RELACIÓN DESCONOCIDA

Malvinas, el hermano británico

Para los uruguayos, las Malvinas apenas se conocen por el episodio bélico de 1982. Pero los isleños tienen un vínculo más estrecho y nos ven como el segundo país más cercano: los enfermos graves van al Británico, leen noticias locales y hasta comen nuestros productos típicos.

Stanley es la única urbanización y concentra todos los servicios. Foto: Mathías da Silva
Stanley es la única urbanización y concentra todos los servicios. Foto: Mathías da Silva

En la semana que estuve en las Falklands/Malvinas percibí la cercana relación de los isleños con Uruguay. Pero esa sensación llegó al punto cúlmine la noche previa a mi retorno, cuando fui a la casa del parlamentario —ellos les dicen MLA (miembros de la asamblea legislativa)— Roger Spink y su esposa brasileña Helena a cenar, junto con amigos de la familia. De un momento a otro, después del aperitivo, me encontré hablando en inglés sobre la renuncia a la vicepresidencia de Raúl Sendic, la polémica generada por la ley de "cincuentones", la detención del sindicalista argentino Marcelo Balcedo y hasta de noticias del momento como el asesinato cometido por el "Kiki".

La escena es reflejo de la proximidad que sienten los isleños, que atraviesa generaciones y lleva a que, a diferencia de lo que ocurre en buena parte del mundo, cuando uno dice Uruguay no solo sepan dónde está ubicado geográficamente sino también muchas de nuestra características y costumbres. "Uruguayo", afirmando la "y", bromearon varios luego de que les dijera mi nacionalidad.

Las caras nuevas no pasan desapercibidas en un territorio donde viven 3.400 personas y con un único centro urbano, Port Stanley (también denominado Puerto Argentino), cuya población no supera los 2.400 habitantes. Una muestra de lo pequeña y unida que es la comunidad es un gesto que transcurridos los días casi llega a exasperar: un saludo con los dedos índice y mayor cuando un conductor se cruza con otro auto, que pueden llegar a hacerlo más de 50 veces en un día.

La estrecha relación también queda de manifiesto en las palabras del MLA Roger Edwards —elegido por cuatro períodos consecutivos para el Parlamento local, que tiene ocho integrantes—, a quien no dudaría en definir como "el político de la isla" por su porte y su modo de hablar. Edwards me dijo que después de Inglaterra (que por obvias razones es la principal referencia de los isleños), Uruguay es el país que sienten más cercano.

Para empezar, Montevideo es la capital más próxima a las Falklands/Malvinas y nuestro puerto es el lugar de parada previa de sus importaciones y de salida de sus exportaciones.

A los isleños les gustan los chacinados de Cattivelli y Otonello, el dulce de leche de Conaprole y Lapataia, la yerba Canarias y hasta han probado los asados en el Mercado del Puerto.

Mi primer contacto con un nativo fue en el avión de Latam, la única conexión aérea con la isla, que hace una vez a la semana el trayecto de Punta Arenas (Patagonia chilena) a Mont Pleasant (base militar y aeropuerto de las Falklands/Malvinas). Un sesentón, que por su aspecto y primer comentario ni bien le dije que era de Uruguay, podría pasar por un compatriota: "Es un país muy caro, igual que la isla", exclamó, y me contó que lo conocía porque reparaba barcos y muchas veces ha estado en el puerto de Montevideo.

Un caso aparte es Jennie Forrest, directora de la agencia de viajes de la isla y representante de Latam, quien junto a su esposo suelen venir a la costa uruguaya para escapar del invierno malvinense, frío y ventoso, aunque rara vez llega a haber temperaturas bajo cero. Tienen una casa en Playa Verde, lugar que eligieron luego de que su marido visitara el Yacht Club de Piriápolis y le encantara la zona.

Forrest me comentó que siempre miraban con asombro "El Gran Chaparral" (la residencia de Balcedo en ese mismo balneario de Maldonado) y que se transformaron en fanáticos de los helados de El Faro: "Tengo mi heladera siempre llena, mi sabor favorito es el Ferrero Rocher", comenta entusiasmada. También que se levanta a las 4:30 am para usar el internet libre —un servicio caro en la isla, pero gratuito entre la medianoche y las 6 am— y cargar todas las noticias que le interesan de los portales del Reino Unido, Uruguay, Argentina y Chile; luego se vuelve a acostar y lee los artículos más tarde.

La tranquilidad y hasta por momentos monotonía que domina la vida en las Falklands/Malvinas es cada tanto alterada por una emergencia médica que se atiende en el hospital local, pero en casos graves los pacientes son trasladados en helicóptero a Chile o Uruguay, donde la atención la hace el Hospital Británico.

