CARLOS STENERI

Consecuencias del gobierno de Macron

La asunción de Emmanuel Macron a la presidencia de Francia tiene implicancias diversas. La primera y más importante fue la contención de la derecha xenófoba que de tanto en tanto despierta con vigor en el país considerado como una de las fuentes de los valores esenciales que rigen en las democracias modernas.

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Emmanuel Macron, candidato a la presidencia de Francia. Foto: AFP.

La segunda implicancia confirma que los viejos partidos que acuñaron a las democracias europeas están en crisis, siendo desplazados por movimientos espontáneos liderados por figuras políticas nuevas, con la capacidad de capturar rápidamente suficiente electorado para catapultarlos al poder. Trump y Macron son sus ejemplos recientes relevantes, hecho que abre nuevas interrogantes sobre el futuro del quehacer político de las democracias modernas maduras.

Y por último, el ascenso de Macron implica la recuperación del europeísmo como una dimensión básica y necesaria del posicionamiento del viejo continente y de la propia Francia en el nuevo contexto mundial. En definitiva, la reaparición de la visión de un continente unido como fuente de prosperidad y protección, constituye uno de los ejes básicos del programa del nuevo presidente francés. Y de paso, también irradia una señal hacia aquellos miembros con potenciales tentaciones secesionistas exacerbadas por la decisión reciente del Reino Unido de desgajarse de la Unión Europea.

Los titulares de su programa de gobierno diciendo, "Una Europa que proteja a los europeos" seguido de anuncios vía twitter como "Europa nos hace más grandes, Europa nos hace más fuertes" resumen su visión del rol del continente sobre el destino de su país, el cual se instrumentaría a través de una gran alianza estratégica con Alemania. En definitiva, una vuelta a los orígenes que dieron lugar al gran experimento contemporáneo de integración europeo.

A manera de confirmación, al día siguiente de su asunción como presidente visitó a la canciller Merkel, quien mostró sintonía con las ideas de actualizar el proyecto europeo en áreas tan diversas como la coordinación fiscal entre sus miembros, hasta la introducción de reformas estructurales para potenciar la productividad.

Subyacente a este nuevo posicionamiento europeo, también fluyen necesariamente aspectos conectados con la política comercial y de inversiones de la mano del presidente francés.

Y en este sentido, las noticias no son buenas, pues a pesar de que Macron se declara como un internacionalista liberal, su programa de gobierno tiene inclinaciones proteccionistas acentuadas, algunas explícitas y otras encubiertas, en áreas diversas.

Proteccionismo.

Eso es el significado de algunos de los titulares del programa de gobierno tales como llevar adelante "una política comercial que defienda las preferencias y los valores europeos…". o una política comercial más democrática, que se protege de la mundialización "buscando una competencia mundial equitativa, que proteja a las empresas europeas."

Estas propuestas tienen similitudes con las posturas del Presidente Trump, lo cual confirma que buena parte del mundo occidental se encuentra en una fase de nacionalismo económico creciente explicitado en proteccionismo. China también ayuda a esas actitudes cuando muestra gran agresividad buscando invertir en sectores estratégicos en los grandes países desarrollados, pero a su vez restringe la inversión extranjera en su espacio económico.

El catálogo de las políticas comerciales confirma el tinte proteccionista de la nueva administración francesa. Como ejemplo, éstas hacen referencia a… "la exigencia de que se incluya en todos los acuerdos comerciales de la UE un compromiso de cooperación fiscal, así como de cláusulas referidas a estándares sociales y medio ambientales, cuyo cumplimiento implicara rebajas arancelarias o sanciones en casos de incumplimiento". En buen romance, normas parancelarias de cuantificación difícil, fácilmente contaminables con subjetivismo y arbitrariedad propulsada por grupos de presión.

A esto se agrega, el anuncio de un "Acta de comprar Europeo", lo cual otorga una reserva de mercado en las compras públicas a las empresas que localicen al menos el 50% de su producción en el continente europeo, que se complementa con la aplicación "de instrumentos de control de la inversión extranjera en Europa para preservar nuestros intereses en sectores estratégicos…".

Pero el anuncio referido al proteccionismo agrícola es el más preocupante, pues repercute negativamente en los países agroexportadores como Uruguay. Textualmente señala que, "llevaremos adelante una política agrícola común más proteccionista y más reactiva, a través del funcionamiento de mecanismos de estabilización de ingresos adaptados a cada actividad (subvenciones contra cíclicas, regulación de la producción) y que favorezcan una agricultura más respetuosa del medio ambiente…". En pocas palabras, una parafernalia de medidas arancelarias, subsidios y normas sanitarias para blindarse de la competencia externa.

Incertidumbre.

Aunque estas medidas pueden ser mitigadas por la vocación aperturista de Alemania, de todos modos indican una Unión Europea más cerrada, hecho que se verá reforzado por el Brexit.

Corresponde entonces preguntarse qué espacios quedarán libres para una asociación fructífera entre la UE y el Mercosur, cuando justamente sus sectores más competitivos chocarán contra el proteccionismo agrícola tonificado propulsado por Francia. En realidad, lo esperable es magro, hecho que obliga a la política comercial a reajustarse a la nueva realidad de la UE.

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