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Después de Durazno


@| Los más de 12 años de gobierno del Frente Amplio van mostrando que el objetivo de su camino es implantar un Estado omnipotente, que someta al pueblo al autoritarismo desbordante de sus grupos dominantes: el Movimiento de Participación Popular, Tupamaros y el Partido Comunista.

La herramienta que usa para eso es la intromisión gradual y opresiva del Estado en la vida de los habitantes. Como pasó con distintas velocidades y contundencias con el nazismo, el fascismo y el comunismo.

Para eso, montó y pulió la acción del “Estado fisgón”, entrometiéndolo en la vida personal de los individuos y en sus actividades empresariales privadas.

Además de mantener las empresas monopólicas de ese Estado, heredadas de otro más liberal, que nunca pudo suponer que iban a destinarse al ruin y descarado fin, de dar servicios mediocres y transformarse en recaudadores implacables de impuestos para saciar el apetito voraz de decenas de miles de burócratas y tecnócratas “de confianza” al servicio del “fisgonismo”.

Camina aplastando la iniciativa privada, desarticulando el entramado socioeconómico, deprimiendo el espíritu de riesgo y el hábito del ahorro.
Fiel a las ideas del comunista italiano Gramsci, usa la educación para implantar en los alumnos ideas base que acepten el “discurso oficial del régimen”. Así logra que “el hombre nuevo” que crea “el régimen” solo considere buenas las opiniones afines al “régimen” y sean hostigadas o perseguidas las que se le opongan. O sea, desculturizar al pueblo, llegando al extremo de mentirle su historia, para que lo siga y le obedezca.

Los recursos económicos para la financiación de ese Estado omnipotente los obtienen de la explotación impositiva implacable de la clase media trabajadora de la ciudad y del campo, inagotable fuente de recursos para bancar la ineptitud y el despilfarro oficial (incluida la deshonestidad).

Ha implantado la inseguridad por incompetente, omiso o en busca de fines políticos. De esa forma, ha logrado que los habitantes honestos vivan en la zozobra. Y llegó al colmo de declarar que existen zonas donde no puede entrar porque el narcotráfico las dejó fuera del dominio de ese Estado, tan poderoso para cobrar, pero tan débil para reprimir ese flagelo.

Fomenta el consumismo ayudando a la banca mayoritariamente extranjera, con el uso compulsivo de las tarjetas mediante la bancarización. Crea y agudiza la fractura social obrando en contra de la institución familia, violando el sano espíritu de la Constitución.

Y ha llegado al colmo de poner lo político por sobre lo jurídico y sobre la gente, desconociendo el resultado de los plebiscitos, no acatando los fallos judiciales y legislando exprofeso, violando la Constitución.

En estos días, les “mordieron la mano” a los trabajadores del medio rural, que le dan de comer al interminable séquito del oficialismo y que son el pilar económico y sostén del país desde tiempos inmemoriales.

El Frente Amplio ha demostrado en su gestión de gobierno que son la descendencia venida a menos del unitarismo oriental del siglo XIX, hipercentralista y clasista, inoculada en el siglo XX por el estatismo socialista y en el XXI por el “progresismo” y el Foro de San Pablo. En política internacional, su afinidad es con teorías derrotadas por la realidad en el mundo, como el marxismo-leninismo.

Ante esta realidad negativa, hay una sola forma de salir de ella: cambiando el gobierno en las próximas elecciones.

Volver a las auténticas raíces artiguistas descentralizadoras, reivindicar la autonomía de los departamentos, garantir la seguridad de los ciudadanos, legislar para defender a la gente honesta, rendir culto al espíritu del trabajo honesto de la ciudad y el campo, formar una administración pública cristalina donde se estimule la capacidad, la honestidad y el rendimiento, cultivar la educación pública y privada en todos los niveles, dignificar la escuela pública y extender su acción en la ciudad y el campo, poblar la campaña, abrirnos al mundo con acuerdos comerciales equitativos.

En fin, salir de esta pesadilla y volver a ser el país que fuimos, adaptándolo a los tiempos. En vez de ser el mejor de los malos de América Latina, ser uno más entre los muchos buenos del mundo. Como lo edificaron las corrientes tradicionales desde 1830 a 2005. ¡Durante 175 años!

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