Otro de los parlamentarios, Mark Pollard, recuerda a su abuela uruguaya, que precisamente fue enfermera del Hospital Británico. La hija de ella y madre de Mark, me contó que sigue en contacto con su familia en Uruguay y hasta los visitó hace unos años. Se alojó en Montevideo en un barrio cercano a Colón, cuyo nombre no recuerda aunque en su memoria quedó como algo parecido a "las brujas".

A nivel político, Uruguay es de los pocos países que tuvo un consulado en Stanley en la década de 1930, algo recordado con destaque en el museo de la isla. También hay malvinenses que estudiaron en Montevideo en el British School, previo a que se construyera un liceo en la capital isleña.

Según el último censo de 2016, 12 uruguayos viven en la isla. Durante mi estadía intenté contactar a Karina Serpa, "la uruguaya" que varios nativos me nombraron cuando preguntaba por la existencia de algún compatriota. Cuando fui a su trabajo (la tienda Teaberry Café) sus compañeros me dijeron que se había tomado unos días libres porque justo el día que yo partía ella se casaba con un isleño.

Hablamos por teléfono y se excusó de atenderme. Al parecer todo salió bien, y según dio cuenta el periódico local Penguin News, "Karina vestía glamorosa con un vestido de corte sirena de gasa y marfil de seda cubierto de perlas", y como hecho anecdótico el artículo relata que "los más de 50 invitados brindaron con Medio y Medio, una bebida tradicional uruguaya".

Ayer la contacté vía WhatsApp y me contó que se casó con Owen, un isleño al que conoció en Montevideo años atrás, porque él venía por trabajo uno o dos meses al año. Luego de mantener una relación con contactos esporádicos durante ocho años, decidió trasladar su vida a las Falklands/Malvinas a finales de 2012.

Cuando le hablé de mi sorpresa por la cercanía de los isleños con nuestro país, asintió y recordó que fue "muy bien recibida" cuando se fue a vivir allí. "Aquí dices Uruguay y lo más común es que te devuelvan una sonrisa y un comentario positivo acerca de nuestro país", me dijo.

Además, me remarcó que "las buenas relaciones entre las Falklands y Uruguay son históricas", lo que me quedó claro al visitar el museo local. Ahí se cuenta la historia de Andrez Pitaluga, oriundo de Gibraltar pero que vivió en Uruguay. En 1841 se instaló en la isla y pasó a ser uno de los primeros residentes —su descendencia aún mantiene la granja "Rincón Grande". También es posible saber acerca de "la nativa de Buenos Aires pero mitad montevideana" Antonina Roxa, considerada la primera "mujer gaucho", como llamaban a los primeros granjeros. Finalmente, el museo recoge la vida de Samuel Fisher Lafone, un empresario británico que vivió en Uruguay y tuvo nacionalidad uruguaya. En 1851 Lafone fundó The Falkland Islands Company, que hoy es la compañía privada más grande de la isla con variados negocios.

La semana del deporte entre los perros y las ovejas

Cuando llegué a la isla me dijeron que era una buena fecha, porque era "la semana del deporte", una serie de competencias tradicionales que organiza cada año la Asociación de Granjeros. Esperando ver un partido de fútbol u otro deporte conocido, un día fuimos cerca de Goose Green, la mayor granja de la isla. Pero para mi sorpresa, la competencia "Dog Trials" consistía en un perro y su dueño que en menos de 12 minutos debían arrear cinco ovejas en tres etapas: primero hacia un círculo, después llevarlas a una portería y luego dejarlas dentro del corral. Ante la vista de unos 40 espectadores (algunos comiendo y tomando cerveza), 13 competidores buscaban llegar al máximo de 50 puntos y eran evaluados por cinco jueces. El chileno Christian Castro, que va a la isla todos los años a trabajar en la zafra en una granja, fue quien logró la mayor puntuación.

Reminiscencias de la guerra que aún siguen presentes

La habitual cordialidad en el trato de los isleños solo se interrumpe cuando se menciona la guerra entre Gran Bretaña y Argentina en 1982. Hay quienes prefieren cambiar de tema, otros hablan a regañadientes y algunos (los menos) se explayan. Todos coinciden que marcó un antes y después, porque los unió y determinó que Gran Bretaña les prestara más atención. Es llamativo que aún en varias zonas montañosas perduren prendas y artefactos de las tropas argentinas que llegaron a las Falklands/Malvinas y tras 74 días fueron derrotadas. Al costado de una ruta, veo los restos de un helicóptero argentino y le pregunto a un isleño por qué eso nunca fue recogido. Las razones son dos: para que excombatientes se fotografíen y para que todos sepan que no se puede volar en ese espacio aéreo sin autorización.

* Viaje por invitación del gobierno local que gestionó la Embajada británica en Uruguay.

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