FUTURO LABORAL

Se viene el trabajo en casa y sin un jefe: ¿Más libertad o precarización?

Oficina en casa. La tecnología está cambiando la organización tradicional del trabajo y trae consigo promesas de beneficios, pero también dudas. El gobierno prepara una ley para regular el teletrabajo, pero reconoce que también le preocupa la proliferación de freelancers que trabajan en negro.

Expertos dicen que los millennials y centenials piden a gritos más flexibilidad en la organización del trabajo. A algunas empresas les cuesta retener a estos talentos.
Expertos dicen que los millennials y centenials piden a gritos más flexibilidad en la organización del trabajo. A algunas empresas les cuesta retener a estos talentos.

Cambios en el mundo del trabajo hubo siempre, pero nunca a tanta velocidad. Distintos reportes internacionales aseguran que en menos de un año, para la mitad de la población económicamente activa el trabajo dejará de ser un lugar al que se va, y pasará a convertirse en un valor que se realice de forma remota, en el espacio que cada uno elija, sin escritorio, sin organigrama, sin cumplir horario. “Tal como yo lo veo, el relacionamiento entre empleado y empleador será similar al que tiene un cliente con un proveedor. Hoy el cliente te dice necesito esto para tal día y no importa ni cuándo ni dónde lo trabajes, lo que importa es el resultado”, dice Fabio Boggino, fundador de la consultora especializada en teletrabajo Jobing, una empresa argentina que suma clientes uruguayos que quieren dar el paso a esta transformación de la organización laboral, entre ellos el Banco de Seguros del Estado.

Según los expertos, este cambio ya es inevitable. Pongámoslo así: con la revolución agrícola la gente trabajaba donde residía; con la revolución industrial la gente vivía donde trabajaba y así se armaron las grandes ciudades; con la revolución tecnológica la gente ya no necesita ir a la oficina para tomar decisiones, trabaja desde cualquier lugar del mundo pensando en resultados, con tareas a demanda, integrando equipos virtuales y corporativos.

Una de las modalidades del trabajo remoto es el teletrabajo, y en este universo Boggino es un gurú que viene de la narrativa empresarial del pasado para adaptarla al futuro. Durante 15 años fue el gerente de recursos humanos en una misma empresa, pero ahora promociona una transformación protagonizada por trabajadores que, tal y como él los describe, no piensan en antigüedad laboral, ni en hacer carrera en una firma. Es una mano de obra intelectual que quiere, al menos en la teoría, ser dueña de su tiempo y equilibrar su vida privada con la profesional.

“Está diciendo a gritos que las ocho horas, trasladarse a una oficina, la rutina idéntica, no es lo que quiere”, explica el consultor. Por eso sabe que incluso su negocio tiene los días contados. Es cuestión de tiempo para que los millennials y centenials ocupen los puestos de liderazgo y ahí sí: “Ningún gerente necesitará que le digan cómo adaptar los procesos y las tareas porque la génesis de las empresas que están naciendo ya tienen esta flexibilidad en su ADN”. Pero evitarse a un jefe que nos respire en la nuca, y trabajar desde casa, no significa necesariamente que será más cómodo. “El trabajador a veces no sabe ordenar bien su tiempo fuera de la oficina, se exige algún día trabajar mucho para compensar el día que trabajó poco y ahí compromete su salud; está más aislado; se mezcla su tarea con la vida familiar y eso puede generarle problemas psicológicos; y está de por medio el derecho a la desconexión de los medios electrónicos que Francia, Alemania y España ya están aplicando”, plantea el subsecretario de Trabajo, Nelson Loustaunau.

Debido a la alta informalidad, no hay cifras certeras de trabajo remoto.
Debido a la alta informalidad, no hay cifras certeras de trabajo remoto.

