Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Dime quién te aplaude...

La política exterior, especialmente en el caso de los países relativamente menos poderosos como el nuestro, debe ser una política de Estado.

Para ello necesita reunir tres requisitos fundamentales: responder a la historia y los intereses reales y materiales básicos del país; fundarse en un amplio consenso entre todos los partidos políticos; y tener una visión de largo plazo, hacia el pasado y hacia el futuro.

La decisión del gobierno del Frente Amplio de retirar nuestro país del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) es una medida apresurada, inconsulta y no se funda en un consenso interno.

Es una decisión tomada con un espíritu de partido, por un gobierno que se aproxima al final de su mandato constitucional (para no mencionar la posibilidad de que la coalición que nos gobierna pierda las próximas elecciones).

En contraste, las consecuencias de tanto apresuramiento significan alejar a nuestro país de un tratado multilateral importante que intenta establecer un sistema de seguridad recíproco regional. El Uruguay siendo un país pequeño, tiene un claro interés el fortalecer este tipo de instituciones.

El TIAR es un tratado regional suscrito en 1948, como producto de una evolución en el derecho interamericano que comienza con la Sexta Conferencia Internacional Americana, celebrada en La Habana en 1928, y que intenta establecer un sistema de consultas y cooperación con el fin de mantener la paz y la seguridad dentro de nuestra región.

En el TIAR los Estados renovaron “su adhesión a los principios de solidaridad y cooperación interamericana” y definieron como su objetivo “asegurar la paz por todos los medios posibles, proveer ayuda recíproca efectiva para hacer frente a los ataques armados contra cualquier Estado Americano y conjurar amenazas de agresión contra cualquiera de ellos”.

Los Estados condenaron formalmente la guerra y se obligaron en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de las Naciones Unidas.

El tratado distingue tres clases de conflicto.

La primera es la que resulta de un ataque armado “por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano”. En este caso, el ataque contra un Estado Americano “será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos”. La segunda, es una agresión que no constituya un ataque armado, “un conflicto extra continental o intracontinental” o “cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América”. Finalmente,un conflicto entre 2 o más Estados Americanos.

Podrá decirse que el TIAR es “obsoleto” o “inconducente” (¿cuál es el fundamento para esto ?) pero es el mejor instrumento de seguridad colectiva en el nivel regional que tenemos, para lidiar con situaciones críticas que pongan en peligro la paz y seguridad de la región y la nuestra propia.

Antes de salir, tan apresuradamente, de ese sistema sería bueno crear algo mejor que ocupe su lugar.

Entretanto, el Canciller de Maduro agradeció a Nin “por la decisión soberana de su gobierno de retirarse del TIAR y rechazar las agresiones hacia el pueblo venezolano”.

Los recientes informes demuestran quien es el verdadero agresor de los venezolanos.

Dime quien te aplaude y te diré en qué te has equivocado.

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