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Un viaje del esplendor a la decadencia

El mantenimiento del principal estadio del país y monumento del fútbol mundial se convierte en un desafío cuando sus ingresos se ajustan. Mientras las autoridades deciden cómo será su reforma, su estructura sigue envejeciendo y el deterioro por el uso se hace más visible.

Cerca de 20 empleados hacen mantenimiento de las 6.235 butacas y más de 50 baños. Foto: F. Ponzetto
Cerca de 20 empleados hacen mantenimiento de las 6.235 butacas y más de 50 baños. Foto: F. Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
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Foto: Fernando Ponzetto

El único estadio del mundo declarado Monumento del Fútbol Mundial por la FIFA recibe hoy a los turistas con un engrudo de basura entre sus tribunas. Hay latas de refresco y duraznos en almíbar viejas, caños rotos, madera triturada, y hasta un ejemplar del boletín de la Asociación de Escribanos del Uruguay que alguien desechó. La mayoría de las butacas están en su lugar, aunque cada tanto la serie se ve interrumpida por un espacio vacío que deja desnudo al cemento gris. Entre las tribunas, bolsas negras esperan por ser recogidas. Y en las rendijas, muchas colillas. Tal vez tantas como partidos que han mantenido en vilo a los hinchas en sus 86 años de vida.

Pero si existe en el mundo un lugar con tanto fútbol contenido entre sus muros, ese es el Centenario, y su imponente estructura al calor del sol de invierno hace difícil ignorarlo. Llegan a verlo de todas partes: brasileños, japoneses, rusos, alemanes y hasta ingleses, que besan el concreto de las tribunas conmovidos por encontrarse con tal pedazo de historia. Hay descendientes de uruguayos que quieren empaparse con parte de su identidad y hasta exiliados de la dictadura o emigrantes de décadas anteriores que vuelven, mate en mano, a revivir el ritual idiosincrásico local por excelencia. Para estos últimos, el estadio que atesoran tras sus retinas es casi el mismo que ahora ven, tal vez un poco más celeste.

En el mes de junio los anfitriones del fútbol fueron los espectaculares estadios con que Estados Unidos alojó al resto del continente para la Copa América. La casa de los New York Jets, el MetLife Stadium, —donde hoy se jugará la final entre Argentina y Chile— tiene capacidad para 82.500 personas, una pantalla HD de 35 metros de largo, y transforma el color de su fachada según la ocasión.

Ante un estadio local envejecido y con apenas recursos suficientes para mantenerse en pie, muchos sueñan con que el Centenario pueda, algún día, parecerse a los grandes.

Vidas entre las butacas.

"El estadio es tan grande que empezás por un lado y cuando terminás tenés que arrancar de nuevo", dice el intendente interino del Centenario, Daniel Lema. Trabaja desde hace 25 años en el lugar, lo quiere y cuida tanto como a su casa. Sin embargo, a pesar de que la última vez que hubo partido en el Centenario fue el 12 de junio —Peñarol contra Plaza Colonia—, 10 días después la basura sigue esperando por ser recogida.

La explicación es que apenas terminó el partido del día 12, todos los esfuerzos fueron para el césped, que estaba visiblemente deteriorado. A su vez, en estos días se aprovechó a dar licencias, y como no hay actividad futbolística por un buen tiempo los esfuerzos están centrados en el campo de juego, agregan desde la Comisión Administradora del Field Oficial (Cafo), encargada de mantener el estadio.

En estos días hay seis funcionarios que se dedican enteramente a reparar la cancha, reemplazar el césped y cubrirla para que quede impecable de cara al Campeonato Uruguayo Especial 2016. "Se va a resembrar la cancha totalmente, se va a tapar dentro de unos días para que las heladas no perjudiquen la siembra, para que quede cero kilómetro", promete Enrique Baldrich, presidente de Cafo.

La comisión tiene 34 empleados. Hay dos encargados de cancha, unos seis funcionarios que se dedican a barrer entre los 60.235 asientos y limpiar los más de 50 baños, un electricista, un carpintero, un herrero, un pintor, un sanitario, un albañil y tres serenos. En la década de 1980 la plantilla superaba la centena.