Para explicar este futuro hay que dividirlo en dos capítulos. Por un lado está el teletrabajo, organización laboral en la cual el empleado mantiene una relación de dependencia con su empleador pero trabaja, inicialmente, uno o dos días fuera de la oficina. Esta metodología es la que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social quiere regular y promocionar, ya que considera que tiene beneficios tanto para trabajadores como para empresarios.

Por otro lado, están los que trabajan a distancia de forma independiente, realizando servicios temporales y puntuales para empresas locales y extranjeras. Freelancers más y menos especializados, empleados a tiempo parcial para ventas, consultores, son algunos de los empleos ofertados que crecieron según informó el portal Gallito.com. Los especialistas estiman que entre el 15% y el 30% de los trabajos actuales tienen esta naturaleza, provocando la proliferación de plataformas internacionales de freelancers con millones de usuarios que funcionan como mercados libres laborales.

Hay 25.000 uruguayos activos en Freelancer, la plataforma líder a nivel mundial, y otros 22.000 en Workana, la de mayor tamaño en español, donde también hay registradas 1.500 empresas locales que han concretado proyectos. Milton Castellanos, director del Instituto Cuesta Duarte del Pit-Cnt, plantea que en un país donde uno de cada cuatro trabaja en negro -y tenemos la tasa más baja de informalidad de la región-, estos cambios traen problemas. “La globalización de la economía hace que yo pueda trabajar para plataformas internacionales en medio de un vacío legal, y no hay en Uruguay normas que ordenen estos nuevos fenómenos. No es fácil ni sencillo de resolver, pero sabemos que la organización sindical también deberá transformarse para tener fuerza y poder de negociación a nivel global”.

Oficina móvil

Los especialistas hablan del teletrabajo como quien habla de un huracán. “Avanza sin la necesidad de una decisión empresarial”, advierte Boggino. Hablan del teletrabajo como quien habla de las raíces de un árbol que levantan los cimientos más firmes: “Las empresas uruguayas que nos han llamado lo hacen para pedir ayuda porque saben que deben ir cediendo, si es que quieren retener y fidelizar a los nuevos talentos. Ya tienen teletrabajo, pero de forma improvisada”.

Uno de los problemas que se detectan es el aislamiento; esto llevó a que surjan espacios de coworking: crecieron 24% en el mundo.
Uno de los problemas que se detectan es el aislamiento; esto llevó a que surjan espacios de coworking: crecieron 24% en el mundo.

El problema es que, como aún no hay una norma, el teletrabajo que existe es informal. Por eso ni el Ministerio de Trabajo, ni la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), ni la Cámara de la Economía Digital del Uruguay (CEDU) pueden poner esta realidad en números. Se sabe sí que, según una encuesta realizada por Grupo Radar en 2009, a pedido de Netgate, en ese entonces ya había 100.000 teletrabajando cuyos ingresos sumaron US$ 500 millones. La mitad lo hacía para el exterior y no tenía una relación de dependencia con su empleador. Sin embargo, cada vez que esta consultora quiso repetir el estudio, fracasó: “La mayoría de los que hacen trabajo remoto está en negro y no contesta las preguntas”, cuenta Alain Mizrahi, su director.

Mizrahi responde desde una pieza de la casa de su madre, en donde trabaja desde hace dos años, cuando Radar cerró su oficina, contrató un servicio de dirección postal y telefonía que recepciona las llamadas y las redirecciona a sus 10 empleados que, todos, teletrabajan. Ellos integrarían el grupo de 450.000 personas que, según el último perfil del internauta que elaboró esta empresa, utilizó internet en su domicilio durante la última semana para realizar alguna tarea laboral a distancia.

Pero, si la tecnología es la que genera la posibilidad de teletrabajar, su aplicación depende de un cambio cultural que pone en jaque la forma en que tradicionalmente se gestiona el trabajo. Y esto despierta temores. “Habrá que salir de un formato presencial por horario a uno por objetivos. Esto significa un estilo de liderazgo totalmente distinto, y para el empleado será fijar reglas de convivencia con su familia para ser productivo en su casa”, plantea Boggino.

