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Primera Guerra Mundial

Dr. Carlos Sarroca Solé Montevideo
SEGUIR Matías Chlapowski Introduzca el texto aquí Se ha puesto de moda eso de que todos tienen la culpa en el estallido del conflicto, atribuyéndolo al sistema de alianzas entrelazadas. O sea, todos comparten la responsabilidad. Mientras se celebraban en Francia los 100 años del fin de la guerra, fue reconfortante escuchar a Angela Merkel asumir que fue Alemania la que desató los dos conflictos mundiales el siglo pasado. Lo dijo sin tapujos. Una gran dama esta primera ministra que se atrevió a hacer una aseveración que a más de uno no le habrá gustado. Tanto Macron como Merkel enfatizaron como gran objetivo, trabajar para mantener la paz, hoy asechada por fantasmas bélicos. Ambos hicieron hincapié en el multilateralismo y la interdependencia y abogaron elocuentemente tanto a favor del patriotismo como en contra del nacionalismo. La Gran Guerra tuvo como principal causa que Prusia (Alemania) y el Imperio Austro-Húngaro por un lado y el ruso por el otro, fueran autocracias imperiales. En esos regímenes les era más fácil a los poderosos imponer su voluntad, amenazar y reprimir cualquier oposición. Movilizar a las fuerzas armadas, encaminarse hacia la guerra y desencadenarla, al tener menores frenos o necesidad de consultas, ya sea con partidos políticos o dependiendo eventualmente del voto favorable de un parlamento o un gabinete, en caso de cumplir con las obligaciones de una alianza. En esos imperios —sus jerarcas eran casi todos miembros de la aristocracia reinante— las fuerzas armadas naturalmente más proclives a guerrear, tenían mayor peso político que en las democracias consolidadas como Francia y Gran Bretaña (GB). Esta última entró en guerra recién después de que Alemania atacase a Bélgica, dado que le convenía a su ejército pasar a través de ese país para invadir Francia. Fue entonces, debido a los pactos preexistentes, luego de dudas y deliberaciones con sus ministros y previo a la requisitoria que se retiraran las tropas alemanas invasoras de los belgas, que GB decidió cumplir con su promesa de proteger al reino de Bélgica, sumándose a Francia para detener avance prusiano. La Gran Guerra se libró fuera de las fronteras de Alemania y Austria. Su población civil no la sufrió directamente en su tierra (la guerra en Europa se dio principalmente en Francia, Bélgica, Italia, y lo que es hoy Polonia, Rusia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Rumania, Serbia, Bulgaria, etc.). Obviamente sintieron al principio restricciones alimentarias y comerciales. Faltaban los productos importados y llegó luego el racionamiento (cupones para comprar, víveres, carbón, queroseno, etc.). Los hospitales cada vez más atestados de heridos y los partes de bajas crecían, teniendo que informar a las familias de la muerte de sus hijos. Pero sus casas no fueron dañadas, ni sus campos, escenarios de batallas. Cuando ocurrió el armisticio, algunos alemanes no podían creerlo. No admitían mentalmente la derrota, que se terminó firmando medio año más tarde, en Versalles. Los aliados no penetraron ni un metro en sus fronteras. En cambio, las tropas germánicas llegaron bien adentro de Francia y Bélgica. Para Hitler y muchos otros, el armisticio fue una traición y aparecieron "los culpables" de siempre. Los judíos, la masonería, los banqueros, los industriales. Razón que explica el que una generación después ocurriera otra guerra mundial. No es de extrañar entonces, que en la Segunda Guerra Mundial los aliados hayan exigido una rendición incondicional. Para lograrla tuvieron que derrotar al ejército alemán e invadir su terruño, a diferencia de lo sucedido la primera vez. Las batallas no terminaron todas el 11 de noviembre de 1918, sino que en el este continuaron luchando hasta el año 1923. La Primera Guerra Mundial abonó el triunfo bolchevique en Rusia (1917) que terminó con el tratado de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918). Un pacto de paz entre el eje y los soviéticos que pronto desembocó en