Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Ahora que los conoce...

El clima de la campaña electoral viene determinado por las tendencias que vienen mostrando todas las encuestas. La caída del oficialismo, más pronunciada de lo que muchos politólogos daban como su piso, ha exacerbado el clima de nerviosismo entre los frentistas. La cumbre que según la prensa convocó el presidente Mujica junto a Vázquez y Astori para buscar revertir una elección en que el viento les sopla en contra da cuenta de esta preocupación, así como la sorpresiva licencia del candidato a presidente. A juzgar por el desempeño de Vázquez quizá más que una licencia estamos ante una estrategia para sacarlo de una constante exposición pública en que no daba pie en bola.

El clima de la campaña electoral viene determinado por las tendencias que vienen mostrando todas las encuestas. La caída del oficialismo, más pronunciada de lo que muchos politólogos daban como su piso, ha exacerbado el clima de nerviosismo entre los frentistas. La cumbre que según la prensa convocó el presidente Mujica junto a Vázquez y Astori para buscar revertir una elección en que el viento les sopla en contra da cuenta de esta preocupación, así como la sorpresiva licencia del candidato a presidente. A juzgar por el desempeño de Vázquez quizá más que una licencia estamos ante una estrategia para sacarlo de una constante exposición pública en que no daba pie en bola.

Otra movida que se percibe en las últimas semanas es el esfuerzo por ubicar el debate económico en el candelero. Hacen fila los economistas del Frente para pegarle a la nominada Ministra de Economía en caso de ganar el Partido Nacional, Azucena Arbeleche, a quien hasta hace poco todos elogiaban. Faltan argumentos pero no adjetivos a las salidas intempestivas de Bergara, Masoller, García, Astori y compañía.
La macroeconomía frentista no resiste el más mínimo examen. Luego de 10 años de bonanza cuesta entender que se quiera exhibir como un logro el crecimiento exponencial de la deuda pública, un déficit fiscal impresentable y una de las inflaciones más altas del continente.
Si así gobernaron en la bonanza pobre de nosotros si hubieran tenido que afrontar dificultades.

Ni siquiera tienen el argumento de que el mayor endeudamiento o el crecimiento del gasto que determina el abultado déficit fiscal se deben a las grandes inversiones en infraestructura o en educación. El ABC del más elemental manual de economía dice en la primera página que el crecimiento depende de la inversión en capital físico y humano. Cuesta creer que gente que supo ser seria salga a debatir sobre estos temas negando la realidad del calamitoso estado de nuestras rutas, la falta de inversión en cualquier tipo de infraestructura o el calamitoso estado de nuestra educación.

El principal problema del Uruguay no es la economía, es el deterioro progresivo de nuestra sociedad en valores personales y familiares, en clima de convivencia, en sentimiento de pertenencia a una misma comunidad espiritual. Y este no es un tema que se resuelva a través de la política económica. Ahora bien, si se quiere dar el debate sobre la economía partamos de la realidad y no del país de maravillas que quieren vender los voceros del Frente.

Lo que está en cuestión es porqué confiar en que quienes administraron pésimamente mal la bonanza van a poder hacerlo mejor en una economía que según las propias proyecciones oficialista se desacelera. Así como las condiciones de la economía internacional pautaron nuestra bonanza, hoy marcan la desaceleración porque se perdió tiempo valiosísimo en generar las condiciones para un crecimiento sostenido y más endógeno.

Derrotados por la cruda realidad Astori, Bergara, Masoller, García (Lorenzo por ahora no aparece) no tienen credenciales para dictarle cátedra a la oposición como pretenden desde su ciega soberbia. Han fracasado, es hora de que lo intente un nuevo equipo. Como rezaba un viejo eslogan de mediados del siglo pasado, ahora que los conoce, ayúdelos a irse.

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