UN CRIMEN CON VARIOS CABOS SUELTOS

Los Cerrillos conmocionada por gurú de "las dos caras"

Arno Wollensak contó a sus vecinos que quería “morir de viejo” en Uruguay.

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El gurú Arno Wollensak, Katharina Medith y otro adepto de la secta en 2002. Foto: Blick.ch

Yo quiero vivir tranquilo. Quiero morir de viejo acá", les decía Arno Wollensak a sus vecinos de la zona rural de Los Cerrillos, en Canelones.

El gurú de la secta "Oasis de Luz", cuyo cadáver fue encontrado en la playa de La Floresta el domingo 28 de agosto, brutalmente asesinado, había salido en octubre de 2015 del Penal de Libertad donde pasó cuatro meses preso por uso de documento falso. Nacha, una de las vecinas de Los Cerrillos, le escribió una carta cuando él salió de la cárcel: "Yo no juzgo a nadie. Las cosas que hiciste en el pasado, las juzgará Dios".

Wollensak lloraba cada vez que leía por las noches esa carta, según le contó Ursula Frei, una de las mujeres que convivían con el gurú alemán, una tarde que tomaba un café en la casa de Nacha.

El esposo de Nacha formó otra opinión cuando el gurú salió de la cárcel. Su punto de vista era similar al de muchos chacareros de Los Cerrillos. "Vos allá y yo acá. Ya no somos amigos. Ahora solo seremos vecinos", le dijo a Wollensak sin cortapisas.

Para Wollensak, Nacha y su esposo constituían el ideal de vida: dos hombres de campo que vivían tranquilos en su casa con estufa de leña, a pocos kilómetros del río Santa Lucía.

"Yo quiero vivir tranquilo. Morir de viejo acá", les decía Wollensak.

La pareja lo escuchaba callada. "En Alemania no se puede vivir así, en el campo, tranquilo. Te persiguen. Yo me siento perseguido allá", eran las pocas palabras de su vida personal que dejaba entrever Wollensak.

En 2014, el gurú alemán le compró la casa lindera y una vivienda para caseros que pertenecían a un conocido oncólogo y a su hermano dentista. La propiedad, de unas 10 hectáreas con costa al Santa Lucía, había pasado de generación en generación en la familia.

Una tarde, el doctor y el alemán visitaron juntos a cada una de la familias de chacareros próximos al Parador Tajes, entre ellas a Nacha y su esposo.

"Vengo a presentarles al nuevo vecino que nos compró la chacra. Quiere conocer a los buenos vecinos", les decía el médico.

Pocas semanas más tarde, la pareja fue invitada a tomar un café a la casa del gurú alemán.

"Colocaron un mantel blanco. Era como un restaurante. Había de todo en aquella mesa. La esposa de Marc (así lo conocían en la época) supervisaba mientras que otras dos mujeres (Ursula Frei y Anita Maura, ver nota aparte) corrían de un lado para otro como si fueran las criadas. Eso me molestó", relató uno de los invitados a El País.

Vida social.

Wollensak asistía junto con su esposa, Julie Ravell, a las reuniones sociales a las que era invitado en Los Cerrillos. Sin embargo, cuando alguien de su familia cumplía años los recibía en una barbacoa que tenía dispuesta en el jardín exterior. "Muy pocos conocieron el interior de su casa", dijo el vecino Carlos Mijo.

Carlos bebió en alguna ocasión con Wollensak en el boliche-pulpería ubicado cerca de la entrada al Parador Tajes. "Era alguien muy agradable, muy correcto. Escondió una cosa que acá nadie sabía", contó.

Agregó que el 7 de julio pasado, Wollensak ya no estaba en la casa. "Lo llamé para hacerle una entrega de unos chorizos suizos. Se fue, o lo fueron", dijo.

Otro vecino (que no quiso dar su nombre para esta nota, como otros) contó: "Para nosotros fue un balde de agua fría saber que tenía una secta porque ellos se integraron rápidamente a la comunidad".

Pánico.

El brutal homicidio de Wollensak, a lo cual se suma la desaparición de su esposa (Julie Ravell) y de Ursula Frei, conmueve aún hoy a la zona de chacras de Los Cerrillos y el Parador Tajes, donde residen varios alemanes jubilados.

El domingo 28, el cuerpo del gurú alemán fue encontrado por una persona que paseaba por la arena del balneario La Floresta. Tenía las manos esposadas a la espalda; una capucha con un precinto negro apretándole el cuello; cinta plástica tapándole la boca y las piernas atadas a la altura de los tobillos.

La primera hipótesis que se barajó fue que el cuerpo había sido tirado desde un barco en alta mar. Otra hipótesis analizada por el juez del caso, Marcos Seijas, es que Wollensak pudo haber sido ultimado en la chacra de Los Cerrillos, trasladado en una embarcación desde el Santa Lucía hasta el Río de la Plata donde el cuerpo fue arrojado, y una sudestada lo devolvió a la costa.

La Justicia también investiga un posible vínculo de Wollensak con traficantes y rapiñeros que estaban alojados en el Penal de Libertad. Sin embargo, la principal hipótesis policial es que Wollensak fue asesinado por alguien relacionado con la secta "Oasis de Luz".

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