fabricio speranza

Una vuelta con el campeón

Está agotado y contracturado. Fabricio Speranza no ha dejado de dar notas en los últimos días. Siente un cansancio lindo. Fue el gran triunfador del Carnaval 2016. Levantó la copa con La Gran Muñeca y Cyranos (como letrista), y se consagró Figura Máxima. Él prefiere que lo feliciten por el espectáculo, "estamos muy orgullosos, dijimos lo que teníamos ganas", comenta sobre el texto de la murga de la familia Mega, que volvió a conseguir un primer premio tras 20 años.Un perfil del actor, letrista, cupletero y puestista.

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Foto: Gregorio Gurlikian

Cantó la retirada muy tensionado. El reloj los corría, tenían que apurarse para evitar que les descontaran puntos por bajar tarde del Teatro de Verano. Si eso sucedía, la culpa invadiría a Fabricio Speranza por las mechas que había metido y por estirar más de la cuenta.

Sintió un gran alivio al descender las escaleritas y abrazar a Milton, utilero de La Gran Muñeca desde el ‘80, y el primero en saludarlos siempre. No se subió al ómnibus con sus compañeros para ir al club. Preguntó si había lugar en la camioneta de sus padres y partió con ellos rumbo a La Isla a esperar los fallos, “es la gente con la que quiero y necesito estar en ese momento”. Monopolizó la charla. Fabricio solo podía hablar de los nervios que había pasado. No lograba aflojar y llamó a Eduardo Mega, director responsable de la murga, para compartir esa ansiedad con él, “estábamos en esa locura”, recuerda.

La incertidumbre se potenció esa noche de fallos. Algo en el aire decía que La Gran Muñeca estaba para ganar, y el pálpito se concretó cuando el presidente del jurado anunció que eran campeones. La Isla explotó y fue un caos hermoso.

La madrugada del 29 de febrero se arrimó más gente de lo habitual al club. Es que la murga de los Mega sonaba con fuerza desde la primera rueda. Se rumoreaba que estarían entre las tres primeras y el público se los hacía saber. Pero los murguistas trataron de no darle gran trascendencia y se dedicaron a disfrutar que el espectáculo funcionaba en todos los escenarios, "no hubo tablado donde no gustara y eso no nos había pasado antes", comenta Fabricio Speranza.

La Isla repleta era otro síntoma de triunfo, aún sin haber levantado la copa. Dos televisores de 32 pulgadas develarían el veredicto ya que "no es una murga que espere los fallos con tanta expectativa como para poner pantalla gigante y parlantes". Los murguistas andaban desperdigados: un par se habían ido a la playa Malvín y escuchaban desde el celular, algunos seguían la transmisión por tele, otros en la radio.

Fabricio no paraba de caminar. Iba y venía. Se whatsappeaba con sus compañeros lejos de las pantallas porque no quería seguir los puntajes. Cuando faltaba escrutar Diablos Verdes, La Trasnochada y Los Patos Cabreros, mandó un mensaje de voz, 'muchachos, vamos a quedarnos tranquilos'. Pero ni él se lo creía. Era imposible. Alguien le gritó, 'segundos ya salimos' y con eso le hubiera alcanzado.

Fabricio se pegó a su amigo Nilo que le relató como pudo el último conjunto.

—Están por debajo de Los Patos.

—Se van a despegar-  pensó Fabricio.

—Ojo, ellos están puntuando menos que La Muñeca en la Liguilla.

Estaba nervioso y dejó de prestar atención a los comentarios de Nilo. Aguardó el resultado quieto y de espaldas a la puerta del club. Nadie se animó a festejar hasta que el presidente del jurado anunció que la murga ganadora era La Gran Muñeca. Y Fabricio escuchó cómo explotaban los gritos desesperados.

Saltaron, cantaron, lloraron, se abrazaron. Gladys y Sergio, padres de Fabricio, no paraban de besar a su hijo, y felicitarlo entre lágrimas. El festejo fue un desahogo. Ninguno se quedó a escuchar las menciones, así que el cupletero de la Muñeca no supo que había salido Figura Máxima del Carnaval hasta que Fernando Tetes se lo comunicó en medio de una nota. Apenas se enteró el resto de plantel, lo tiraron para arriba cual quinceañera. Él se lo tomó con calma, el otro premio "era diez mil veces más importante".

