La Facultad de Ciencias rompe el hielo

Uruguayos que disfrutan del gélido verano en la Antártida

Estudiantes y docentes universitarios viajarán a la Base Artigas y montarán 4 laboratorios.

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El deshielo permite que los científicos estudien las adaptación de la vida al frío.

Cuando el verano llega a la Antártida, la temperatura máxima puede ascender a 5° C, mientras la media mensual es de 3° C. Para quienes residen en la Base Artigas todo el año eso influye en el ánimo y la tolerancia al frío, al punto que algunos salen a pasear con remera de manga corta, después de haber vivido un invierno con una media mensual de -10° C y días de julio con sensaciones térmicas de -54° C.

Los científicos uruguayos que desde Montevideo se trasladarán hacia aquellas tierras el próximo 16 de enero deberán —en cambio— partir con ropas invernales. El buen abrigo es inevitable porque además la sensación térmica puede disminuir 20° C en menos de media hora, debido a las ventiscas o blizzards.

Con esas precauciones en materia de indumentaria, veinte jóvenes estudiantes de la Facultad de Ciencias, la mayoría mujeres, junto a siete docentes encabezados por el decano Juan Cristina, viajarán en el avión Hércules C130 de la Fuerza Aérea para cumplir una misión organizada junto al Instituto Antártico del Uruguay.

Sin hielo.

La denominada Escuela de Verano tiene por objetivo promover que estudiantes universitarios tengan un primer acercamiento a la investigación científica antártica en diferentes áreas del conocimiento.

La estación estival es la época más apropiada para dar curso a tales actividades en la Antártida, en la medida que casi a diario es posible hacer salidas de campo y se han descongelado los lagos, hecho que da lugar a modificaciones notables en la comunidad viral, uno de los temas de estudio.

La importancia del trabajo a realizar en la costa y cañadas pequeñas deriva de la posibilidad de reconocer también si a raíz del cambio climático hay bioinvasores o especies no descriptas antes, que extienden su hábitab y pueden afectar la cadena trófica o alimentaria.La Antártida, Uruguay en la Antártida, Facultad de Ciencias en la Antártida.

El decano Juan Cristina destacó a El País que la Antártida es el único lugar de la Tierra en donde el verano permite acercarse a desentrañar una historia de millones de años y una evolución que afecta a la región sudamericana.

El 2015, por ejemplo, ha sido el año más caliente del planeta desde que se tienen registros. Por el aumento de las temperaturas y del anhídrido carbónico en la atmósfera, el océano Atlántico está creciendo quince milímetros al año. De mantenerse el proceso, se especula que en el 2100 podría no haber más hielo en la Antártida.

Toda el agua dulce más el reservorio de los grandes lagos, al volcarse hacia el océano, terminarán cambiando la salinidad, la temperatura y la altitud de las aguas del Atlántico Sur, lo cual afectará a la fauna marina y a las poblaciones humanas que residen cerca de las costas.

"No podemos dejar de pensar que esas cosas van a afectar al país. Estudiar qué pasa en los lagos, en el glaciar Collins, permitirá crear modelos para anticiparse al clima que se viene. La Escuela Antártica de la Facultad de Ciencias es una de las pocas que hay para estudiantes universitarios de grado en todo el concierto mundial del Tratado Antártico", dijo a El País el decano Juan Cristina.

El sol y el sueño.

En la estadía de doce jornadas serán analizados asimismo los ritmos circadianos humanos, o sea el reloj biológico desafiado por las condiciones ambientales de la Antártida, que en verano tiene dieciséis horas de luz solar y una noche muy corta.

"Hay enfermedades psiquiátricas o psicológicas que están asociadas con la alteración del sueño; en esas latitudes es que se estudian tales fenómenos fisiólogicos que ocurren en el cerebro", comentó Cristina.

Jabones y alimentos.

Los expertos explican que las condiciones climáticas de la Antártida representan un desafío para el desarrollo de la vida, y los microorganismos son un excelente modelo para estudiar los mecanismos bioquímicos y fisiológicos de adaptación al frío. Además, son una fuente de material genético para el descubrimiento de moléculas con potenciales aplicaciones tecnológicas.

"La biodiversidad que encontramos en la Antártida es mucho mayor de lo que habíamos esperado. Se puede obtener todo tipo de moléculas, que funcionan a baja temperatura, lo cual tiene importancia del punto de vista industrial", explicó el decano de Ciencias.

Al hallar microorganismos y realizar el análisis de su potencial para producir una molécula capaz de digerir lípidos y grasas a bajas temperaturas, se podrá hacer un aporte a la producción de detergentes.

Por otro lado, analizando las bacterias es viable entender en profundidad los procesos para conservar mejor los alimentos en cámaras frigoríficas.

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