Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿Por qué?

El uruguayo badulaque es al ñudo pretender que razone. Anida con fuerza en la entente oficialista. Vayamos a afirmaciones a la fecha incontrovertibles. En los últimos 50 años la virtud de las instituciones políticas, económicas y sociales libres, es el camino mejor, en vez de la inutilidad oligárquica, a veces fratricida, brutal e inhumana de los totalitarismo y las caóticas falacias populistas. Hablamos de democracia y economía libre.

El uruguayo badulaque es al ñudo pretender que razone. Anida con fuerza en la entente oficialista. Vayamos a afirmaciones a la fecha incontrovertibles. En los últimos 50 años la virtud de las instituciones políticas, económicas y sociales libres, es el camino mejor, en vez de la inutilidad oligárquica, a veces fratricida, brutal e inhumana de los totalitarismo y las caóticas falacias populistas. Hablamos de democracia y economía libre.

Es demasiado obvio. Sin embargo, la abrumadora podredumbre latinoamericana -Castro, Chávez, Maduro, Correa, Evo, Lula, Dilma, Néstor, Cristina, etc.- tiene adeptos inconmovibles en la humanidad del Neandertal frentista. Son expresión de la negatividad. Del “no” irracional ante realidades prácticas que rompen los ojos.

Pueden ser las zonas francas, la forestación, los aeropuertos privados de Carrasco y Laguna del Sauce, el casino Conrad, la privatización de los puertos comerciales, el agro, etc. Ahora la emprendieron contra la exoneración fiscal que permite a las empresas volcar parte de sus impuestos a sostener universidades privadas. ¿Razones? Hay que hurgar (difícil) en el cerebro de nuestros últimos pitecántropos.

El ser humano tiene un sentido natural de lo que está bien y está mal. Se la alude como la moral natural. Con manifestaciones religiosas concordantes, como los diez mandamientos. Respetar y amar al prójimo. No matar, no robar, no mentir, no codiciar lo ajeno... Y, se proyecta a una expresión tutelar: la ley penal.

Un vocacional de cualquier ciencia o arte, un profesional, cualquier hacedor en lo suyo, tienen -además- para apoyarse al enorme capital de conocimiento y experiencia acumulado por generaciones pasadas. Y, en materia de sociedades nacionales lo mejor del mundo, Noruega, Canadá, Alemania, Estados Unidos, Japón y otros ejemplos por el estilo, con imperfecciones inevitables, enseñan el camino. Las tiranías de cualquier signo, los regímenes oligárquicos, policiales, e inevitablemente corruptos porque el poder arbitrariamente ejercido corrompe siempre, a su vez enseñan lo que a la gente no le sirve.

Gustan hablar de actitudes “ideológicas” y de “moral revolucionaria”, que no es más que sostener amoralmente que el fin maravilloso que persiguen -¡“la revolución”, “el hombre nuevo”!- justifica los medios.

Un ejemplo prototípico de lo último es el “Che” Guevara, ayer profeta del “hombre nuevo” y hoy pingüe negocio para los vendedores de camisetas estampadas. Aventurero, asesino serial, inepto, encarcelador de homosexuales y racista, en el gobierno de la monarquía castrista, supo quebrar para siempre a la economía isleña cubana. Inútil y falaz, su administración de la economía de la isla fue desastre perdurable por casi 60 años. Nuestros neandertales le idolatran.

“Un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar movida por el odio”, afirmaba. Y, un día, tras asesinar públicamente a sangre fría un disidente de un tiro en la cabeza, escribió a su padre: “Tengo que confesarte que en este momento descubrí que me gusta matar”.

El retardo intelectual y moral está entre nosotros. Es tiempo de organizarse y mandarlo cívicamente con los trastos viejos a su lugar. Hoy tocó a las universidades privadas y la intencionada quita fiscal.

Y, como siempre desde el sentido común medio solo cabe preguntarse:
¿Por qué?


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