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Matilda, mucho más que un musical de teatro

Con cinco funciones a sala llena en el Teatro Movie, el Ivy Thomas presentó Matilda The Musical, basada en la popular novela de Roald Dahl

Ivy Thomas Matilda
Fueron cinco funciones en cinco días, con más de 3.000 espectadores. 

Tras la última escena, el telón del Teatro Movie se levanta y el elenco de Matilda, The Musical se acerca al público para recibir una merecida ovación. Fueron cinco funciones en cinco días, con más de 3.000 espectadores, en las que alumnos, ex alumnos y padres del Ivy Thomas actuaron, cantaron y bailaron en un espectáculo para recordar.

Desde hace seis años, los musicales en inglés son una tradición en el Ivy Thomas, que combinan la expresión artística con la formación bilingüe que caracteriza a la institución. El primer musical se realizó en 2012, y la obra elegida fue Across The Universe. A ésta la sucedieron Grease, Fame, Mamma Mía y The Lion King. Este año fue el turno de Matilda, basada en la novela del escritor galés Roald Dahl, que narra las aventuras de una niña superdotada que busca su lugar en el mundo, pese a una familia y una escuela poco sensibles a su inteligencia.

Raúl Zanella, productor de la obra y coordinador general de Secundaria del Ivy Thomas explica que el colegio apunta a los musicales, porque implican una formación artística completa para los alumnos.

“Todo el proceso de realizar una obra, aprender un papel, trabajar en equipo y superar los nervios es una instancia que ayuda a los niños a crecer. Desde el colegio estamos convencidos de que la actividad artística te hace una persona más completa, más empática, capaz de ponerte en el lugar del otro”, dice Zanella.

Según Cecilia Ivanier, una de las tres directoras de la obra junto a Mariana Torres y Valentina Borrás, se presentaron unos 80 niños a las pruebas de actuación, canto y danza, y el objetivo fue que todos tuvieran alguna participación. Los ensayos empezaron en abril, con dos encuentros por semana, y a partir de junio se agregó un tercer ensayo los domingos.

Para Ivanier, más allá del producto final, lo importante del musical es el crecimiento personal que experimentan los niños, que a través del teatro adquieren confianza, superan su timidez y se acostumbran a hablar en público. También destaca el valor intergeneracional del proyecto, que generó un vínculo especial entre alumnos de todas las edades.

Para la directora musical Graciela Gutiérrez, una de las claves fue el mix entre el coro de padres y el de niños, que implicó una preparación especial. Al igual que Ivanier, Gutiérrez destaca el efecto que tiene el arte en los chicos: “Me ha tocado trabajar con niños con dificultades en el área académica, pero que en mi clase tienen un potencial impresionante, con una creatividad que no pueden desplegar en un cuaderno. He visto niños con dificultad para relacionarse que de repente tienen un papel en el musical y pasan a ser otros. Para mí es un complemento fabuloso”.

Unas 150 personas actuaron en la obra entre actores, bailarines, coros y técnicos 
Desde hace seis años, los musicales en inglés son una tradición en el Ivy Thomas.

En el mismo sentido se refirió Juan Manuel Sosa, integrante del coro de padres, quien destacó que Matilda convirtió al colegio en una especie de academia musical por las tardes, con actores ensayando en las aulas, el coro en la biblioteca y los bailarines en el gimnasio. Su caso es bastante particular ya que él, su mujer y su hijo formaron parte de los coros.

“Mi consejo a los padres es que se animen y se sumen. Cantar es terapéutico, y si encima lo hacés en familia, es una experiencia inolvidable. No se necesitan grandes virtudes, solo un poco de oído y buena onda”, dice.

Protagonistas
​Una de las dificultades que enfrentan las obras de colegios es acercar a los varones, más reacios a participar de las actividades de perfil artístico. Para Bautista Gil, alumno del Ivy y Mr. Wormwood —el padre de Matilda— en la obra, el prejuicio de los hombres frente a la actuación existe, y es algo a trabajar a nivel cultural, pero en su caso no le importó mucho.

“Tercero de liceo fue un año complicado para mí, y los ensayos funcionaron como una vía de escape. Eran como mi espacio de recreación. Ensayamos mucho para la obra, y ese esfuerzo se traduce en una sensación mágica en el escenario. Actuar te permite salir de tu vida, y jugar con las características del personaje, y eso es lo más divertido que hay”, afirmó.

Con 18 años, Pía Zanella es ex alumna del Ivy y una de las actrices con más experiencia del elenco. Participa desde la primer obra, y en esta ocasión se lució como Zinnia Wormwood, la superficial madre de Matilda. Zanella asegura que el proceso de los musicales fue vital para romper con la vergüenza y descubrir su vocación.

“Me acuerdo que en el primer musical sólo bailé. Cantar y actuar era lo peor que me podía pasar. Hoy lo disfruto a un nivel increíble, y transmitir eso a los más chicos es importante. Este año llegaron a actuar niños de ocho años, y ver cómo van creciendo y disfrutando de la actuación es muy gratificante”, dice.

Por este proceso pasó Sofía Ingold, una de las dos Matilda del elenco, que con tan solo once años no tuvo ningún reparo en cantar y bailar ante más de 600 personas. Ingold recuerda que, cuando se anunciaron las audiciones, muchos le aconsejaron que no se presentara al papel principal, porque sexto de primaria es un año demandante y le iba a ser difícil compatibilizar el teatro con el estudio. Pero las ganas pudieron más.

“Lo que más valoro es el apoyo que recibí, tanto de los directores como del elenco. Con Matilda aprendí muchas cosas, a superar mis miedos y a dejar la timidez de lado. Cuando terminó la obra nos abrazamos entre todos y festejamos. Y si bien por un lado estaba re feliz, por otro estaba medio triste, porque se terminó el trabajo de todo un año. A todos aquellos que quieren participar del musical les digo que se animen. Si te lo proponés, lo podés lograr”, concluye.

Una producción profesional

Matilda, The Musical implicó un enorme esfuerzo de producción por parte del Ivy Thomas. Más de 150 personas participaron de la obra, entre actores, bailarines, coros de niños y de padres, músicos y técnicos profesionales en vestuario, sonido e iluminación, que llevaron adelante un espectáculo de primer nivel. La escenografía incluyó una enorme reja y hamacas colgando del escenario, que requirieron la ayuda de montajistas del Sodre. Incluso se contrató un mago, con el objetivo de reproducir en el escenario los poderes telequinéticos de la protagonista.

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