Fernando Mattos
Fernando Mattos

¿Será la hora del agro?

Según la ONU, en 2050 el planeta tendrá una población de 9.700 millones de habitantes.

De ese impresionante número, el 68% vivirá en las ciudades, significando que 2.500 millones de personas más poblarán los centros urbanos en relación a la actualidad, siendo que el 90% de este incremento se registrará en Asia y en África.

En 2009, por primera vez en la historia de la humanidad, la población urbana mundial superó a la rural en un fenómeno demográfico que jamás se revertirá, provocando enormes consecuencias en el estilo de vida de la mayoría de la población, en las economías y en el medio ambiente.

El efecto más importante del proceso migratorio implica pasar de una economía rural de autosustentación a la vida urbana, triplicando el ingreso medio e incorporando una enorme población a la fuerza laboral y al mercado de consumo. China ha basado su estrategia de desarrollo y expansión económica en base a 500 millones de migrantes hacia las ciudades, en los últimos 30 años, generando una actividad gigantesca para crear la necesaria infraestructura.

Este fenómeno se repite en otros países de Asia, ocasionando un cambio significativo de la demanda global de bienes y servicios, pasando el mundo desarrollado a no ser tan relevante en relación al pasado reciente.

El aumento de ingresos de la población implica la incorporación de hábitos universales de consumo, una mejor alimentación con un mayor contenido proteico en la dieta. Eso es muy importante para nuestro país por sus características productivas, una vez que el 80% de sus exportaciones de bienes son de origen agroindustrial, derramando sus beneficios a toda la economía, pues cerca de un tercio del PBI y del empleo están relacionados con las cadenas agropecuarias.

Tenemos un horizonte muy auspicioso para la colocación de nuestra producción, siendo que toda mejora productiva tendrá segura colocación en un mercado ávido por la calidad que generamos.

Quedan por resolver las políticas internas llevadas adelante por el Frente Amplio, las que determinaron un fuerte estancamiento del sector agropecuario, pérdida de competitividad, endeudamiento, cierre de empresas, caída de la inversión, del empleo y de la producción física de la mayoría de los rubros.

La nueva administración deberá aplicar importantes cambios en las propuestas agropecuarias y en el marco macroeconómico vigente que han determinado esta compleja situación. Todos los partidos tienen programas sectoriales que abordan de distinta manera la problemática agroindustrial. Claramente se diferencia la propuesta oficialista (déjà vu) en relación a la oposición en cuanto al diagnóstico y a las soluciones. Más allá de los matices, lo más importante es la real prioridad que se le otorgará al agro una vez asuma el nuevo gobierno, cuando surjan las reivindicaciones de grupos de presión y las urgencias de otros sectores.

Ya hemos visto muchas veces esta película, cuando la defensa de la agropecuaria suena alto en los discursos para después diluirse. El agro suele ser relegado y el Ministro de Ganadería termina siendo una figura de segundo orden, a pesar de representar el sector más importante de nuestra economía.

¿Cuándo tendremos un gobierno que priorice al sector primario de acuerdo a su real importancia?

Los candidatos tienen la palabra.

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