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S.O.S. Ucrania: Sumo Pontífice se busca


@|Desde el 24 de febrero de 2022, fecha en que Rusia invadió Ucrania, el mundo observa impávido esta masacre en pleno siglo XXI. Desde entonces, mucho se ha dicho acerca de la conveniencia que el Papa Francisco viaje a Ucrania. Entre las diversas opiniones se encuentran: que no es conveniente por temas de seguridad; que desde el punto de vista diplomático puede llegar a ser mal visto por Putin y el patriarca Kirill; que puede “quemar las naves” si toma uno de los bandos en conflicto; que se reserva su integridad física para cuando estén dadas las condiciones y haya un alto al fuego. Pero la razón está a la vista del que quiera ver: el Papa no viaja a Ucrania por motivos ideológicos.

El primer Papa latinoamericano y argentino, el Papa del fin del mundo, como le gusta llamarse a sí mismo, ha dado incontables muestras de ello.

Francisco visitó a Fidel Castro en su casa particular, pero se negó a recibir a las sufridas Damas de Blanco. Pocos años más tarde recibió a Mauricio Macri, presidente argentino elegido democráticamente, con quien se tomó aquella famosa fotografía, luego de apenas 22 minutos de entrevista en 2016. Coincidentemente, luce el mismo gesto adusto cuando recibió a Donald Trump y a Sebastián Piñera, en clara contraposición con Barack Obama, Evo Morales y Nicolás Maduro.

En el mismo sentido se encuentra la cantidad inusitada en que un Papa se haya entrevistado con un jefe de Estado como lo hizo con la entonces presidente de Argentina Cristina Kirchner, con quien se reunió en 7 oportunidades, durante horas y con fotos sonrientes.

Valdría la pena preguntarse qué habrá sucedido o qué tipo de negociación habrá ocurrido para que estos gestos sonrientes actuales del Papa se contrapongan con el gesto serio, sufriente, dolido, del entonces cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, cuando defendía a los pobres de las injusticias en Argentina.

Pero su última y más decepcionante representación política es su inacción frente a la invasión de Rusia a Ucrania. Si Jorge Bergoglio, como jefe de estado y ya no como líder espiritual, hubiera seguido fielmente las enseñanzas de Juan Pablo II, tal vez otra hubiera sido la historia.

¿Pero dónde está usted, Bergoglio, en este momento? Negociando en secreto, dicen los infaltables aduladores del Papa; rezando, dicen los muy religiosos; ayunando, dice su enviado a la zona de la invasión. Pero donde usted debería estar en este momento es en Ucrania, en medio de este conflicto, poniendo el cuerpo, intentando a como dé lugar detener esta matanza del pueblo ucraniano, quien soporta heroicamente el azote invasor ruso.

Veremos así si el criminal de guerra Vladimir Putin se anima a seguir bombardeando un pueblo que no quiere la guerra. ¿O esto no lo atañe a usted porque se trata de sus aliados como son el presidente ruso y el patriarca Kirill, quien ha justificado abiertamente esta invasión?
El mundo libre lo ve a usted en estos momentos como un aliado de gobiernos autocráticos y contrario a la defensa de los derechos humanos universales.

Su silencio, su falta de empatía y no llamar a las cosas por su nombre por lo que realmente son, invasión, crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, no lo hacen a usted neutral ni pacifista, sino que lo convierte en cómplice de esta masacre que está bañando de sangre no solo a Ucrania sino a toda la humanidad.

Su nombre estará ligado por siempre a este genocidio ruso en Ucrania, pero no como el Papa del fin del mundo, sino como el Papa argentino del “No te metás”.

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