ECOS
Email:
Teléfono: 2908 0911
Correo: Plaza de Cagancha 1162
Escriba su carta aquí

Bullying


@|No es nuevo. Es raro quien no lo haya sufrido. Nos pasó. Nobleza obliga decir que en algún momento nos dejamos influir y participamos en cierta medida acompañando o festejando ese tipo de acoso.

¿Qué puede motivar el bullying?

Aclaremos, motivar no quiere decir merecer, ni mucho menos justificar algo que puede tener graves consecuencias.

El aspecto físico, el apellido, el atuendo, la forma de hablar, la ingenuidad, culpas de familiares, ser muy buen estudiante —“el traga”, como decíamos entonces—, y muchas otras particularidades, a ojos de los abusadores son un blanco ideal para sus pullas.

Sin analizar los problemas que seguramente tienen aquellos que presentan estas conductas, en general el abusador no se destaca por ser buen estudiante. Sus víctimas son los más débiles. Hace prevalecer una superioridad física. Siempre tiene uno que oficia de “secretario”, no tan fuerte, que le sigue el tren en todo. Se le suman otros, por miedo o para congraciarse con “el fuerte” y así se forma la patota acosadora.

Difícilmente se meterán con alguien de su misma contextura física, o con quien se destaque en un deporte o practique algún tipo de defensa personal. Todo lo contrario, con ese siempre buscarán congraciarse.

Si no encuentran alguna compañía o quien festeje su accionar (esto es difícil) su efecto se minimiza. Su fuerza depende siempre de su grupo de apoyo.

No pretendo ni tengo credenciales para aconsejar a alguna víctima de esta clase de abuso. Hay estudiosos y expertos en el tema que son de consulta obligada. Mis reflexiones son producto de la observación, de la experiencia.
Voy a relatar un hecho del cual fui testigo.

Es sabido que el hecho de que la víctima llore, se queje o se enoje fácilmente, incentiva a los acosadores. En años liceales hice amistad con un chico muy estudioso, de físico pequeño, muy delgado, usaba lentes de gran aumento. Por sus características, era “candidato”. Pues nunca vi un caso igual de alguien que fuera tan hábil para anular los efectos del bullying. Cuando le lanzaban sus burlas, por ejemplo tenía granitos y lo llamaban granitol, o cuatroche (por los lentes), nunca “entraba por el aro”, al contrario de mostrar enojo, se reía de sí mismo, acompañaba a los acosadores repitiendo a coro él también los motes que le decían. Esto a la larga desalentaba a los bullyingers que se aburrían y rápidamente lo descartaban.

Por supuesto que el tema no es tan sencillo. Es raro encontrar alguien, más siendo niño o adolescente que tenga esa “pasta”, pero ahí tienen que tallar los consejos de los mayores.

Si la violencia recrudece y hay agresión física tienen que intervenir las autoridades pertinentes. No puede haber excusas ni dialéctica que valga. No pasa por decir “los malos también son alumnos” o “tenemos que contener a todos”. Eso me hace acordar a los que socializan la culpa.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
volver a todas las cartas