La Gran Muñeca presentó el espectáculo 'Una vuelta con la murga'. Foto: G.Gurlikian
La Gran Muñeca presentó el espectáculo 'Una vuelta con la murga'. Foto: G.Gurlikian

La celebración siguió hasta las dos de la tarde de ese 29 de febrero. Fabricio, Pablo Riet, compañero de la murga y amigo, y otro habitué de La Isla terminaron mano a mano en el bar Decano con un sándwich caliente de por medio sin poder creerlo.

Es que el actor, cupletero, letrista y puestita no termina de caer. Está más contracturado que nunca, no durmió durante días porque finalizaba los tablados a las tres de la mañana y se levantaba a las ocho para arrancar con la maratón de entrevistas.

***

Los padres de Fabricio (27) trabajaban todo el día y a él lo cuidaba su hermana mayor, Magela (35). Ella lo obligaba a bañarse y lo corría con una escoba cuando no le hacía caso.

Era travieso pero no tenía maldad ninguna. Maxi Tuala, su mejor amigo y hoy cupletero de Cayó la Cabra, es hincha de Nacional, pero en casa de Fabricio son todos fanáticos de Peñarol (excepto Gladys que es de Danubio). Era chico y se le ocurrió pedir permiso para cambiarse de cuadro. "Casi lo matamos, lo amenazamos con que se tenía que ir de casa si lo hacía", recuerda Sergio. Hoy es pasional: festeja cuando gana Peñarol y sufre al perder con la misma intensidad.

Le gustaba ser golero pero se aburrió fácil del baby fútbol. La pelota llegaba al arco y Fabricio estaba jugando a la bolita al costado o de charla con alguien. Es de lágrima fácil. Una vez le dieron un pelotazo en la mano, se sentó arriba de la pelota y se puso a llorar. Dejó de ir.

Su hermana le enseñó a leer y a escribir con un prospecto de jugo Tang a los cuatro años. Fue escolta de la bandera de Artigas y se destacó desde pequeño. Una tarde, Gladys fue a buscar a su hijo a la escuela y la maestra la felicitó, "lo habían paseado por todas las clases, de primero a sexto, para mostrar a los demás alumnos lo bien que leía con cinco años".

***

En su casa nadie sospechaba que tuviera talento para actuar o guionar. No sobresalía en los cumpleaños y escondía lo que escribía. "No quería mostrar. Se me hacía muy complicado explicar por donde lo quería llevar y si me hacían un comentario desafortunado me iba a estresar", cuenta sobre sus primeras experiencias como letrista de Carnaval en humoristas Tribubys.

Maxi Tuala y Fabricio Speranza soñaban con sacar un conjunto sin saber que precisaban dinero. Querían salir en Carnaval, no importaba cómo. Hacían todo juntos. "A mí me gustaba invitar a alguno más, pero él no quería. Es más, íbamos a hacer una obra que nunca salió y le habíamos puesto Nosotros dos", recuerda Maxi.

Se sentaron a escribir la primera humorada a dúo. No recuerdan el nombre pero trataba sobre un museo donde los cuadros y las piezas cobraban vida: la Venus de Milo, las Gordas de Botero. Pretendían dársela a algún conjunto, pero solo un director aceptó reunirse con ellos y después de esa charla no los volvió a llamar. La archivaron en una carpeta amarilla y no apareció nunca más.

"¿Te acordás cuando jugábamos a que éramos los Bubys?", le escribió Maxi tras los fallos. "Me hiciste llorar, ya somos los Bubys hace rato", contestó su amigo.

"Estamos en ese lugar por más de que ya no existan los Bubys y lo conseguimos juntos porque nos los propusimos de niños. Estamos en el mismo rol, con una repercusión similar y somos muy parecidos. Es más, nos han dicho que nos copiamos en un tono de crítica, dándonos palo pero es gente que no conoce el vínculo. A mí me llena de orgullo que nos comparen porque lo admiro", reflexiona Fabricio.

—¿Fue por el Carnaval que decidiste estudiar actuación?

—Sí, netamente. Después que estás adentro empezás a tener otras aspiraciones pero yo me metí a estudiar teatro porque quería salir en Carnaval. Incluso me anoté en Arteatro porque sabía que los profesores me podían llegar a vincular con algún conjunto. El año que arranqué me llamaron para salir en los Chobys.Y luego me vinculé con Cyranos gracias a Arteatro. 

