CECILIA LALINDE MAGALLANES

Belleza del candombe

Con una trayectoria relativamente corta, Cecilia Lalinde Magallanes ya llegó a lo más alto que puede alcanzar una bailarina de candombe: ser la vedette de una comparsa importante y ganar el primer premio en el concurso de Carnaval. Ahora, prepara su primera gira internacional como bailarina y vedette.

Foto: Dani Aldele
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Foto: Danie Aldele
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La bailarina viajará a mostrar cómo se baila el típico ritmo uruguayo en tres países: Suecia, Alemania y España. La parte más extensa de su gira la hará en Suecia, a donde viajará invitada por La Peregrina, una comparsa y asociación civil sueca que hace años cultiva y muestra el candombe ante suecos y europeos. “¡Será toda una experiencia!”, dice entusiasmada la vedette de C1080.

—Además de bailarina, sos croupier en el Hotel Conrad. ¿Qué se necesita para eso?
—Tenés que tener buen trato con el público, ser sociable, empatizar muy bien. Saber en qué momento corresponde reírte, en qué momento no, cuándo el jugador está estresado... Eso lo desarrollás, no es que tenés que ser de cierta manera, más allá de que podés tener un talento natural para eso.

—Ese mundo, atender clientes en un hotel cinco estrellas, no parece tener mucho puntos de contacto con el del candombe.

—Hay más puntos de contactos de los que uno cree. Es todo energía, llegarle al otro. Cuando bailás, tenés que… (hace una pausa). Bailar candombe, bailamos todas. Pero hay una energía que te llega o no. Yo puedo estar bailándote toda copada y puede que eso no te llegue. De repente viene otra persona, hace exactamente lo mismo y eso sí te llega. Eso también se aprende. Podés tener muy lindo cuerpo, o tremendos trajes, pero no va por ahí, ni tampoco por el color de tu piel. Va en transmitir algo y hacerlo memorable.

—¿Cómo es llegar a ser vedette de una comparsa importante como C1080, ganadora del último Carnaval?

—Esto es muy competitivo. Pero pienso que si tenés los medios para hacer las cosas "legalmente", no tenés que pisar a nadie. Siento que tengo mucho por aprender, pero también que tengo mi potencial, que tengo lo mío para ser vedette. No me hago la mosquita muerta. Me esfuerzo por mejorar en todo: lo físico, lo energético… Me preparo.

—¿Cómo te imaginás que va a ser bailar para suecos y europeos?

—¡Creo que va a ser muy jocoso! Acá la gente está acostumbrada a verte, porque el candombe es parte del paisaje. Para mí va a ser algo muy novedoso que otra cultura me vea bailando y expresándome.

—¿Sentís una responsabilidad extra, como que vas a ser una embajadora del candombe?

—¡Claro! Uno a veces se olvida que representa algo. Incluso acá, a veces uno se olvida que está representando a una comparsa. Salir a otros países a mostrar el baile del candombe es una responsabilidad.

—La última vez que te entrevistamos, decías que estabas en una relación y que eso era "todo un tema". ¿Ahora se resolvió ese tema?

—¡No! Si en ese momento era un tema, ¡ahora ni siquiera hay tema! (risas). Es complicado.

—¿No tenés tiempo?

—No es tanto eso. Por ahí no estoy enfocada. Por ejemplo: si ahora estuviera en pareja no podría darme el lujo de tener esta experiencia de viajar a mostrar mi baile por el mundo. Si se pudiera conjugar una relación de pareja con todo lo que quiero hacer, bienvenido. Pero no me ha pasado.

—¿Es el hecho que seas vedette lo que te complica? ¿Que eso genera celos?

—Totalmente. Antes me tomaba el tiempo de explicar, pero ahora ni eso. El que me conoce, sabe cómo soy. Si mañana tengo una pareja que es —por poner un ejemplo—, cineasta y tiene que viajar por su trabajo, lo voy a apoyar. Yo quiero lo mismo. A mí, estimulame.

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