El escenario actual es el de una transición confusa, motivo por el cual la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay prefirió no participar de este informe. Para Natalia Macri, directiva de CEDU y asesora en gestión de empresas, hay un conflicto generacional. Si la base de la pirámide la ocupan las generaciones nacidas con una computadora debajo del brazo que piden más libertad organizacional, en la cúspide están los gerentes que se resisten a creer que la productividad puede mejorar trabajando desde un café o desde un hogar, con el empleado fuera de su vista. “Hay una tensión entre lo que las empresas sienten que deberían estar haciendo y lo que efectivamente hacen, porque saben que la tecnología puede traerles beneficios, pero en la acción están funcionando con modelos de políticas y organización de recursos humanos de hace 20 años.”, opina Gonzalo Icasuriaga, responsable de las áreas de Estrategia y Desarrollo Organizacional, y Liderazgo y Gestión de Personas de CPA Ferrere.

Las exigencias de las nuevas generaciones de talento evolucionaron de una manera distinta a como lo hicieron las leyes de trabajo. Esto está generando, por un lado, que las empresas enfocadas en exportar servicios de tecnología sufran una sangría de talentos que renuncian en las empresas con organización tradicional para teletrabajar, en la mayoría de los casos para empresas extranjeras, cuenta Leonardo Loureiro, presidente de CUTI. Por el otro, aquellas firmas que improvisan teletrabajo sin que exista una norma se encuentran en una brecha peligrosa. “Es peligrosa porque genera interpretaciones, riesgos y conflictos completamente innecesarios”, dice Boggino.

La realidad indica que cualquier trabajador, hoy, podría pedir horas extras porque las leyes no están en esa sintonía, ¿o usted nunca contestó un mail, o envió y recibió un mensaje por Whatsapp fuera del horario que firmó por contrato?

El argentino Sebastián Siseles es el vicepresidente de la plataforma internacional Freelancer, líder del mercado.
El argentino Sebastián Siseles es el vicepresidente de la plataforma internacional Freelancer, líder del mercado.

La zona gris

El panorama es ambiguo porque a los teletrabajadores de hoy se les exige que mantengan las mismas condiciones laborales que rigen para sus compañeros que van a la oficina. “Esto es difícil de lograr y atenta contra la modalidad misma”, dice Federico Muttoni, director de la consultora Advice. A su vez, es complejo determinar el tiempo de trabajo y controlar que este se cumpla. “En general se entiende que se puede otorgar al empleado flexibilidad en cuanto al momento del día en el que se loguee, dentro de una determinada ventana de tiempo, pero esta actual rigidez también atenta contra el sentido más amplio del teletrabajo de trabajar cuando uno quiere mientras logre los resultados que se esperan, o finalizar el trabajo en tiempo y forma”, agrega.

¿Y qué sucede con la seguridad y la salud en el domicilio? En la medida que exista una relación de dependencia entre las partes, el empleador es jurídicamente responsable de la seguridad del trabajador. “Se entiende que se deberá asegurar por parte del empleador, que en el desempeño de la actividad se dé cumplimiento a las normas de seguridad e higiene aplicables”, explica Muttoni, pero, ¿cómo se puede fiscalizar? ¿Los uruguayos quieren que las empresas les hagan una inspección ambiental de seguridad e higiene laboral en su casa? Macri, la directiva de CEDU, también menciona el problema del trabajo nocturno. ¿Y si un trabajador prefiere trabajar de noche? ¿Le corresponde al empleador incrementar el salario 20%, como dice la ley, por una preferencia personal?