Lema camina por los pasillos que hay debajo de las tribunas y recuerda una historia por cada metro cuadrado que avanza. Dice que le consiguió una bicicleta ergométrica a Paul McCartney, que conversó con los ídolos pop de One Direction y que a pesar de las estrictas normas que le impedían acercarse a Rod Stewart en una de sus visitas, el rockero inglés se metió por su cuenta dentro del taller de quien solía ser el mecánico del estadio y quedó sorprendido con todas las imágenes de mujeres con poca ropa que cubrían las paredes.

Hace años, dice, estaba sentado en la butaca número cinco de la platea de la América cuando los jugadores de Estudiantes de La Plata llegaron a visitar el estadio. Juan Sebastián Verón pasó por su costado derecho y cuando reconoció la marca de mate que estaba tomando se le sentó al lado, a charlar. Los años hacen que se pierda el fanatismo y Lema solo se entusiasma cuando juega la celeste o Liverpool, el cuadro de sus pasiones.

Del Papa hasta los Rolling Stones, todos los grandes que vienen a Uruguay eligen el Centenario y por eso los que trabajan en la limpieza son capaces de pasar día y noche en movimiento. Lo hacen "por la causa", como suelen decir a los que vienen de afuera. Es fácil encontrar empleados que han pasado la mitad de sus vidas allí, que no ahorran adjetivos al hablar del cariño que le tienen. Es posible que falte personal, pero trabajo duro seguro que no, dicen. A pesar de los efectos del tiempo, de las hinchadas destructivas y de las carencias, cada vez que hay un recital o un partido, el equipo puede llegar a trabajar más de 12 horas seguidas para dejar al estadio en condiciones. A veces, pasan cuatro días bajo ese régimen y las noches sin dormir no son ninguna novedad. Esos días, el electricista ayuda con la cancha, el canchero con los baños y, si se necesita, todos barren.

La reforma prometida.

En 2013, Cafo le encargó un informe a un equipo técnico coordinado por el arquitecto Salvador Schelotto para diagnosticar su situación edilicia y saber qué tipo de reparaciones serían necesarias para convertir al Centenario en un estadio FIFA. Tres años después el informe sigue siendo confidencial, y Cafo mantendrá el secreto hasta que se llame a una licitación para la reforma esperada y anunciada varias veces por las autoridades.

El estudio de 2013 fue general, sin utilizar técnicas invasivas sobre el hormigón, explica Schelotto. En ese momento se encontraron "patologías concretas" en el cemento, oxidación en los hierros, fisuras en las paredes y filtraciones de agua, pero en general, las conclusiones fueron "positivas".

Sí se señalaron varios problemas de mantenimiento en instalaciones eléctricas y sanitarias, además de faltas en términos de seguridad y señalización. Por otro lado, no existía un protocolo de actuación, es decir, un mapa de ruta sobre cómo realizar las distintas reparaciones. El jefe del departamento de Estructuras de la Facultad de Ingeniería de la UdelaR, Atilio Morquio, también participó del estudio y recuerda que a pesar de que el diagnóstico era aceptable, se encontró que algunas de las reparaciones que se han hecho en el estadio a lo largo de los años "no siempre estuvieron bien hechas".

Aún así, todo indicaba que la reforma era posible y que no había peligros que pudieran obligar a tirar el escenario abajo.

El estudio se encargó con la premisa de lanzar un plan de reforma en la previa del Mundial de fútbol 2014. El tiempo pasó y recién a fines de 2015 Cafo anunció un concurso de ideas, pero la licitación se sigue discutiendo. En tres años, todavía hay muchas cuestiones por resolver antes de tirarse al agua.

