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Vivir en el Uruguay profundo

Servicios malos


@| No es un descubrimiento afirmar que la vida en el interior conlleva ventajas, casi siempre referidas a la calidad de vida. Hubo una época - ya pasada - que la seguridad era una de sus características. Hoy estamos expuestos al robo igual que en las ciudades, a tal punto que los vecinos de la zona nos dividimos entre los que ya hemos sufrido robos y los que todavía no (gran minoría). Por otro lado, son los adelantos tecnológicos los que acortan la diferencia, ya que ahora se dispone, por ejemplo, de medios de comunicación que permiten acercarnos al confort de la ciudad. Pero es sabido que no todo el país tiene a su alcance estos medios de comunicación, llámese señal de tv, telefonía, internet, etc. Para quienes vivimos en el interior profundo esto se hace palpable de una manera casi felliniana: tenemos teléfonos celulares de la marca de la manzana, equipos de tv smart, modems para captar señal de internet, equipos y maquinas alimentadas a electricidad, pero tenemos un servicio errático, de menor prestación o directamente aleatorio. Tanto puede haber servicio como no.

En nuestro caso en particular, poseemos celulares con abonos facturados de Ancel, lineas telefónicas también de Ancel al igual que modems del sistema Vera de Ancel. La energía, obvio, es suministrada por UTE.

Hasta aquí un panorama que se parece al del resto del país. Pero la gran diferencia en nuestro caso es que los servicios son ineficientes, escasos, erráticos como ya mencionaba y esto genera un permanente reclamo tanto a Antel como a UTE por los continuos cortes en el servicio. Los reclamos son atendidos tarde, mal y nunca con lo cual la frustración es aun mayor. En el caso de Antel + Ancel ya no recuerdo cuando tuvimos servicio durante al menos 3 días continuados. Vivir incomunicados en el siglo XXI pareciera cosa de otro continente pero no, es aquí donde lo sufrimos. ¿Falta de interés?, ¿de inversión?, ¿de programación de las inversiones? ¿ineptitud? Una mezcla de todos estos factores seguramente. Sentirnos incomunicados nos hace ver como lo que somos: ¡los olvidados del Uruguay profundo!

Finalmente, vale mencionar que vivimos a escasos 17 km de la ciudad de Colonia del Sacramento y a menos de 10 km de la residencia presidencial de Anchorena, donde imaginamos no existen estos problemas.

Lo de siempre, primero los primeros, ¿y los segundos? Mal, gracias.

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