EDITORIAL
diario El País

Feminismo, ideología e igualdad

Uno de los temas de sociedad que ha sucumbido a una visión izquierdista casi hegemónica es el del feminismo. Y un libro que analiza eso con gran detenimiento e inteligencia, es el que escribió en 2019 Pablo de Lora, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, “Lo sexual es político (y jurídico)”.

De entrada, de Lora escribe algo bien sencillo que de acuerdo al discurso feminista izquierdista es algo que está muy mal, pero que es la base misma de la realidad que todos vivimos: “la división binaria entre hombres y mujeres en la especie humana como un hecho biológico primario no es (…) ninguna ocurrencia ni ninguna oscura maniobra ideológica al servicio de malignos intereses”. No hay que darle mucha vuelta: hay hombres y hay mujeres. El sexo no es una construcción social como sí lo son algunas realidades institucionales abstractas que dependen de una matriz social de creencias, como, por ejemplo, el poder de compra del papel dinero o las obligaciones del matrimonio.

Esto, tan elemental, choca con la interpretación que se ha hecho de la célebre frase de Simone de Beauvoir, “no se nace mujer: se llega a serlo”. Esta tesis de la filósofa francesa es sencilla de sintetizar, según de Lora: “la condición de mujer va más allá de lo puramente biológico y es conformada a partir de un conjunto de expectativas y roles que tienen en esa circunstancia sexual su base”.

La clave es entender que hay dos sentidos de la palabra mujer: por un lado, la condición sexual y por otro lado la propiedad de género. Nadie puede negar que, efectivamente, existen usos culturales que diferencian a partir del sexo y de manera injustificada o irracional, tareas, funciones o roles que se estiman más de hombres que de mujeres o viceversa. El problema llega cuando esta dimensión de la cuestión del feminismo termina imponiéndose por sobre la concepción individualista del ser humano, y esa es efectivamente la tendencia feminista hegemónica y antiliberal que en los últimos años ha ganado terreno.

Así, la batalla por la igualdad entre hombres y mujeres, que está en el origen del pensamiento feminista de varios siglos ya, ha cambiado con el discurso feminista izquierdista. Para esta perspectiva radical, lo que importa es la afiliación voluntarista de la identidad de género. Ella se afirma así desde una perspectiva de vivencia interna o personal, independientemente del sexo que se tenga. Y esto es, justamente, lo que de Lora encuentra criticable de esta concepción feminista, sobre todo por un motivo que refiere a las pruebas científicas sobre estos asuntos, pero también, claro está, a razones del sentido común que son las que nos dicen que es natural y evidente que existen hombres y mujeres.

Escribe de Lora: “los estudios científicos revelan que entre el primer y el cuarto año de vida se conforma la identidad de género, y que esta puede ser cambiante, si bien entre los 6 y 7 años se estabiliza”. La verdad es que centrar la batalla feminista sobre estos asuntos, es decir, hacer que la cuestión de género se imponga siempre sobre la condición sexual, en cualquier momento y porque sí, implica de alguna forma negar el individualismo moral que es propio de la modernidad liberal.

La concepción del feminismo hegemónico radicalizado izquierdista, termina haciendo mucho daño a la causa del feminismo moderno que defiende la igualdad moral de todos los seres humanos.

Y aquí llegamos al centro del problema. El feminismo izquierdista ha hecho del tema de la igualdad sexual un campo de batalla en el que se vuelve esencialista e identitario algo tan sencillo y natural como ser hombre o ser mujer, para desde allí plantear una especie de lucha social entre seres radical y moralmente diferentes. Todo el asunto del patriarcado, del hombre en sí entendido como un violador por el mero hecho de ser hombre, o de la mujer en sí definida como una víctima por ser mujer, se funda en esta negación filosófica de la igualdad de las personas independientemente del sexo que tengan. La verdad es que existen hombres y existen mujeres, y no debe negarse la feminidad so pretexto de que ella sea un hecho cultural.

Hay muchísima tarea para hacer en el sentido de avanzar en la igualdad de oportunidades entre los sexos, pero ella no debe apoyarse en una concepción que niega la condición sexual, o que impone un discurso de género que ve en cada hombre a un enemigo de cada mujer. Esa concepción, que es la del feminismo hegemónico radicalizado izquierdista, termina haciendo mucho daño a la causa del feminismo moderno que defiende la igualdad moral de todos los seres humanos.

El libro del español de Lora es así un gran aporte para analizar este grave problema de sociedad que se ha extendido por las democracias de todo Occidente.

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