A mediados del año pasado, el diputado suplente nacionalista, Daniel Graffigna, solicitó el cierre temporal del lugar al encontrarse con un informe de la Intendencia de Montevideo —posterior al de Schelotto— que detectaba más de lo mismo. Vidrios rotos, tribunas con hierros a la vista, fisuras en paredes, falta de limpieza y de mantenimiento en general. Graffigna reclama que se haga un estudio más a fondo de la estructura y la resistencia del cemento, algo que hasta el momento sigue sin concretarse.

En su momento, Baldrich acusó a Graffigna de hacer "propaganda alarmista". A varios meses del episodio, desde Cafo afirman que tienen los permisos correspondientes de Bomberos y la Intendencia. También sostienen que las reparaciones más urgentes se hicieron y, aunque todavía se le ven varios flancos, también se pueden encontrar arreglos. Debajo de las tribunas, en la Torre de los Homenajes, se encuentran baños remodelados desde cero en la tribuna América y paredes pintadas hace poco tiempo.

Baldrich reconoce que la falta de presupuesto puede demorar los arreglos y estima que, en promedio, el mantenimiento cuesta US$ 100.000 por mes. Según afirma, el gasto se equilibra con los ingresos. Una de las preocupaciones a futuro es sobre los ingresos del estadio, ya que Peñarol y Nacional ahora juegan en sus propios escenarios. Cafo responde que los espectáculos van a compensar esa pérdida. El show de los Rolling Stones, por ejemplo, le dejó a la comisión la ganancia correspondiente a cinco clásicos de concurrencia importante.

Sobre los protocolos, dicen que se fueron realizando paulatinamente, de forma "artesanal", y de momento no cuentan con un técnico a cargo ya que el arquitecto responsable fue despedido hace algunas semanas, "por decisión de la comisión". Baldrich cierra con una promesa: "Lo que está mal vamos a intentar solucionarlo. Nosotros vivimos para el mantenimiento del estadio Centenario".

La ilusión de un estadio Fifa.

En el momento de la inauguración del Centenario y de su bautismo se cumplían 100 años de la Jura de la Constitución. Pronto, el estadio habrá llegado al siglo y para entonces se prepara una gran fiesta. Ya sea como sede de un eventual mundial de fútbol en Uruguay y Argentina o para la celebración de un "mundialito" dentro de 14 años, el "coloso de cemento" será otro.

Hace poco más de dos meses que las autoridades de la Intendencia de Montevideo (IMM) —lo que incluye al propio intendente Daniel Martínez—, la Asociación Uruguaya de Fútbol, la dirección de Deportes y Cafo se reúnen para ponerse de acuerdo en la elaboración de un pliego para la licitación de la reforma del estadio hacia 2030. Por ahora, las autoridades no tienen una fecha límite en el corto plazo.

Las propuestas sobran. Tanto en la IMM como en Cafo hablan de una oferta de la empresa Hyundai, así como también de "importantes emprendimientos brasileños" y empresas locales. Pero la principal preocupación tiene que ver con cómo se va a amortizar la inversión que se hará. "El financiamiento se consigue, pero ¿cómo hacés para repagarlo?", se pregunta Fernando Nopitsch, secretario general de la IMM.

Los miembros de la comisión coinciden en que la reforma tiene que incluir al Parque Batlle. "Nuestra idea es reconvertirlo como parque deportivo", agrega Nopitsch. Entre las posibilidades que se manejan está la construcción de una cancha de fútbol infantil en el Velódromo, ciclovías, un centro de alto rendimiento deportivo e incluso un hotel.

Estudios de arquitectos y empresas interesadas en participar aguardan por una resolución de las autoridades que les permita participar del tan anunciado "concurso internacional". "El Centenario constituye hoy uno de nuestros grandes ejemplares de arquitectura y es una experiencia moderna por la tecnología usada en el momento", explica el arquitecto y expresidente de la Comisión de Patrimonio William Rey.

El grado 5 cree que además del redireccionamiento del estadio como sede de los eventos culturales más importantes, su inclusión en la lista del Patrimonio de la Humanidad o Patrimonio Mundial de la Unesco podría reforzar el interés turístico, algo que ya se está dando ganancias a Cafo, a través del Museo del Fútbol.