Estas cuestiones son las que deberá definir la norma. “Hay temas que van a quedar abiertos para que cada sector los vaya regulando de acuerdo a su realidad en los Consejos de Salarios”, dice Macri, que participa en su redacción. Entre los desafíos más complejos está consensuar qué jurisdicción se aplica al momento de producirse un problema entre trabajador y empleador. “¿Qué legislación es la válida cuando un uruguayo trabaja para una empresa estadounidense que brinda servicios para Francia?”, plantea Loustaunau. Anuncia, además, que para responder al pronóstico de expertos que dicen que en 2025 la robotización eliminará 75 millones de empleos pero creará 133 nuevos, se está analizando incluir en la norma medidas de promoción -tal vez beneficios fiscales- que estimulen a las empresas a invertir en recalificar a sus trabajadores para que ejerzan teletrabajo.

Adiós al currículum

Elvira Domínguez, representante de las empresas en el Banco de Previsión Social, asegura que no hay indicios de que el boom del trabajo remoto esté creando relaciones de dependencia encubiertas. “Es una práctica muy riesgosa para el empleador y por eso no es usual”, opina. Sin embargo, el incremento de la creación de empresas unipersonales sin dependientes a cargo, en los últimos tres años, podría señalar que hay más empresas eliminando puestos que ahora se cubren con encargos. Loustaunau cree que esta economía conocida como gig ya es un hecho en nuestro país, y que está asociada al aumento de freelancers.

Guillermo Bracciaforte, uno de los fundadores de Workana, la plataforma de trabajo freelance enfocada en la región que recibe 100.000 registros nuevos por mes, no cree que estén reemplazando empleos formales. “Esto es un pool de talentos a los que las empresas de todos los tamaños pueden acceder para complementar las habilidades que necesitan para un proyecto temporal, negociando la paga con el freelancer que elija en cuestión de horas”.

Es en este ambiente que el subsecretario presume que hay una alta informalidad, coincidiendo con los testimonios de este tipo de trabajadores que se recabaron para este informe. En la misma línea, las estadísticas de la Caja de Profesionales indican que año a año crecen las declaraciones de no ejercicio de los inscriptos en profesiones relacionadas a tecnologías de la información y la comunicación, las más populares en este mercado online.

Ambas modalidades fueron reconocidas por la Organización Internacional de Trabajo como factores que contribuyen a que en el mundo existan más de 2.000 millones de empleos informales. Y esto, para Castellanos, del Pit-Cnt, se traduce en una mayor precarización. “El problema principal surge porque no existen mecanismos de control eficientes con potestades para fiscalizar a estos trabajadores”, reconoce Loustaunau. Sin embargo adelanta que hay una intención de trabajar sobre este tema, quizás estableciendo que las plataformas de freelancers fijen domicilio en nuestro país, o que funcionen como agentes de retención.

Sebastián Siseles, vicepresidente internacional de Freelancer, la líder mundial que tiene 32 millones de usuarios y 15 millones de proyectos concretados, descarta esta posibilidad. “No nos corresponde ponernos de auditores de una obligación fiscal porque somos intermediarios en una locación de servicios, no es un trabajo. Considero que es un error no declarar estos trabajos, pero este es un control que escapa a la plataforma. Es como si te tomaras un café y no te dieran la factura: el problema no lo tiene el que se tomó el café, si no el que vendió el servicio”.

Para Macri, la directiva de CEDU, entre los freelancers existe la idea de que están cobrando un salario mayor del que obtendrían en una relación de dependencia. Hay testimonios que estiman que ganan 40% más que en el mercado local. “Esto no sería así si calcularan lo que están perdiendo por no tener aguinaldo, salario vacacional, seguro de accidente de empleo y cobertura médica”, opina.

Pero el salario no es todo. La gran mayoría de los freelancers consultados priorizan la libertad de trabajar donde quieran, cuando quieran y con quien quieran. Y la agilidad del proceso. En los últimos nueve años, Mateo consiguió decenas de trabajos sin presentar un solo currículum vitae. También contrató a freelancers de Ucrania, China, India y Uruguay para completar sus proyectos personales. En el mundo de las plataformas no hace falta presentar un título universitario: la reputación se arma en base a la puntuación en estrellas y las reseñas que dejan los empleadores ocasionales en cada perfil profesional, aunque también se pueden realizar distintos tests para mejorar la calificación.

