UNA HISTORIA DE NEGOCIOS Y PASIONES

El inglés que montó su imperio en Montevideo

La escritora Mercedes Vigil rescató del olvido la historia de Samuel Lafone, un hombre de palabra.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Samuel Lafone fundó el Templo Inglés en 1845. Foto: F. Flores

Montevideo fue el destino obligado de Samuel Lafone. Nacido en Liverpool dentro de una familia acomodada, siendo muy joven resolvió probar suerte en América.

De fe protestante, se casó en secreto por ese rito con la hija de un comerciante católico de Buenos Aires. Fue expulsado de Argentina en el año 1832 y recaló en la costa uruguaya donde construyó un verdadero imperio comercial que hizo época.

La exitosa escritora Mercedes Vigil retoma la historia en su último trabajo: "Palabra de inglés, la vida de Samuel Lafone". El libro fue presentado en Buenos Aires por la diputada Lilita Carrió y en Punta del Este con la presencia del escritor Guillermo Lopetegui y de Jackie Campomar Lafone, una de las descendientes del empresario.

Masón y calvinista, chocó con las estructuras católicas más conservadoras de su época y se hizo millonario con el negocio del cuero, la grasa y la lana. También se metió en el mundo de la minería en la provincia argentina de Catamarca.

Su industria y el varadero estaban en el lugar que en la actualidad ocupa la refinería de Ancap. Allí tenía un saladero y una curtiembre de grandes dimensiones. El negocio tuvo su etapa de esplendor después de la Guerra Grande (1839-1851).

También se dedicó a traer emigrantes europeos. Para ello adquirió tierras y las fraccionó en diversas zonas del país. Además, apostó a los negocios financieros llegando a fundar varias entidades bancarias en base a su actividad productiva.

En el año 1842 montó un pueblo para que vivieran algunos de sus empleados. Le llamó Victoria en honor a la reina británica. Instaló 300 casas con techos de tejas al estilo inglés. Así nació el barrio de La Teja.

Para Vigil, Lafone fue un adelantado. Muestra de ello es que todos sus empleados trabajaban ocho horas por día y gozaban del descanso dominical, un siglo antes que Uruguay legislara al respecto.

En un primer momento el inglés aprovechó un pacto entre el caudillo argentino Juan Manuel de Rosas y la corona británica por el que las mercaderías no pagaban impuestos y era un gran negocio enviar materia prima y comprar productos manufacturados dentro del Reino Unido.

Por otro lado, Lafone tenía una elevado nivel de cumplimiento en los acuerdos comerciales, algo que lo diferenciaba de sus competidores extranjeros, según explicó la escritora. De esa forma se generó el concepto de "palabra de inglés" que generó el título del libro.

En determinado momento Samuel y Alexander Lafone adquirieron la península de Punta del Este, la Isla Gorriti y obtuvieron el permiso para la explotación peletera en la Isla de Lobos. Teniendo en cuenta que en ese tiempo esa zona era un conjunto de dunas, los empresarios trajeron dromedarios para transportar las pieles.

Además, la corona les había concedido la explotación de las islas Falkland o Malvinas.

"Su sueño era encontrar un pedazo de país virgen, que no estuviera tan viciado como Europa, que le permitiera formar una nación donde los cultos religiosos fueran motivo de orgullo y no de persecución. Lo hizo", explicó Vigil.

En Montevideo se peleó con el sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga. El ya poderoso empresario Lafone inauguró el Templo Inglés dando tres golpes, "una señal masónica", según indicó Vigil.

El nuevo templo tenía un natural objetivo religioso y también académico. El empresario hizo decenas de centros educativos a lo largo de toda su vida.

"La Iglesia Católica comenzó a sentir el efecto de aquella avanzada de masones liberales que ponía en riesgo su monopolio", según la escritora.

Amigo personal de Fructuoso Rivera, vivió el sitio de Montevideo desde adentro. Para mantener el bastión montevideano fue necesario hipotecar el puerto, las bóvedas y hasta la Plaza Matriz.

Lafone fue uno de los principales prestamistas de la Defensa junto al también empresario Juan María Pérez, un criollo de segunda generación. Tras el conflicto, Pérez cobró todas las deudas pero el inglés resolvió no ejecutar aquellas hipotecas de guerra por lo que atravesó serios problemas financieros.

"Prefirió que el gobierno se repusiera de todo aquello y saliera adelante. Creo que se enamoró del Uruguay", dijo Vigil.

Olvido.

Son pocos los espacios físicos en que Montevideo recuerda al poderos empresario inglés. Uno de ellos, la Plaza Lafone en el corazón de La Teja, no tiene cartelería que explique su nombre, según se puede apreciar. En algún momento algunos dirigentes políticos plantearon sin éxito cambiarle el nombre. Tampoco hay señales de la presencia de Lafone en el exterior del Templo Inglés.

Hoguera con Biblias en la Plaza Matriz.

Una vez se quemaron miles de ejemplares de la Biblia en la Plaza Matriz de Montevideo. El duro enfrentamiento entre católicos y protestantes tuvo un momento memorable en la capital uruguaya. El empresario protestante Samuel Lafone se había emocionado con la historia de una jovencita inglesa que caminaba muchos kilómetros cada domingo para poder leer algunos pasajes bíblicos. El empresario resolvió importar Biblias traducidas al español para distribuirlas en el país, algo que era especialmente prohibido por la Iglesia Católica de entonces que mantenía la tradición de leer el texto sagrado en latín. Mercedes Vigil narra que cuando el cargamento llega al puerto es trasladado a la quinta de un familiar de Lafone en las afueras de la ciudad. Una noche se decide mover la carga hacia Montevideo. En el medio del camino, un grupo de soldados detiene los carruajes y resuelve quemar las Biblias. "Fue la mayor demostración de intolerancia religiosa de la historia de Uruguay. Aquella decisión generó un gran impacto en la sociedad", aseveró Vigil.

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