Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Educación militar

El debate sobre educación no repara en un caso relevante, o incluso lo pasa por arriba. Hablamos mucho de liceos públicos o privados, pero no de la enseñanza militar, y eso pese a resultados muy interesantes que se logran en ese ámbito.

La Ley Orgánica Militar aprobada a mediados de 2019 (Ley Nº 19.775) establece que las Fuerzas Armadas “son el instrumento para ejecutar los actos militares que imponga la defensa nacional, las misiones asignadas y tareas concordantes y complementarias”. Entre estas últimas se incluye “realizar la instrucción militar autorizada por las normas vigentes además de contribuir a la formación e instrucción de la población en defensa civil, movilización y protección civil; así como contribuir a fortalecer la formación e infraestructura educativa y apoyar el deporte y la educación física”.

En el Liceo Militar General Artigas terminan la secundaria cerca de 100 personas por año, de las cuales algo menos de la mitad sigue formándose a nivel terciario y de grado militar o policial, mientras el resto sigue con sus estudios terciarios y universitarios. Todos los años entran alrededor de 200 alumnos (140 en la sede de Montevideo y 60 en la de Tacuarembó); aunque intentan entrar cerca de 500. Por falta de recursos quedan afuera 2 de cada 3 estudiantes que quieren entrar. La prueba de ingreso es anónima y evalúa situación médica y psicológica; así como capacidad académica y física.

Además de formación premilitar, los que logran entrar tienen una carga horaria adicional en matemática, lenguaje y técnicas de estudio; talleres de informática, robótica, club de ciencias, deportes. El diferencial con respecto a los liceos de la ANEP se basa en la selección de los docentes comprometidos con el proyecto educativo y en el acompañamiento al alumno, así como la transmisión de valores como la disciplina, el respeto y el compromiso.

Al mismo tiempo, el Ejército cuenta con un Liceo Extra Edad al que concurren regularmente 170 personas (subalternos de las Fuerzas Armadas o funcionarios del Ministerio de Defensa). Cerca de 30 por año culminan secundaria gracias a este programa, varios de los cuales hacía muchos años que habían abandonado los estudios formales.

Los resultados son muy auspiciosos: más de 90% de los que deciden retomar sus estudios logra finalizarlos. La explicación del éxito hay que buscarla en la calidad de lo que se ofrece y en los incentivos laborales existentes por avanzar. Para ello es clave la posibilidad de adaptar el programa y el calendario escolar a la realidad del centro; así como de seleccionar a los profesores adecuados para la propuesta.

Un dato a tener presente: en Uruguay menos del 20% de la población termina secundaria.

El desafío es poder sostener la oferta actual en un escenario de recorte presupuestal. Todo el sistema educativo del Ejército -que incluye varios centros de formación específicos, además del Liceo Militar, el Liceo Extra Edad, el Instituto Militar de Estudios Superiores y el Instituto Militar de Armas y Especialidades- atiende por año a más de 3.000 alumnos.

Con todas sus limitaciones, la educación que ofrece el Ejército muestra ventajas respecto al nivel general de la oferta educativa a la que acceden los estudiantes de secundaria. No se le presta atención, o a veces incluso se cuestiona su existencia, cuando se la debería tener entre las experiencias positivas a mirar. La educación militar logra resultados que así lo ameritan.

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