Pedro Bordaberry
Pedro Bordaberry

El día después

Es un año difícil para el turismo. Quizás el más complejo de toda la historia.

Allá por el 2002 y 2003 con el corralito argentino primero y la prohibición a los argentinos del gasto en el exterior se vivió una situación muy complicada.

Esta es peor.

Cuando suceden estas crisis la primera reacción es solicitar ayudas al Estado: afloje en los impuestos, bajada de tarifas y hasta subsidios directos como hoy piden algunas comunidades españolas.

Los gobiernos en esos momentos se encuentran con problemas de caja y otras prioridades para atender (como la Salud en estos momentos).

En la salida a la crisis del 2002 se priorizó al aparato productivo agroexportador, el turismo y la inversión. Se prestó especial atención al turismo porque tiene un ciclo más corto dado que el turista que llega hoy, gasta hoy y la inyección de dinero es inmediata. Otro sector al que se le prestó especial atención fue a la inversión, asegurando reglas claras, transparencia y beneficios que la aumentaron.

El resultado fueron las bases para el crecimiento que tuvo el país en los doce años posteriores. Uno de los períodos de mayor bonanza de nuestra historia que comenzó en el 2003 y terminó en el 2016.

Al decir del Cr. Astori, en un reconocimiento público que hizo a los Dres. Batlle y Atchugarry en el Club Uruguay, esas bases fueron las que permitieron el crecimiento posterior.

Cómo se gastó el dinero en esos años es otra cosa (todos conocemos el aumento escandaloso de funcionarios públicos, las aventuras de Pluna y Ancap, los desvíos en las proyecciones y déficits fiscales, la reforma previsional del 2008, etcétera).

Las acertadas medidas tomadas al enfrentar la crisis del 2002 y 2003 debieran servir de ejemplo para enfrentar la de hoy, derivada de la pandemia del covid-19. Más cuando en el horizonte, vacunas mediante, empieza a aparecer una salida para la segunda mitad del año, quizás en el último trimestre.

Se necesitan medidas de fondo que vuelvan a colocar al Uruguay en la senda de crecimiento. El aparato productivo agroexportador por suerte se encuentra intacto. La certeza del mantenimiento de las reglas de juego y el apoyo explícito de las autoridades son el mejor estímulo. Se trata de una actividad que ya tiene mucho de inestable por el clima y los mercados como para agregarle más problemas derivados de la actividad estatal.

De ahí lo inoportuno y equivocado del proyecto de Cabildo Abierto sobre la forestación. Por su contenido pero además por la inestabilidad y afectación a la inversión.

Hay otros dos sectores que, de nuevo, pueden ayudar mucho a la recuperación económica pospandemia: el turismo y la construcción.

En el 2003 se quitó una carga pesada al turismo cuando se estableció el IVA tasa cero al sector hotelero. Se creó además la marca país Uruguay Natural, mirando lo que hicieron hombres preclaros como Piria, Lussich, Burnett, Arredondo, Vilamajó, Litman o Páez Vilaró. Estos dejaron sus huellas en el cuidado y mejora del lugar ya sea en Rocha, Maldonado o Lavalleja y que hoy disfrutamos.

En la construcción hubo un cambio enorme en lo que refiere a la inversión en segunda vivienda con lo que en los setenta y ochenta realizaron los integrantes de Safema (Gómez Platero, López Rey, Paullier, Sader, Lecueder) y Pintos Risso. Dieron trabajo a miles de personas.

Ahora es tiempo de seguir ese legado de cuidado del lugar y fomento de la inversión.

Hay una zona de forma triangular cuyo lado base comienza en el Chuy, y recorre toda la costa hasta llegar a Atlántida y su punto más alto puede situarse en la Quebrada de los Cuervos. Es una zona que tiene costa, aeropuerto, ciudades, pueblos, chacras, sierras, montes, dunas, palmares, fortalezas y ríos. La cruzan horizontal y verticalmente rutas y caminos (la Interbalnearia, la 10, la 9, la 8, la 14, la 12, la 60, el del Indio).

El crecimiento ya se ve en olivares, viñedos, huertas orgánicas, pequeñas parcelas productivas, que son el hogar de nacionales y extranjeros. Es la nueva Toscana o el Napa Valley de América del Sur. Requiere poca inversión y mucha planificación que permita un crecimiento ordenado preservando los valores del Uruguay Natural.

La amenaza más grande viene desde la agresión constructiva en la costa. No es un problema levantar edificios. Las franjas de protección son claras. El problema es el desarrollo inmobiliario que no viene acompañado de medidas para prevenir el mayor tráfico, la densidad poblacional y su impacto en el saneamiento y otros servicios públicos.

El riesgo es convertir nuestra costa en uno de los tantos balnearios españoles que tuvieron que dinamitar edificios y construcciones después de la burbuja del 2013.

Aunque quizás el mayor problema es entender que el negocio de la segunda vivienda con motivos de disfrute o inversión es distinto del de la primera vivienda con destino a casa habitación.

Hay en esta última una visión social que prima, lógicamente. En el caso de la segunda hay una visión de inversión y rédito que se impone.

Entenderlo ayudará a promover a las dos.

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