CABEZA DE TURCO I washington abdala

Sabelonadas....

El país está lleno de sabelotodos. De política no se le puede enseñar nada a nadie, todos acá se creen politólogos, legisladores, juristas y contertulios profesionales de mesas de debate.

No hay uruguayo que no tenga opinión supuestamente docta —y hasta con toga— sobre todos los temas de relevancia nacional. Y sigue siendo "la política" junto al "fútbol" los grandes motivos de conversaciones masivas. La inmensa mayoría de los charlistas no conocen a fondo la noticia que se procesa, pero le miraron la cara al presidente Vázquez hablando de tal tema en televisión, o sintieron en la radio a un ministro, y eso alcanza y sobra para emitir una opinión y dale que va. Todo bien. Es cierto, hay aún algunas personas preparadas que opinan con "background" sólido y cuando hablan emiten perspectivas consistentes. No son pelotazos, son opiniones versadas y con algún grado de respaldo. Eso es bueno para todos, o sea, el hecho que una sociedad tenga algunos "sabios" o como se los quiera llamar a los que nos ayudan a pensar a todos. Pero en general los que hablan por todos lados son sabelotodos, generalistas del sentido común y hábiles constructores dialécticos. Muy uruguayo este comportamiento. Acá cualquiera abre la boca y hay que oírlo como si fuera Mahoma.

Están también los "sabelonadas" que no son los "chantas" típicos, son otra categoría aparte. El sabelonada es un opinador inconsistente, un hablador al santo botón que cree que tiene derecho a abrir la boca —porque la libertad de la democracia consagra ese principio— para expresar cualquier idiotez sin tener que pagar consecuencias por su inconsistencia argumental. Hablan porque es gratis hablar. Punto. Los sabelonadas, además, tienen el pecado de pretender expresarse de todo y a toda hora, con la misma pose docta del sabelotodo (sin toga) y hablan con la ignorancia más proverbial sin saber siquiera que son animalillos de Dios. Ellos se creen sabelotodos. Aparecen en asados, en comidas familiares donde el alcohol libera tensiones, hacen aflorar odios y terminan haciendo pasar un mal rato al resto de la manada. Insoportables, es poco, si hubiera que calificarlos de alguna forma. Y suelen ser tan soberbios como muchos sabelotodos (Al sabelotodo se le perdona la soberbia, se lo odia en silencio, o se lo envidia; al sabelonada se lo desprecia sin vergüenza, es un plomo.)

Los "chantas" uruguayos no son tan intensos como el chanta porteño, pero son embromaditos en la aldea. Por alguna razón los abogados tienen sobredimensión de este perfil. Los publicistas, los relacionistas públicos, los ministros, los cuidadores de paradas de taxi y los empleados de inmobiliarias (de Maldonado especialmente) también tienen sobreabundancia de ellos. El chanta uruguayo no es demasiado mentiroso, es más bien hablador, pesadote, estirador de conversaciones y se cree "winner". Es una mezcla del vendedor de autos de antes con pibe con maestría de marketing de ahora (El vendedor de autos del pasado era un personaje que casi ya no existe más. Lo mataron las marcas de alta gama y la piqueta fatal del progreso. Quedan algunos chantas en el mercado de autos de segunda mano. A veces hasta aparecen con sus fotos colgadas por allí. Hermosos ejemplares de un pasado que penosamente languidece.)

Los "silenciosos" son la categorías más jodida de todas las analizadas hoy. Estos tipos posan de profundos, agudos, serios, reflexivos y analíticos solo porque no hablan. En realidad, como no abren la boca no sabemos nada de ellos, pero la pose nos lleva a conjeturar esa visión onettiana. En general, sometidos a la presión de verbalizar algo, son primates, rústicos, más bien gente muy básica y con una visión estrecha de la vida, pero el silencio en sociedades charlatanas como la nuestra paga mucho y paga bien. Que alguno se calle un poco es casi "alternativo". Algo estará pensando, humm, y resulta que es un banana por lo que dice cuando opina. Pero es así, creemos siempre que los callados son mejorcitos hasta que hablan.

Ya lo sabemos entonces: hay sabelotodos, sabelonadas, chantas y silenciosos. Usted se ocupa de usar las categorías como se le antoje. Yo solo se las muestro. Ahora piense donde ubica a los que lo rodean por estas horas. Mírelos y verá que encajan en alguna de estas descripciones. Buen domingo.

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