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Negociaciones por Venezuela


@| No quiero que Venezuela se convierta en Uruguay o Argentina. Lo primero que debo hacer es agradecer a ambos países que me han recibido en su territorio con amor fraterno y respeto a mis derechos humanos y espero que lo dicho a continuación no sea mal interpretado.

El proceso de acuerdo iniciado y culminado sin novedad en Noruega es una buena noticia porque indica que Venezuela no está dispuesta a reeditar los aparentes avances de perdón y reconciliación en estos países del cono sur.

Lo que se ofrecía en Noruega es lo mismo que pasa en la zona del Río Platense: democracia a cambio de impunidad, lo cual nos llevaría a reeditar las marchas de “Las Madres de la Plaza de Mayo” o “La Marcha del Silencio”, en el cual cada paso hace sentir que las heridas continúan abiertas porque esos acuerdos políticos no fueron más que la forma de negociar el poder, pero que el pueblo no pudo ni siquiera saber cuales fueron realmente los horrores que se cometieron dentro de su territorio.

Hoy seguimos esperando que los militares de esos países hablen y como siempre un código de silencio de ellos, una enfermiza y mal sana costumbre castrista bajo la sombra de algo que realmente no conocen: el honor. Callan de forma cómplice y aderezan con una gota de aparente arrepentimiento cada cierto tiempo, la verdad. Han pasado años para que, con las lágrimas de las madres, los hijos y las esposas se laven las heridas de los héroes que aún siguen desaparecidos. Pero además muchos de esos que guardan silencio se han aprovechado de esa situación para la arenga política y lavar los crímenes que de lado y lado se cometieron. Parece que la gente olvida que quienes ganaron, también mataron y torturaron. Entonces hoy hablan de paz en Venezuela y no miran que sus manos también están manchadas de sangre. Yo si prefiero una acción directa en la cual cada quien pague, no importa del lado que esté, todo el que cometió excesos debe estar preso; todo el que traficó drogas; se juntó para delinquir, sin importar nombres o rangos debe pagar. No quiero que se enarbole una bandera de democracia sobre el hasta de un silencio hipócrita, no quiero ver gente marchando porque no consigue los huesos de sus seres queridos; me niego a que no se sepa quien se robó un niño y comience la incertidumbre de pruebas de ADN para reconocerle como integrante de familias desaparecidas o torturadas. Ese horror no lo merece nadie y ya es bastante que existan en el Cono Sur.

Esa es una de las razones por las cuales me niego a diálogos dilatorios y entreguistas como los que proponen algunos que han hecho negocios con el régimen y saben que una vez finalizado el horror deberán rendir cuentas ante la justicia internacional y la opinión pública, única razón que los lleva a justificar cosas contra las que aparentemente lucharon. No he conocido nunca un acuerdo entreguista en el cual los gobiernos militares pierdan beneficios, además Venezuela es algo más que militares es un narcoestado amprado por los fusiles de unas Fuerzas Armadas corruptas. ¡He dicho!

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