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¿Una tormenta solar puede llegar a la Tierra? Qué es y por qué no es peligrosa

Astrofísico explica que se trata de fenómenos normales, producto de la actividad habitual del Sol, específicamente en una serie de eventos conocidos como eyecciones de masa coronal.

El Sol visto desde cerca. Foto: NASA
El Sol visto desde cerca. Foto: NASA

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica del gobierno de los Estados Unidos --que se encarga, entre otras, de monitorear el clima espacial- anunció que entre ayer y hoy se producirá una tormenta solar. ¿Qué implica esto?

Lo primero que hay que tener en cuenta es el origen de las denominadas tormentas solares. Como lo explica el astrofísico Santiago Vargas, se trata de fenómenos normales, producto de la actividad habitual del Sol, específicamente en una serie de eventos conocidos como eyecciones de masa coronal (EMC).

De acuerdo a la NASA, una “llamarada solar” es una “intensa explosión de radiación que proviene de la liberación de energía magnética asociada a las manchas solares”. Sin embargo no toda la actividad solar impacta en la tierra. Según la NASA hay cuatro actividades solares que son las erupciones, las eyecciones de masa coronal, el viento solar de alta velocidad y las partículas energéticas solares.

Estos fenómenos son más frecuentes en la fase creciente del llamado ciclo de actividad solar, que dura aproximadamente 11 años en los cuales nuestra estrella pasa de un mínimo de actividad -que se evidencia con menor número de manchas solares en su superficie y de fenómenos explosivos en su atmósfera- a un máximo solar.

“Las EMC son expulsiones de material de la atmósfera del Sol producto de su actividad interna, y están principalmente relacionadas con el campo magnético que emerge del interior solar. Estas expulsiones contienen plasma solar, partículas energéticas que constituyen el denominado viento solar, que empiezan a viajar por el espacio hasta que, en ocasiones, pueden alcanzar la Tierra”, asegura Vargas.

De acuerdo con el astrofísico, cuando esta nube de partículas hace contacto con el campo magnético terrestre genera fenómenos espectaculares e inofensivos como las auroras boreales, esos coloridos destellos luminosos característicos de países nórdicos.

Esas auroras, que también pueden darse en el hemisferio sur (allí se conocen como auroras australes), se dan como consecuencia del aumento de la energía de los átomos de la atmósfera terrestre producto de la llegada de partículas de alta energía del Sol.

Tormentas geomagnéticas

Pero, en algunas ocasiones, las EMC pueden ser más energéticas que en otras, impactando con mayor fuerza a la Tierra, y afectando incluso el escudo magnético de nuestro planeta, la llamada magnetosfera, causando las llamadas tormenta geomagnéticas.

Esto ha ocurrido en años pasados, como en 1859, cuando varios lugares del planeta sufrieron daños en la red de telégrafos por cuenta de una tormenta solar. De hecho, de aquel momento se tiene un reporte de la aurora boreal observada desde Colombia.

Otra tormenta solar tuvo lugar en 1989. En marzo de ese año, varias redes eléctricas de Estados Unidos sufrieron considerables daños por una tormenta solar.

Entonces, de acuerdo con la información más reciente de la NOOA, ¿es posible que algo similar haya ocurrido este 20 de agosto?

El astrofísico Vargas responde: "En estos momentos el Sol está comenzando a mostrar los primeros signos de actividad correspondiente al nuevo ciclo solar, años después de varios años de una relativa calma".

A partir de este momento, dice, será normal registrar estos fenómenos con mayor frecuencia, hasta poder, incluso, registrar varias fulguraciones (emisiones intensas de radiación) y EMC el mismo día durante el máximo solar, es decir en unos 5 a 6 años.

"Las consecuencias de estos fenómenos solares en nuestro planeta se resumen en lo que se conoce como una tormenta geomagnética", afirma Vargas.

En el caso de esta semana, el nivel de la tormenta es bajo, G1, dado que la EMC no estaba apuntando directamente a la Tierra y pasará rozando el campo magnético del planeta.

"Aunque puede haber interrupción en comunicaciones, realmente no tendrá consecuencias extremas sobre nuestros sistemas tecnológicos. Sin embargo, a medida que aumente la frecuencia de estos fenómenos, aumenta la probabilidad de que las nubes de partículas de alta energía emitidas por el Sol viajen en la dirección en que se encuentra la Tierra y puedan impactar sobre nuestro planeta", agrega Vargas.

Hay que recordar que el Sol es el principal agente del llamado clima espacial y los fenómenos de actividad solar de gran liberación de energía, como el evento Carrington, podrían en la actualidad tener consecuencias nefastas sobre nuestra sociedad tecnológica, afectando satélites, sistemas de comunicación, redes de distribución eléctrica, internet, naves espaciales y todos los efectos indirectos asociados que crearían un caos generalizado.

"La pregunta no es si uno de estos eventos extremos afectará a la Tierra, sino cuándo ocurrirá, causando retrocesos potencialmente extremos en escalas de tiempo de años a décadas, debido a sus implicaciones sobre la tecnología. Varios informes de evaluación de amenazas concluyen que los eventos climáticos espaciales extremos podrían causar 2,6 billones de dólares en daños y que podrían requerir de 4 a 10 años para alcanzar una completa recuperación", dice Vargas.

Es, por tanto, uno de los intereses de las investigaciones en astrofísica solar el poder predecir el clima espacial, a partir de un monitoreo constante del Sol y del entendimiento de los procesos que están ocurriendo en su atmósfera, lo que permitiría saber en qué momento emitirá uno de sus "sorpresivos estornudos".

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