LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

¿Correrá?

El Partido Colorado está en problemas. A su pobre desempeño electoral en 2014 se ha venido a sumar la decisión de su dirigente más votado, el senador Pedro Bordaberry, de no ser candidato a ningún cargo electivo en los próximos comicios.

Las encuestas de intención de voto muestran a la vieja colectividad estancada, cuando no en caída. Alguna incluso le ha ubicado por debajo del novel Partido de la Gente de Edgardo Novick.

Todo indica que quien puede desalojar al Frente Amplio del gobierno es el Partido Nacional. Pero, ¿podrá hacerlo solo? ¿O necesitará de la existencia de una tercera fuerza sólida, capaz de captar entre un 15% y un 20% del electorado en una primera vuelta, y de apoyar un cambio en un balotaje?

Como están las cosas parece difícil que el Partido Colorado sea esa fuerza dentro de dos años. Sin Bordaberry en la marquesina, y sin la posibilidad de recurrir a Alejandro Atchugarry para que vuelva a poner la cara cuando las papas queman, las opciones que podrían presentar los colorados no alcanzan a entusiasmar.

Algunas son conocidas. Fueron probadas en las urnas y está claro que no darán vuelta un partido que viene adverso (Amorín Batlle, Tabaré Viera, el intendente Coutinho). Otras, que han venido reclamando espacio y renovación, no parecen calzar los puntos. Es el caso de Fernando Amado, que no genera adhesiones entre los colorados y que a menudo parece más proclive a echar una mano al Frente Amplio que a ponerse del lado de un cambio.

En ese escenario, hay quienes alientan la esperanza de que el director de Ceres, Ernesto Talvi, lidere una corriente colorada liberal y joven, capaz de hablar claro sobre los problemas que el Uruguay debe encarar sin demoras.

Un movimiento político liderado por Talvi le haría no solamente muy bien al Partido Colorado. Le haría un enorme bien al país. Sumaría a la oferta electoral a un hombre que ha venido llamando la atención sobre el rezago educativo que sufre el país, que ha impulsado la profesionalización de la gestión de nuestras empresas públicas, que ha advertido acerca de la necesidad de reformar de una buena vez el Estado y que ha pregonado la importancia de que el país se abra al mundo, ponga a las mejores personas en los lugares más relevantes, y se anime —de una vez— a poner a todos a trabajar duro en procura de un futuro que hoy parece lejano, pero que es posible.

Si Talvi aceptara ser candidato por el Partido Colorado —algo en lo que el expresidente Jorge Batlle trabajaba al momento de su desaparición física—, el tablero político ya no sería el mismo. Y tampoco el debate político. Se coincida o no con su forma de pensar el país y con las soluciones que pone sobre la mesa, a todos nos haría bien que en la política —y no solamente en la academia o en los foros empresariales— alguien hablara claro, hiciera pensar y provocara discusiones que los uruguayos nos debemos y que, más tarde o más temprano, deberemos encarar.

Talvi, ¿correrá?

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