El salario se negocia online, de acuerdo al proyecto que quiera desarrollar el cliente. Las plataformas cobran una comisión escalonada que varía entre el 20% y el 5%. Y les ponen fin a la pesadilla de perseguir al cliente para cobrar: utilizan un sistema de cobro que garantiza el pago convenido, recibiendo el dinero del cliente antes de activar el proyecto y liberándoselo al freelancer una vez que lo concretó satisfactoriamente. El dinero se deposita en una cuenta bancaria, tarjeta de crédito o por PayPal. En algunas ocasiones puede suceder que el cliente termine contratando formalmente al freelancer por fuera del sitio y lo sume a su plantilla. Esto le pasó a Mateo, aunque complementa este ingreso con más proyectos eventuales, que no declara.

El éxito del modelo amplió las categorías de servicios de Freelancer a 1.350, entre las que hay especialidades como astrofísica, ideales para lograr su siguiente objetivo: conquistar el interés de las grandes empresas, esas que mueven la aguja. Esta plataforma ya trabajó con la Nasa, el Departamento de Energía de Estados Unidos y acaba de conseguir como cliente a una de las firmas más ricas del mundo. Mientras tanto, ya compró a otras 20 plataformas que intentaron hacerle sombra.

Desde su oficina en alguna parte del mundo, Siseles dice: “No hay vuelta atrás para el trabajo remoto. Estamos a mitad de camino de nuestro crecimiento. Esto recién empieza”.

BSE probó teletrabajo con empleados de su plantilla

La experiencia pionera de la consultora Jobing en Uruguay fue con el Banco de Seguros del Estado (BSE), junto a CPA Ferrere. A fines de 2017 comenzó un largo proceso que llevó adelante un equipo integrado por distintas áreas del BSE (legales, recursos humanos, arquitectura, tecnología). Según Fabio Boggino, “que la persona trabaje desde su hogar es el último paso”. Primero se capacitó a los 30 empleados. Se analizó qué tareas eran teletrabajables y por cuántos días. Se armó un manual de competencias para que los empleados sean productivos en su hogar, y un modelo con las características que debe tener un telesupervisor. A los trabajadores se les dotó de las herramientas necesarias y se armaron contratos con adecuaciones legales. El resultado fue “muy satisfactorio” y se aprontan para comenzar pronto una segunda experiencia con un grupo aun mayor.

Beneficios y problemas de implementar el trabajo remoto

Esta modalidad surgió a partir de 2010, punto de inflexión en el desarrollo de la tecnología: aumentó el ancho de banda, mejoró la conectividad y surgieron herramientas baratas y rápidas para sustituir los encuentros presenciales en oficinas. El trabajo se volvió global, pero también permitió flexibilizar la organización tradicional de las empresas. Entre las ventajas que los expertos describen, la más importante suele ser una mayor satisfacción y la reducción del ausentismo, lo que conlleva una mejor productividad. Luego comienzan los ahorros, dependiendo de si implementan el teletrabajo gradual (algunos días a la semana) o full time. Entre los beneficios, se reducen los costos de alquiler, consumo de energía eléctrica, agua, teléfono, servicios de limpieza, papelería, probabilidad de accidentes laborales. “Permite la integración de personas en situación de discapacidad, es un elemento de atracción y retención de personas talentosas que quieren mayor libertad para trabajar, y le da a la organización una capacidad ilimitada de expansión con colaboradores trabajando en muchas partes al mismo tiempo”, opina Federico Muttoni, de la consultora Advice. Entre los puntos en contra, se menciona el aislamiento -lo que motiva a que algunas empresas alquilen espacios de coworking para reunir a sus equipos una vez a la semana-, una desmejora de la calidad de vida si el trabajador no es disciplinado para desconectar del trabajo y, en el polo opuesto, puede disminuir su rendimiento si no es un buen jefe de sí mismo y trabaja poco. Genera menor identificación con la empresa y su cultura.

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