Jamás buscó empleo en el diario, ni tuvo que hacer ocho horas. Siempre trabajó en actividades relacionadas con lo artístico: da clases, escribe para Carnaval, hizo un personaje en Radiomental (Azul FM), guionó para Sé lo que viste (Monte Carlo TV) y Ponete Cómodo (TNU), donde también fue notero. Aún no logró instalarse en los medios pero es una de sus pretensiones, "me encantaría salir en pantalla".

***

"¿Vamos para la masa crítica?", le preguntó Maxi. Y pedaleó cada uno con su bicicleta hasta este encuentro mensual que se realiza para fomentar el uso del bi rodado. Hicieron chistes, bromas, se rieron como de costumbre y Fabricio empezó a observar que la mitad de los componentes de la murga usaban la chiva como medio de transporte para ir a los ensayos. Se le prendió la lamparita y le comentó a Maxi que haría un cuplé sobre la Masa Crítica.

Coincidió que una vez que el texto estuvo pronto, le robaron la bici. Llegó a La Isla, la ató para cruzar a la playa y cuando volvió ya no estaba. Casualidad.

Tiene facilidad para bajar al papel aquello que observa en su entorno o experimenta de primera mano. Dice haber vivido la muerte sin el final pero no puede explayarse porque si habla de su primer ataque de pánico revive las sensaciones y teme que le vuelva a suceder, "prefiero reírme de eso". En 2015 le puso humor a ese mal trago y lo transformó en cuplé.

Cocinó este espectáculo (Una vuelta con la murga) junto a Eduardo Mega y Andrés Toro. Aportó ideas, escribió y realizó la puesta. Se dice un co propietario pero asegura que jamás le hicieron sentir que tenía la murga al hombro, "todos cinchan para el mismo lado. Mis compañeros me han hecho el trabajo re contra fácil".

Sus compañeros aseguran que es el Messi del cuadro. Depositan toda la fe en él y van detrás suyo porque saben que la va a romper. Piensa una mecha y la descose, inventa un latiguillo (este Carnaval fue 'una moto') y explota el tablado en cualquier barrio. Rindió tanto que prefirieron quitar una canción para que él pudiera estirar, bromear y repetir ese 'una moto' en la segunda rueda y la Liguilla.

Se sorprendió por la forma en que pegó este latiguillo ya que ni siquiera lo concibió como tal. Lo probó en los ensayos, festivales y tablados, y de a poco le dio una cadencia que derivó en un éxito absoluto. Tuvo un alto nivel de trascendencia: el público lo repitió durante todo febrero. "Me sorprendió porque lo he visto en otros carnavaleros. Me acuerdo clarito cuando Cucuzú decía, 'no sabía nada' en 2007 o el 'vos no sos normal' de Diego Bello en A Contramano".

De niño tuvo un accidente con una moto. Sus padres no se olvidan más. Sergio manejaba y su hijo iba sentado atrás; en un momento se le resbaló el pie y terminó dentro de la rueda. Se sacó parte del talón pero no le quedó ninguna secuela. Se ganó un cuatriciclo por ser la Figura Máxima de este Carnaval. Más casualidades.

***

Es divertido, simpático, rápido y ocurrente. Tiene pasta de histrión. Se mete al público en el bolsillo y hace que sus amigos den vueltas carnero con sus chistes, pero es la persona con menos gracia en el grupo de whatsapp. En la murga le toman el pelo porque no hace reír a nadie, ni siquiera cuando envía audios.

Heredó el sentido del humor de su padre. No tiene dudas. Es más, él y Maxi son las personas que más carcajadas le sacan. Sergio no se percibe así de chistoso, pero su hijo dice que "logra encontrar humor en lo cotidiano, te hace reír de forma natural y desde que empecé a hacer humor valor mucho más esa virtud".

Cada vez que Maxi tiene que dar un ejemplo de buen padre, siempre cita a Fabricio. Aldanna (6) llegó en un momento clave, "pudo no haber sido" y le salvó la vida. No es su hija biológica pero le demuestra a diario que los lazos trascienden la sangre.

Fabricio terminó su relación con Ximena, mamá de la niña, ella formó una nueva pareja, quedó embarazada, se separó otra vez y volvió con Fabricio. El padre biológico de Aldanna se alejó y el vínculo entre ellos se forjó de forma natural y desde la panza. "Elegí ser el padre y fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Cada vez que estoy en una situación difícil o mal parado recurro a ella y me salva la cabeza".

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