Salud

Mascotas maestras

El vínculo con animales domésticos puedeser fundamental para transmitir a los niños valores útiles para su futura vida adulta. Se fomenta la responsabilidad y el bienestar emocional, entre otros.

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Sensibilidad, respeto y paciencia se aprenden junto a ellas

"No podés pasar por la infancia sin haber tenido una mascota. Sería como no saber andar en bici. Son cosas básicas para la formación de un niño", opina la veterinaria Gabriela Iribar acerca del vínculo que los más chicos de la casa forman con un animal doméstico. Sin mostrarse tan categórica, la psicóloga y psicopedagoga Galia Leibovici también admite que un niño suele beneficiarse de la convivencia con una mascota propia: "Sin dudas es un vehículo para enseñar muchas cosas".

Cuando un niño pide por un perro o un gato —o un hamster, tortuga, pez, etcétera— en general lo que desea es entretenimiento. Para ellos, a priori, se trata casi de un juguete más. Pero está claro que no lo es, y por eso la interacción con un animal puede deparar un nuevo universo repleto de aprendizajes útiles para su desarrollo y futura vida adulta.

Por un lado, incide en aspectos prácticos o muy concretos. Está comprobado que los chicos que crecen con perros tienen menos posibilidades de desarrollar alergia y asma, ya que los microbios del polvo asociado a los hogares con estas mascotas pueden modular una respuesta inmune y proteger contra esos patógenos. El contacto con un animal también disminuye, según investigaciones, el número de afecciones psicosomáticas —ansiedad, dolor de cabeza o abdominal, alteraciones del apetito o problemas cutáneos— y estrés, lo que baja la agresividad. Asimismo, está estudiado que acariciar a una mascota regula el ritmo cardíaco y la tensión arterial. Incrementa además la actividad física: a los chicos no les queda otra que correr y moverse cuando juegan con ellas o las sacan a pasear.

Pero también tiene incidencia en el carácter que el chico comienza a forjar. La paciencia, la responsabilidad y el respeto por los seres vivos pueden fomentarse a partir de estos vínculos. Un animal doméstico "depende de nosotros y tiene que comer, hay que llevarlo al veterinario, bañarlo, tiene que hacer sus necesidades, al gato hay que limpiarle su cajita", enumera Iribar, entre las tareas que inculcan responsabilidad en los pequeños. A las mascotas hay cosas que les duelen, agrega. "Me fastidia mucho cuando a los padres les parece divertido que a un perro se le suban arriba y le tiren de la oreja. Así como si te tiran del pelo te duele, al perro le tirás de la cola y le duele. Eso enseña sensibilidad y respeto. Y tiene mucho que ver con el respeto al prójimo. En Estados Unidos, en estudios, se ha visto que cuando hay violencia hacia un animal, suele haber violencia doméstica. Cuando le enseñas a un niño a respetar al perro, le enseñas a respetar al ser humano".

La relación también mejora la autoestima y el bienestar psicológico, pues los chicos se sienten queridos por su mascota y, al cumplir con la obligación de alimentarlos, limpiarlos y cuidarlos, se crea en su interior una sensación de utilidad y motivación muy positivas.

"Es la responsabilidad de cuidar a otro pero también la conciencia de que yo no siempre tengo lo que quiero tener en el momento en que lo quiero tener —destaca la psicóloga Leibovici—. Si ahora es momento de ir a pasear al perro porque precisa hacer sus necesidades, tú debes saber esperar. Pero además ayuda a quitarles miedos; un niño que se ha criado toda la vida entre animales maneja mejor algunas sensaciones de peligro que le dispara la calle. Un niño que nunca estuvo frente a estas situaciones ve un animal y automáticamente se asusta".

Para Iribar, especialista en conducta animal, se nota una clara diferencia entre niños criados con mascota y sin ella. "Es 100% positivo. Hoy que los padres trabajamos todo el día, muchas veces el que recibe al niño con afecto en la casa es el perro. El cariño viene del perro que lo está esperando en la puerta de la casa moviendo la cola. Y creo que no se debería pasar por la infancia sin tener una mascota, de algún tipo. Cualquiera vale para inculcar el cuidado y el respeto a la vida. A través de eso se mandan un montón de mensajes a futuro".

Cómo incide en los pequeños.

Aceleran el desarrollo psicomotor a través del juego.

Ejercen un rol protector. Les aporta seguridad cuando los padres están ausentes.

Invita a los niños a imitar a los adultos en su rol de cuidadores y desarrollan el valor de la responsabilidad.

Se crea una relación de confianza mutua que promueve el conocimiento de sí mismo.

Enseña de modo natural sobre conceptos como nacimiento, enfermedad, dolor y muerte.

Cuándo sí y cuándo no.

En ocasiones, los psicólogos infantiles recomiendan sumar una mascota a la familia como parte de un proceso que puede colaborar con el desarrollo del niño. La psicopedagoga Galia Leibovici detalla: "Lo sugerimos cuando hay una sensibilidad del niño a no estar mucho tiempo solo: hijos únicos que quieren sentirse acompañados con figuras que no sean adultos. Es una compañía que el niño busca porque quiere sentir que hay más habitantes en la casa además de sus padres. También (se recomienda) cuando el niño tiene un interés especial por los animales y busca depositar una cantidad de sensaciones que necesita experimentar". Lo desaconseja, en cambio, cuando los adultos no lo desean y el animal no será bienvenido en la familia. "Si generará estrés y disgusto, entonces no, porque no es un paquete".

Hay que saber elegirlos.

"Estoy en contra de la gente que regala perro en forma antojadiza porque el nene se encaprichó y no evalúa si el hogar está apto para atender a la mascota, que va a demandar trabajo, dinero y tiempo. Es importante que el animal no sea un antojo, sino algo pensado", dice la veterinaria Gabriela Iribar. Por eso, explica, es necesario evaluar el tipo de mascota según el niño. "Si el chico es pequeño, el tamaño del animal importa: no le lleves un perro hiperactivo de 50 kilos. Igual que hay razas muy delicadas: los chihuahuas, los maltés, tampoco son para niños pequeños, los he atendido dislocados porque el niño les tironea de las patas", ilustra, a la vez que aclara que otros animales, y no solo canes, son opciones válidas. "No interactúan igual, pero son una solución muchas veces" como compañía para el chico.

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