Anibal Durán
Anibal Durán

Cantos de sirena

Pensé intitular esta prosa “Mudate Luis…”, en alusión a las sandeces que hemos escuchado de la Ing Cosse y de la Dra Muñoz (¿será que el poder aliena? ), con el agravante de que también se sumó el candidato Martínez en actitud que me extraña.

Se refirió a que los uruguayos no somos de vivir en un barrio cercado, no somos de lejanía… Concluyendo, “nos gusta la cercanía y mirar el alma a la gente…” Quiero creer que fue un lapsus del candidato, tal vez tenía un auditorio que se prestaba a oír cosas banales. Pero precisamente la banalidad del tema me hizo cambiar el título.

Posteriormente el sindicalista Andrade fustigó el lugar de estudios de Talvi y Lacalle Pou. Se ve que hay fobia hacia Carrasco, aunque el British está en Carrasco Norte…; pero por lo menos, ese centro de estudios les enseñó a ser hombres libres y querer la libertad para los demás.

Andrade como comunista, abomina de la libertad, quiere la extinción de las clases sociales, no existe la propiedad privada de los medios de producción, luego la dictadura del proletariado y por último el gobierno ejercido dictatorialmente por el Partido Comunista. Así Cuba es un punto de referencia y no logramos un epíteto adverso de parte del sindicalista hacia Maduro, pese a que hay presos políticos, no hay separación de poderes y el dictador domina a su antojo el Poder Judicial.

Ese es el nudo gordiano del Frente Amplio, unos aman la libertad (Martínez sin duda que sí), pero la mitad del Plenario (ese que corta el bacalao), son los radicales, las bases, de marcado sesgo totalitario y aparentemente todas las decisiones de un gobierno del FA, debe refrendarlo el mentado Plenario. ¿Cuánto demoró en aprobarse el tratado de libre comercio con Chile, pese a que el Poder Ejecutivo lo suscribía?

¿Cómo se gobierna con esa espada de Damocles?

Ante la tremenda crisis de valores y viniendo a nuestro país, donde el tango Cambalache continúa con total vigencia, debería surgir desde la demanda ( los ciudadanos), el clamor de poder tener confianza por el candidato, confianza muchas veces erosionada por el alejamiento de la regla y conducta moral y de la reflexión ética aplicada a la política.

Por supuesto que hay que hablar de educación, de seguridad, de empleo, de las relaciones laborales, de productividad, son insumos que deben estar en el menú de los que se ofrecen para conducir los destinos del país. Pero por encima de ello, el demandante de los mismos (Ud. señor lector, votante), debe tener confianza en quien lo manifiesta. Y esa confianza que se brindó con el voto, hay que exigirla en el decurso del mandato, haciéndole notar al “inquilino” del sillón presidencial que nos debe respeto y cumplimiento de la palabra empeñada.

¿Cuántas veces nos vienen con cantos de sirenas y luego todo queda en agua de borrajas?

Pero sin perjuicio de ello, el tema medular es que no debemos ni podemos despreciar la política. Somos “rehenes” de la misma y está bien que así sea, porque la política como “arte” del gobierno, es un elemento imprescindible del Estado.

Esto implica necesariamente dignificarla e intentar que la ejerzan quienes además de aptitudes técnico profesionales para el cargo, posean hombría de bien.

En Argentina la dignidad ha quedado en harapos, el masivo apoyo a la runfla kirchnerista (dicen que los votantes no se equivocan) es elocuente, ayudados por la inercia del presidente Macri en el decurso de su mandato, que no hizo la imprescindible autocrítica reconociendo que la gente estaba pasando muy mal, la economía lucía a la deriva y al socaire de algún buen designio divino… En economía el insumo más importante es la confianza y el Presidente Macri, la perdió. Ahora, el drama argentino entre tantos, es que la corrupción sin sanción, congela la injusticia. Lindo presente griego para las futuras generaciones.

¿Qué pasará en nuestro país cuando se audite la actuación del gobierno? ¿Quedará congelada la injusticia?

Decir la verdad genera confianza y esto lleva a la esperanza.

Dice un calificado consultor político, que el 37% de los uruguayos no tienen adhesión a priori a un partido determinado. Al margen de si leen los programas y escuchan los discursos de los candidatos, téngase en cuenta la veracidad en las expresiones de aquellos. Es un tema emocional más que nada, pero creer se vuelve un acto de fe y determina el voto.

En lo personal califica el que ejerce actos de humildad, gobernante o aspirante a serlo, el que se nutre de los que saben, el que no denuesta gratuitamente, dice la verdad a sabiendas de que puede significar algún costo político, todo eso genera confianza y certezas y consecuentemente, la esperanza deviene por generación espontánea. Y no creerse omnipotente: Carlos Gardel hubo uno solo y está en el cielo hace rato.

Ah, y tal vez (solo tal vez), Lacalle se mude en marzo…

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