NOMBRES DEL DOMINGO

Sensei del trazo a mano

Hayao Miyazaki vuelve una vez más al cine con su décima película, luego de que había anunciado su retiro, hace cuatro años.

Hayao Miyazaki
Un autor de películas profundas, aunque sean animadas.

A algunos puede que les cueste equipararlo a los grandes maestros del cine japonés, como Akira Kurosawa o Yasujiro Ozu. Pero está ahí, como uno de los más importantes en la tradición cinematográfica nipona. Y conviene repasar su camino en el cine ahora que se anunció que hará una nueva película —Boro The Caterpillar (o, en español, Boro la oruga) la décima en su filmografía— luego de haber anunciado en 2013 que se retiraba, entre otras cosas porque su vista había empeorado.

Hayao Miyazaki nació en 1941 en el relativamente acomodado y próspero barrio Bunkyo de Tokyo y es un maestro de la animación, ese género que para gustos "occidentales" es algo principalmente para espíritus ingenuos e inmaduros.

Gran parte de su obra tiene como protagonistas a niñas o jovencitas. Y muchas de las situaciones y mundos que él crea y retrata tienen un aire infantil. Pero el cine de Miyazaki va bastante más allá de las apariencias, y revela una profundidad argumental y manera de filmar muy sofisticadas.

Sus películas tienen múltiples capas de lecturas e interpretaciones, por más que en la superficie hayan seres fantásticos e historias que abrevan de cuentos, fábulas y alegorías que provienen de tradiciones narrativas destinadas a la infancia o la primera juventud.

Los primeros años de Miyazaki estuvieron, cómo no, marcados por la Segunda Guerra Mundial. Su padre trabajaba para la industria militar: era el director de la empresa Miyazaki Airplane, que fabricaba partes para los famosos aviones Mitsubishi Zero. A causa de los bombardeos a distintas partes de Japón por parte de la Fuerza Aérea estadounidense, la familia de Miyazaki tuvo que mudarse varias veces, y el futuro director de cine debió completar su educación primaria en más de una escuela.

De esa época, Miyazaki recuerda cosas como la destrucción de casi la mitad de la ciudad de Utsunomiya, donde su familia se había mudado. "La guerra terminó cuando yo tenía 4 años, pero aún así recuerdo los bombardeos, y ver la ciudad donde vivía arder". Parte de esas experiencias irían a parar a la que, según él, iba a ser su última película Kaze tachinu, estrenada en 2013 y que en inglés se tradujo a The Wind Rises (El viento asciende).

Cuando terminó su educación formal en la prestigiosa y muy selectiva Universidad de Gakushuin (que tuvo entre sus estudiantes a integrantes de la familia imperial de Japón) en 1963, se puso a trabajar en la industria de la animación, tanto en historietas (manga) como en cine y televisión (anime).

Durante esos años conoció a Isao Takahata, también animador y director, y que ejerció una importante influencia sobre Miyazaki. Tuvo varios puestos en diferentes estudios de animación, a veces haciendo el trabajo grueso (dibujar constantemente) y otras dirigiendo. En esos tiempos, además, fue líder sindical.

Luego de 16 años de trajín dibujando y guionando historietas, animando episodios de series de televisión y trabajando como animador en películas de otros, le llegó la oportunidad: en 1979 estrenó su primera película, Lupin III: El castillo de Calgliostro (que acá en Uruguay se vio en cine en 2010 cuando Cinemateca la programó en su Sala Dos). No era cine "de autor" precisamente. Se trataba de una franquicia, con personajes que provenían de una popular serie de historietas.

Aún así, la destreza técnica de Miyazaki era tal que la película fue generando un culto a lo largo de los años. Entre los fanáticos que ese título cosechó está John Lassetter, fundador de Pixar, director de clásicos como Toy Story y hoy capo creativo de Disney.

Aunque esa película no fue un rotundo éxito comercial —eso vendría después— sí le dio cierto prestigio, que él usó para convencer a inversores para que financiaran su segunda obra, Nausicaa del valle del viento, que estrenó el 1984. Con ese título, Miyazaki sedujo tanto el público como a los críticos, y a partir de entonces obtuvo lo que todos los grandes directores de cine aspiran: el control creativo de sus películas.

Un año después de Nausicaa... fundó junto a Takahata y, entre otros, el productor Toshio Suzuki, otro de sus habituales socios, la empresa Ghibli (el nombre lo tomó de un modelo de avión militar italiano), cuyo logotipo incluye a uno de los personajes más queridos por los seguidores de su filmografía y estética: Totoro, una criatura fantástica que vive en un mundo paralelo a la realidad en la película Mi vecino Totoro, de 1988.

Desde su debut en 1979, Miyazaki ha dirigido nueve largometrajes y nueve cortos. En su filmografía hay obras maestras como La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001), que en Japón batió récord de taquilla y que ganó un Oscar en 2003, también gracias al apoyo y la promoción que Lassetter hizo de ella a través de Disney.

Buena parte del éxito y la fama de Miyazaki se ha dado, curiosamente, en la era del auge de la animación digital. Porque el director japonés ha sido, a lo largo de sus décadas de trayectoria, un casi tozudo defensor y cultor de la animación tradicional, más allá de que ha incluido algunas pocas secuencias animadas digitalmente en algunas de sus películas.

Aparte de esos rasgos idiosincráticos en el estilo, su gran virtud ha sido la de conseguir unir su notable capacidad y sapiencia técnica a un estilo visual enteramente propio, lleno de imaginación y vueltas de tuerca. Un universo que consigue sorprender y fascinar simultáneamente.

Y eso en armonía con guiones que exploran personajes multidimensionales, historias ambiguas que no ofrecen respuestas fáciles en sus desenlaces y que entre otras cosas indagan en temas como la relación del hombre con la naturaleza, la de padres e hijos, los porosos límites entre realidad y fantasía, la espiritualidad y la identidad.

¿El Walt Disney de Japón?

Nombrarlo así no es algo que le haga gracia. En una entrevista realizada para BBC en 2002, y que puede verse en YouTube, Miyazaki deja claro que esa comparación no lo hace feliz: "Walt Disney era un productor, no un director". De paso, le tira una patada a la empresa fundada por el productor: "Es una compañía tan grande que les gusta ser dueña de todo".

CINCO PELÍCULAS CON PROTAGONISTAS AUDACES

Nausicaa del valle del viento

La protagonista es una princesa que intenta salvar una zona, denominada El Bosque Contaminado, de los ataques de la villana, la reina Tolmekia.

La princesa Mononoke

Otra protagonista femenina, San, y otra historia sobre naturaleza amenazada. San fue criada por lobos y odia a los humanos, pero también es capaz de cambiar.

Mi vecino Totoro

Dos hermanas descubren un pasadizo hacia un mundo muy extraño, donde la naturaleza es poderosa y con mucho vigor. Ahí vive el curioso e indefinido ser Totoro.

El viaje de Chihiro

Chihiro y su familia se detienen en un bosque y descubren una entrada secreta a un mundo que parece idílico al principio, pero que se revelará como más complejo.

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