Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Sobre ranas y lemmings

Los lemmings son unos pequeños roedores parecidos a nuestros apereás que habitan el Hemisferio Norte.

La leyenda es que los lemmings de Noruega, cuando aumenta desmedidamente su población en comparación con la capacidad de sustentación del ecosistema, forman grandes éxodos que, resueltamente, se dirigen hacia el acantilado más cercano y se arrojan al mar. Sería una forma eficaz, aunque algo radical, de controlar el exceso de población. El único problema con esta historia es que no es cierta.

Algo parecido sucede con las ranas.

La base de la leyenda es un experimento (que dudo que nadie haya realizado jamás) que sería así. Primero, se toma una rana y se la pone en una olla con agua fría. El animalito se quedará quieto porque está en su elementos. Segundo, se pone la olla sobre el fuego y se calienta gradualmente el agua. Si el aumento es lo suficiente lento, la rana no lo percibirá. Finalmente, cuando el agua entra en ebullición la rana morirá de calor, sin darse cuenta.

Tampoco es cierto.

El único bicho de la Creación capaz de hacer ese tipo de cosas es el ser humano.

Así lo demuestran los magros resultados de la Conferencia de las Naciones sobre el Cambio Climático COP25, que tuviera lugar entre el 2 y el 15 de diciembre en Madrid.

El propósito del encuentro fue definir las medidas necesarias para poner en funcionamiento, en forma total, el Acuerdo de París aprobado en la conferencia anterior (COP24). Los países estuvieron de acuerdo en que es necesario contener el incremento de los gases de invernadero a la atmósfera, pero no se consiguió consenso en diferentes temas clave y finalmente se decidió pasarlos a la próxima reunión. Si volvemos al símil de la rana: la temperatura de la olla global aumenta, pero los gobiernos de varios de los grandes emisores de gases de invernadero no parecen haberse dado cuenta.

Uno de los aportes más importantes presentados para reunión fue el estudio sobre el estado del clima global elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La temperatura global promedio durante el período enero-octubre fue superior en 1,1 grados centígrados a la que existía antes de la Revolución Industrial. Esto parece poco. Pero en el caso del clima global pequeños cambios pueden tener consecuencias catastróficas (como sucedió, por ejemplo, en el caso de las eras glaciales).

Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzan niveles récord. La temperatura del océano sigue aumentando. El deshielo de las capas de hielo de Groenlandia, el Polo Norte y la Antártida cambia la temperatura de los océanos e incrementa el nivel de las aguas.

El Secretario General de la OMM advirtió que, si los países no toman medidas urgentes para contener el cambio climático, nuestro planeta se enfrentará a un incremento de más de 3 grados centígrados a fines de este siglo, lo que aparejará consecuencias aún más negativas para el ser humano. Y agregó, estamos muy lejos de cumplir con el objetivo fijado en el Acuerdo de París.

El cambio del clima global tiene fuertes consecuencias para la salud del ser humano, la seguridad alimenticia, las migraciones y los ecosistemas marinos y terrestres. Es un asunto de primera magnitud y desafío directo para las generaciones actuales y, aún más, para las generaciones futuras.

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