INCLUSIÓN

Basquet, un deporte que integra: prácticas inclusivas en el club Larrañaga

Las prácticas de basquetbol inclusivo en el club Larrañaga son abiertas y gratuitas.

Basquet inclusivo en el Club Larrañaga. Foto: Club Larrañaga
Basquet inclusivo en el club Larrañaga. Foto: Club Larrañaga

Cada sábado a las 14.30 horas en el club social Larrañaga (Francisco Simón 2318) comienza la práctica y todos son bienvenidos: hombres, mujeres, niños, personas con síndrome de Down, con limitaciones motrices o provenientes de organizaciones como el Centro Manos Unidas (Cemau) o el centro Medio Camino Maroñas, que depende del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (Inau). Dentro de la cancha son todos iguales y durante dos horas hacen lo que más les gusta: jugar al basquetbol.

El proyecto denominado Larra Plateado se desarrolla desde hace tres temporadas dentro de otro programa más grande que es denominado El basquet, un deporte a la altura de todos y está destinado a personas con capacidades diferentes.

Eduardo Sarni, uno de los gestores de la actividad, contó a El País que la idea surgió por la historia que tiene este club de barrio: “Hace años desarrollamos distintas actividades para adultos mayores o se llegó a hacer una biblioteca circulante”. La idea de realizar prácticas de basquetbol inclusivo y la posibilidad de que el club les brindara el lugar y los materiales necesarios llevó a Sarni y a un colega a presentar la propuesta en varios lugares. Así llegaron a la Asociación Down del Uruguay (ADdU).

“Empezamos a hacer estas actividades con mucho temor”, recordó Sarni. Se basa en una filosofía que este describe como “absolutamente sencilla, descongestionada de complicaciones”: “Somos entrenadores de basquetbol. Entrenamos a gente grande, a chicos, a personas flacas, a personas gordas, a jugadores con talento o a jugadores con menos talento. Entrenamos para jugar basquetbol”.

Basquet inclusivo en el Club Larrañaga. Foto: Club Larrañaga
Foto: Club Larrañaga

Así comenzaron a coordinar las prácticas y a difundir el proyecto. Primero asistían miembros de la ASdU, pero luego llegaron participantes de todas partes y con diferentes tipos de capacidades. Al principio, las prácticas solamente se realizaban algunos sábados, hasta que se convirtieron en semanales.

Una actividad gratuita y abierta.

Los jugadores entrenan, corren, socializan, aprenden las reglas y los valores de este deporte. “De a poquito empezamos a aumentar cantidad de jugadores y hoy, a veces, hay hasta 30 botijas en la cancha”, dijo Sarni a El País.

“Nosotros lo que hacemos es jugar al basquetbol; no somos psicólogos ni psiquiatras. Somos un grupo conformado por un entrenador jefe que es el que coordina la actividad y hay también jugadores de nuestra formativa que van a colaborar a los partidos”, agregó.

Sarni resaltó que esta es una actividad gratuita y abierta: puede participar cualquiera, incluso a veces lo hacen los padres o hermanos que acompañan a los jugadores que entran a la cancha. “Es una práctica donde hay espacio para que toda la familia tenga contacto. El ambiente es extremadamente cálido”, afirmó.

"El objetivo es ir partido a partido".

El equipo del club Larrañaga integra la liga uruguaya de basquetbol inclusivo, pero no compite. “El objetivo es ir partido a partido, es un objetivo de un cuadro de básquet”, dijo Sarni a El País.

Los participantes juegan durante dos horas. Durante ese tiempo son entrenados con los fundamentos técnicos y con la solidaridad de este deporte.

En un mismo equipo coexisten muchas realidades diferentes que se olvidan una vez que los jugadores salen a la cancha: además de personas con Síndrome de Down, las prácticas reciben jóvenes que a veces llegan de dependencias del Inau o personas con alguna discapacidad motriz. Sarni señaló que hay integrantes de la ASdU que van a estas prácticas como parte de su actividad de los fines de semana y “hay otros que asisten por su cuenta y llegan acompañados por familiares y también quienes ya tienen un nivel de independencia y se mueven solos”.

Basquet inclusivo en el Club Larrañaga. Foto: Club Larrañaga
Foto: Club Larrañaga

Sarni reconoció que, si bien al principio, surgen ciertos temores por ese choque de realidades, al final se encuentran con que “es una experiencia de inclusión espectacular”.

De esta forma, a la hora del juego “se genera una simbiosis humana entre todos los participantes, cada uno con su capacidad y el tema es cómo aprendemos a manejar eso cada uno de nosotros”.

"Logramos construir una identidad de grupo".

“La intención es que la violencia no sea parte de esto y hay reglas. Por ejemplo, cuando se comete una falta, del otro equipo tiran libre todos, no solo al que le hicieron la falta”, dijo Sarni. Este explicó, además, que cada equipo tiene un jugador referente de las formativas del club, que lo que hace es ordenar a sus compañeros.

“A nosotros nos alcanza con que alguno de los botijas que es sedentario camine media hora en la cancha y transpire, con que otro de los chiquilines que por su enfermedad tiene problemas de postura se enderece cinco minutos”, añadió. Y dijo que eso es lo que los llena: “Tenemos claro que no le estamos haciendo un favor a nadie, en realidad, a nosotros nos hacen un favor. Ellos no son los pobrecitos a los que ayudamos, son jugadores de nuestro cuadro”.

Por eso quienes se acercan tienen que saber que están en un equipo: “Cuando el entrenador toca el silbato todos los jugadores toman la pelota abajo del brazo y nadie más pica; todos escuchan”, contó Sarni.

Más allá de que en algunos casos sea más difícil que en otros, es algo que todos terminan haciendo sin complicaciones: “En general se adecuan todos y ese concepto nos ha permitido generar una identidad de cuadro, de grupo”.

"Un cuadro de basquet, nada más que eso"

“Somos un cuadro de basquetbol, nada más que eso”, dijo Sarni.. El club Larrañaga pone el espacio, los materiales y la indumentaria. “Lo único que se les pide a los jugadores es que traigan calzado deportivo y una ficha de aptitud física”, sostuvo.

En algunas oportunidades, jugadores de ligas profesionales asisten a los partidos y eso es algo que motiva mucho a los participantes. “Estos espacios generan otros espacios. Ellos se relacionan, socializan y los gurises de las formativas ya dejaron de verlos como chicos raros y comenzaron a verlos como sus compañeros de práctica”, añadió.

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