De momento, el estadio no está ni siquiera en la lista "indicativa" de posibles candidatos, y Rey cree que tiene "altísimas" chances de ser considerado. Además del reconocimiento, "las posibilidades de llegada de visitas se multiplicarían exponencialmente", dice Rey, quien indicó que hará la propuesta a la Comisión de Patrimonio.

Las ideas para el futuro del estadio sobran, al igual que el tiempo. Mientras, el monumento sigue envejeciendo a la espera de su reforma.

Acoge a una escuela, una comisaría y varias oficinas.

Las entrañas del Centenario parecen un galpón viejo en el que funcionan múltiples talleres. A su alrededor hay una escuela, una seccional policial, oficinas de diferentes instituciones deportivas como la Asociación Uruguaya de Árbitros de Fútbol, la Secretaría de Educación Física, Deporte y Recreación de la Intendencia, una clínica médica, entre otras. Cuando se proyecte la reforma, las autoridades esperan poder trasladarlos a otra ubicación. De hecho, el Ministerio del Interior ya prometió mudar la seccional policial.

Concesión en espera de ser aprobada por la Junta.

La Intendencia de Montevideo y la Comisión Administradora del Field Oficial (Cafo) tienen pendiente la renovación del documento que establece la concesión del edificio a la comisión, que tenía una duración de 30 años y venció. Según explicaron desde Cafo, las condiciones ya fueron acordadas y se está a la espera de la aprobación de la Junta Departamental de Montevideo. El documento corrige algunos "asuntos pendientes". Uno de ellos tiene que ver con un porcentaje de las ganancias de Cafo que le corresponderían a la Intendencia y que, históricamente, la comuna cedió a la comisión para que lo reinvirtiera en sus instalaciones. En los papeles ese porcentaje ha figurado como deuda a través de los años, pero ahora se pretende "transparentar" la situación, según explicó a El País el secretario general de la comuna, Fernando Nopitsch.

En camino a un estadio mundialista.

El Centenario cumple con todas las condiciones para ser declarado Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, explicó el arquitecto y docente de la Facultad de Arquitectura William Rey. Para el experto, tiene todas las características solicitadas por la organización internacional: universalidad, excepcionalidad, integridad y autenticidad. El arquitecto se propone hacer ingresar al estadio entre los candidatos que Uruguay postula frente a la Unesco, lo que podría darle mayor reconocimiento a nivel mundial e incrementar el flujo de turistas que visitan este tipo de construcciones. De ser aprobado, se necesitaría la elaboración de un "dossier", que cuesta cerca de US$ 50.000, para justificar la postulación. En este tipo de documentos deben trabajar varios técnicos. El mismo Rey coordinó la elaboración del documento que logró que el Frigorífico Anglo, en Fray Bentos, ingresara al patrimonio mundial, y cree que la experiencia adquirida en el proceso podría ser útil.

Por otra parte, el arquitecto Luis Rodríguez, responsable de idear el recientemente inaugurado estadio Campeón del Siglo, explicó las principales reformas que necesitaría el Centenario para ser un estadio FIFA.

En primer lugar, debería tener una capacidad de más de 60.000 espectadores y el espacio necesario para instalar a los miles de equipos periodísticos que se trasladarían al estadio en un eventual mundial. El arquitecto cree que se debería mejorar además el acceso a los puestos de venta y baños. Señala que la iluminación debería estar pensada al detalle para que la transmisión televisiva sea óptima. La FIFA exige además que los estadios mundialistas estén techados y, aunque en Uruguay no nieva ni se dan fenómenos climáticos extremos, se debería buscar una solución para su instalación. La visibilidad sería otro tema a mejorar. "Se ve chico y se ve de lejos", apuntó el arquitecto. Una de las soluciones sería acercar las butacas hacia la cancha, lo que permitiría ampliar las localidades. Por último, Rodríguez señaló la accesibilidad como una de las principales limitaciones actuales.

"Soluciones técnicas sin duda que hay. El tema es a qué costo", concluyó.

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