EDITORIAL
diario El País

La viga en el ojo propio

Cuando empezó la pandemia, protestaron porque el gobierno no decretó un confinamiento obligatorio. Incluso a los cacerolazos. Después aclararon que nunca lo habían pedido.

Pero al mismo tiempo, sus principales líderes lo seguían reclamando: el expresidente Mujica llegó a pedir toque de queda, con todas las letras.

Al principio, también protestaron porque el presidente brindaba conferencias de prensa todos los días. Cuando dejó de hacerlo, protestaron porque no las brindaba.

A pesar de no haberse decretado la cuarentena general que ellos mismos habían exigido, el año pasado protestaron porque algunas actividades demoraban en volver a autorizarse.

Cuando fueron reactivadas, también protestaron.

Con el objetivo de contener la movilidad, el Poder Ejecutivo envió al parlamento un proyecto de ley para limitar el derecho de reunión, sin el cual no sería posible disolver aglomeraciones o impedir fiestas masivas.

No lo votaron. La ley debió ser aprobada por la mayoría oficialista y fue aplicada por las autoridades competentes, lo que a su vez generó protestas por una supuesta acción represiva de la policía.

Siguieron convocando a manifestaciones. Ahora reclaman restringir la movilidad, o sea que exigen mayor rigor del gobierno en cumplimiento de la norma que ellos mismos habían rechazado.

El año pasado protestaron porque se suspendió la presencialidad en la educación. "¡Primera vez que un gobierno declara a la enseñanza no obligatoria!", vociferaron. Pero cuando la presencialidad se reactivó, también protestaron. "No están dadas las condiciones sanitarias", declamaron.

También en 2020 protestaron por la falta de vacunas y pusieron el ejemplo supuestamente virtuoso de Argentina. Pero resultó exactamente al revés, como todos ya sabemos.

El agravamiento de la pandemia, que venimos padeciendo en abril y mayo, los llevó a la más completa exasperación.

Ahora reconocen que hace un año el gobierno manejó las cosas bien (¡un poco tarde!) pero solo para proclamar que la estrategia actual debe corregirse.

No explican muy bien cómo. Reclaman más subsidios sin aclarar de dónde saldrían los recursos. Promueven bajar la térmica, mientras medio país reclama precisamente lo contrario: restablecer la actividad.

Es difícil, casi imposible lidiar con una oposición tan contradictoria, tan reactiva al golpe del balde, tan enfocada a denunciar la paja en el ojo ajeno y obviar la viga en el propio.

Sufrimos los efectos sanitarios y económicos de una pandemia que está asolando al mundo, pero la oposición uruguaya denuncia muertes “evitables”.

Sufrimos los efectos sanitarios y económicos de una pandemia que está asolando al mundo, pero la oposición uruguaya denuncia muertes "evitables". ¿Evitables cómo? "¿Evitables cuántas?", como bien preguntó el joven militante nacionalista Santiago Gutiérrez a la jerarca departamental de Montevideo Fabiana Goyeneche, en el programa Todas las voces de canal 4.

Si lidiar con tanta insensatez es difícil, tener que aguantar esos despreciables insultos demagógicos es triste, muy triste.

El presidente manifestó su buena disposición a atender algunos reclamos de los legisladores frenteamplistas, en la reunión del miércoles pasado. Pero las declaraciones a la prensa siempre iracundas de esos voceros, contrastantes con el correcto intercambio de ideas puertas adentro, dan muestra demasiado evidente de un aprovechamiento electoralista de la crisis. Si ellos no se dan cuenta, alguien debería decirles que la gente sí lo nota y de modo muy claro.

En momentos como este es cuando más se valora la templanza y el liderazgo de los gobernantes. En el Poder Ejecutivo hay una actitud generalizada de mantener la calma, optimizar el plan de vacunación que más tarde o más temprano nos sacará de esta tormenta y dar pasos cautelosos y seguros, tanto en la reapertura de actividades como en la subvención a los sectores más postergados.

"Palos porque bogas y si no bogas, palos", gustaba decir el inolvidable Gonzalo Aguirre, cuando la oposición criticaba todo, aun a riesgo de incurrir en contradicciones. "Hacete cargo, muchacho" ha dicho por su parte el inefable Daniel Martínez, como si el dolor de la crisis sanitaria fuera una mera excusa para botijear a quien le ganó en las urnas.

Deberían comprender que del ridículo no se vuelve. Y tampoco de la infame evidencia de que se están aprovechando de una tragedia atroz para hacer el proselitismo más burdo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados