaban a López. Según la hermana Marcela, de 38 años, el aviso se lo dio Alba Días de España (la madre Alba) cerca de las 20, cuando Marcela fue a su habitación "a colocarle el oxígeno". La madre Alba tiene 95 años y no se puede levantar de la cama. Según las dos monjas, ellas no sabían nada más.

El fiscal Delgado, cree que la madre Alba encubrió a López, pero Rafecas piensa que por su salud no puede enfrentar un proceso. El juez pidió que peritos del Cuerpo Médico Forense fueran a revisarla.

El 13 de junio, después de horas esperando a López, las hermanas pensaron que ya no iba a llegar. Cerca de las 4:00 horas, Marcela despertó a la madre superiora y le contó que habían tocado el timbre. Las dos se asomaron y vieron por la ventana a López. Inés le abrió la puerta y lo ayudó a entrar los bolsos que cargaba. "Como creímos que eran comestibles, Inés le pidió a José que los llevara a la cocina", sostuvo Marcela. Después López se reunió con la madre superiora.

ANTE EL JUEZ.

"Pensó que José era un hombre bueno".

Las religiosas que estaban en el convento esa noche eran cuatro. Por un lado, las hermanas Marcela y María que tienen mínimo contacto con el mundo exterior. Por el otro, la madre Alba y Celia Inés Aparicio (la hermana Inés), no son de clausura.

Las hermanas María y Marcela —que declararon por separado ante el juez— coincidieron en que las visitas nocturnas no eran comunes y en que López visitaba el convento dos o tres veces al año con su mujer. La hermana María, además, detalló que nunca supo a qué se dedicaba y negó haber visto en el monasterio a otras personas conocidas, como los ex ministros Julio De Vido o Alicia Kirchner (le pregunataron puntualmente por ellos).

Fue la hermana Marcela quien escuchó que la policía tocaba el portero eléctrico. Como no tenía autorización para atender fue a despertar a la hermana María, que oficia de portera. Ella atendió, pidió que la esperaran un momento y le avisó a la madre superiora, que les dijo que abrieran y que López ya se iba."Ella pensaba que José era un hombre bueno y no cayó en lo que realmente sucedió", dijo Marcela en defensa de Alba.

Ayer, quedó claro que, como "superiora", era responsable de lo que pasaba en el convento y que a pesar de su enfermedad, controlaba la situación. Su futuro depende ahora del examen médico. LA NACIÓN/GDA

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