Osada

Bahareh Sassani una paracaidista iraní que lucha contra los estereotipos

Saltar en paracaídas es "una manera de demostrar que las mujeres son tan hábiles como los hombres", dice Bahareh Sassani. Para esta iraní, es un paso hacia una evolución de la sociedad y también una forma de distanciarse de las preocupaciones del día a día.

Bahareh Sassani desafía los estereotipos. Foto: AFP
Bahareh Sassani desafía los estereotipos. Foto: AFP
Bahareh Sassani desafía los estereotipos. Foto: AFP
Bahareh Sassani desafía los estereotipos. Foto: AFP
Bahareh Sassani desafía los estereotipos. Foto: AFP

A sus 35 años, esta contable de constitución menuda afirma haber realizado 220 saltos desde que empezó a practicar el paracaidismo en marzo de 2016.
"Animo a todas las mujeres a probar esta experiencia. Refuerza el sentimiento de que somos capaces de obtener lo que queremos. Las mujeres no deberían quedar excluidas de ninguna disciplina", asegura.
Sassani se niega a ser tildada de "feminista", pero su credo es que "no hay diferencias entre los hombres y las mujeres y que si una mujer tiene la voluntad de hacer algo, puede conseguirlo".

Según la ley vigente en Irán desde la revolución islámica de 1979, las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. Pero al mismo tiempo la República Islámica contribuyó a dar una mayor visibilidad a las mujeres en la sociedad.

Vestidos y joyas
El deporte elegido por Sassani no está al alcance de todos los bolsillos, pero "es una opción de vida", dice esta soltera. Al contrario de sus amigas que compraron un coche, vestidos o joyas con sus primeras pagas o sus ahorros, ella prefirió invertir en el paracaidismo, un deporte mayormente masculino en su país.

En Irán no existe ninguna instalación civil para hacer paracaidismo, así que hay que pasar por el ejército. "Cuando organizan saltos, los militares invitan a todo el mundo, incluidos civiles, y estamos todos juntos sin distinción", cuenta.

Para ella, la presencia de las mujeres en los deportes extremos que solían ser exclusivamente masculinos sólo puede favorecer la evolución de la sociedad.

Según documentos de archivo publicados en 2015 por la agencia de prensa iraníIsna, las cuatro primeras mujeres paracaidistas de las fuerzas armadas iraníes recibieron su título en 1965, 14 años antes de la revolución islámica de 1979.

Entrevistada por Isna, una de ellas, Behjat Emam Alizadeh, explicó haber abandonado el paracaidismo después de su boda. "Tuve hijos; mi marido no se oponía a que siguiera, pero ya no tenía tiempo", declaró.

Hoy en día, las mujeres ya no están admitidas en las unidades de combate del ejército. Pero en la policía, las que forman parte de las unidades de élite pueden seguir un entrenamiento de paracaidismo y varias de ellas ya han realizado saltos.

Entre las civiles, Sassani dice que sólo conoce a otras cinco mujeres con un título de paracaidismo en Irán.

¿'Loca'?
La treintañera practica también su pasión en el extranjero y pudo saltar en Rusia, Kenia, Tailandia y en los Emiratos Árabes Unidos.

En septiembre, en su último salto en Irán, los hombres que comenzaban en el equipo mixto estaban "sorprendidos y animados" al ver cómo mujeres saltaban de un avión.

"Los veía mirar de reojo. Afortunadamente, gracias a Dios, el viento era favorable y tuve un muy buen aterrizaje", recuerda.

En el extranjero también se sorprenden cuando la ven saltar. "Piensan que hay muchas restricciones en Irán, pero les explico que en nuestro país hay mujeres que hacen motociclismo, pilotan aviones, practican el paracaidismo o el parapente".

"En los demás países, conozco a gente de todas las culturas y creencias, lo cual está bien. Pero me gusta hacer paracaidismo en Irán. Es un sentimiento totalmente distinto", afirma Sassani, cuya foto con una bandera iraní desplegada durante un salto apareció recientemente en varios diarios locales.

Al principio eligió ese deporte para combatir su "miedo a las alturas", pero ahora aprecia sobre todo la posibilidad de sentirse "liberada de todos los problemas del día a día".

Pero esa pasión también tiene un efecto negativo para ella. "Todo el mundo me pregunta si estoy loca", cuenta. "Y sobre todo, los hombres descartan enseguida a las mujeres como yo. Piensan que no estamos hechas para la vida en pareja porque somos incontrolables", añade con una carcajada. "Solo unos pocos hacen preguntas y muestran interés".

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