Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Con Brexit y sin May

Gran Bretaña (GB) perdió una buena oportunidad de salir de la Unión Europea (UE) sin un gran daño a su economía y sus lazos políticos, evitando el portazo.

Trató de acomodar a todos pero no fue posible lograrlo. Recordemos cuanto esfuerzo hizo esta gran dama durante casi 3 años. Tampoco fue apreciado por muchos en el Reino Unido y ciertamente no por sus colegas dentro del partido. Su renuncia se hará efectiva una vez que los conservadores elijan su nuevo líder en Julio. Theresa May estaba en contra de salir de la UE cuando David Cameron, su antecesor, decidió convocar a un referéndum con el objeto de ratificar la permanencia del Reino Unido en la comunidad europea y terminar con las criticas y las dudas. Las encuestas parecían favorecer esa tesitura pero, a medida que se acercaba el momento del voto, empezó a cundir alarma por el miedo de haberse equivocado.

Cameron y su equipo se largaron a explicar lo negativo que sería un Brexit pero sin éxito. El tiro salió por la culata y el Primer Ministro (PM) renunció. Fue allí que los dirigentes del partido la eligieron a quien era hasta ese momento, Ministro del Interior, (Home Secretary) muy a pesar del ala dura en contra de la permanencia de GB en la UE, liderada por Nigel Farage y Boris Johnson, (el Trump inglés), a quién ella nombró Ministro de Relaciones Exteriores, pero sin injerencia directa en la negociación de salida de la UE. La nueva PM quería cumplir con el mandato político - producto del referéndum - pero hacerlo con el mínimo de daño. Boris no le fue leal, tampoco otros de su partido.

Frente a los problemas internos y buscando negociar con más autoridad, al año de asumir llamó a elecciones para así confirmar el nuevo rumbo pero los resultados fueron pésimos para su partido. De contar una pequeña mayoría, apenas pudo retener el poder gracias a un acuerdo con la DUP (irlandeses) que le dan apoyo en votaciones claves. Una endeble alianza, no una coalición.

El partido laborista, muy disminuido en tiempos de Cameron, dirigido por Jeremy Corbyn, un personaje gris que de repente sintió aspiraciones de alternancia en el poder. Desde ese momento su política fue entorpecer solapadamente a veces y confrontando en otras, los esfuerzos de su rival, con la intención de forzar su descrédito y precipitar su caída y con ayuda de los propios conservadores. La ironía es que la victoria del plan de Teresa May hubiera beneficiado los intereses laboristas, evitando la pérdida de puestos de trabajo que provocaría un Brexit duro.

El fantasma del retiro de GB acarrea problemas de distinta índole, algunos que ya se hacen sentir como la paulatina disminución de actividad económica, la incertidumbre en las cadenas de producción, la pérdida de inversión, de mercados, el aumento de costos, incertidumbre impositiva, menor valor de su moneda y de los inmuebles. Pero hay otros, por ejemplo: - Escocia, rica en gas, petróleo y recursos pesqueros (Mar del Norte) podría optar por no seguir unida a Inglaterra y Gales y quedarse solicitando su entrada como estado independiente, a la UE. Su permanencia dentro del el Reino Unido será cuestionada nuevamente y pronto, ya que su población votó ampliamente en contra del Brexit. Para los separatistas, es una perfecta razón para sacarse a los ingleses de encima. - Irlanda del Norte (GB) estaba cómoda al no haber una frontera con Irlanda que en otros tiempos causaba serios conflictos. Esto se acabaría, con resultados imprevisibles. - Gibraltar; la actitud de España cambiará substancialmente y muy especialmente si la salida es sin acuerdo, respecto del dominio que cedió al finalizar la guerra de la sucesión española. (Tratados de Utrecht, principios del siglo XVIII). España ya recuperó Menorca, que perdió entonces y para algunos, es hora que sea devuelto el peñón. La residencia de británicos que viven fuera y europeos que viven en GB, las coberturas medicas, etc. Estos y muchos otros temas fueron abordados, negociados y plasmados en un tratado de más de 500 páginas. Solo faltaba la aprobación del Parlamento donde en tres ocasiones le fue negada.

Para el "establishment" en Bruselas, Brexit es una mala noticia. Da aire a los gobernantes díscolos, a políticos con proclividad anti sistema, a los de ultra de derecha e izquierda, verdes, anti emigrantes y a aquellos con tendencias anárquicas. Tanto Jean Claude Juncker como Donald Tusk de la UE pasaron mucho tiempo hablando con Theresa May amablemente, pero han dicho basta. No da para más. Y los parlamentarios británicos parecen decir lo mismo. Peor, hoy día no existe consenso sobre cuál es y cómo alcanzar un objetivo razonable. El país, su población y los partidos tradicionales están divididos entre quedarse en Europa o irse, inclusive a cualquier costo. Con un portazo llegado el caso. En los resultados de las elecciones del parlamento europeo del fin de semana pasado, se notó la tremenda desazón que cunde.

El partido del Brexit (Farage) que no existía hace 2 meses, canibalizó al conservador con 30% de los votos. Reaparecieron los liberales (pro UE) por encima de los laboristas, los verdes y los tories, que salieron últimos con 9%,el resultado más bajo de su historia. GB está más dividida que nunca. Tremendo desafío espera a quién tome el poder.

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