una feroz guerra civil en Rusia. En favor de los rusos blancos hubo un cierto apoyo occidental de dinero y se enviaron unos pocos miles de soldados. Pero a medida que triunfaba el ejército rojo, hábilmente comandado y pertrechado por Trotsky, comisario para la Guerra, el problema para ese pequeño contingente militar derivó en cómo escapar de Rusia. Afortunadamente estaban cerca de la costa. Entre otras cosas, los comunistas rusos invadieron Polonia en febrero de 1919, país que acababa de resucitar (después de años de ocupación compartida por Rusia, Prusia y Austria). El enemigo llegó hasta las puertas de Varsovia pero los polacos lograron revertir el curso de la guerra y derrotaron al numeroso ejército rojo y mantuvieron su frontera. Aproximadamente la acordada en el pacto de Versalles. Múltiples conflictos se desataron en los Balcanes y en el este, resultado del desmembramiento del imperio Austro-Húngaro, y el debilitamiento del imperio otomano. Por mandato de la Liga de las Naciones, GB, Francia e Italia recibieron las colonias que habían estado en manos turcas. Por el año 1923, terminó por fin la lucha en esos teatros. Las consecuencias de esa cruel y estúpida guerra entre primos dejó muchas cicatrices, además de 37 millones de muertos entre militares y civiles, así como un inmenso número de heridos y mutilados, muchos de los cuales quedaron inválidos para toda la vida.
SEGUIR claudio fantini Introduzca el texto aquí La ocasión era adecuada. Se cumplían cien años del final de la Primera Guerra Mundial. Meses después del armisticio firmado en Compiègne, el Tratado de Versalles impuso con negligencia la mala paz que desembocó en un cataclismo bélico aún peor que la feroz guerra de trincheras y bayonetas que había concluido. Con Emmanuel Macron y Angela Merkel a la cabeza, una pequeña multitud de mandatarios cruzó a pie los Campos Elíseos para llegar al Arco del Triunfo, donde se evocó el final del conflicto que dejó más de diez millones de muertos y en el que debutaron los tanques y las armas químicas.
SEGUIR Juan Oribe Stemmer Introduzca el texto aquí El 11 de noviembre a las 11 horas de París, entró en vigor el armisticio entre los Aliados (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos e Italia) y el Imperio Alemán que puso fin a las hostilidades en todo el frente. La Primera Guerra Mundial terminó hace un siglo, el 11 de noviembre de 1918. Era la hora once, del onceavo día, del onceavo mes del año. Los combates continuaron hasta el último minuto cuando cayó un gran silencio sobre un frente de guerra que se extendía desde el Mar del Norte hasta Italia. Luego vendrían las negociaciones de los tratados de paz. El armisticio fue firmado por los representantes de los Aliados y del Imperio Alemán, a bordo del vagón de ferrocarril del Supremo Comandante Aliado, el Mariscal Foch, en el bosque de Compiegne, cerca de París. Los historiadores aún debaten sobre las causas del conflicto. Una corriente de opinión considera que fue el resultado de la deliberada política del emperador alemán, Federico Guillermo, que empujó a los austríacos a invadir Serbia y, de esta forma, desencadenar el conflicto con el fin de aplastar al Imperio Ruso que comenzaba a desarrollar una base industrial importante. En el otro extremo se ha sostenido que, en realidad, las grandes potencias, atadas por un sistema de alianzas que se suponía debía garantizar la paz, se internaron como sonámbulos en un conflicto que nadie quería. Lo que haya sido, mi abuelo relataba que él y sus amigos habían marchado a la guerra entre cantos patrióticos y flores, pensando que la aventura habría de terminar para la próxima Navidad de 1914. Volvió a casa en 1918, después de Verdún, Rusia, Rumania y Salónica. Como cientos de miles de alemanes, retornó a una nueva sociedad dividida por una grave crisis interna que una década y media después, conduciría al fatídico año de 1933. Las condiciones del armisticio incluían la inmediata evacuación de las tropas alemanas de los territorios que aún ocupaban en Bélgica, Francia, Luxemburgo y Alsacia-Lorena, y la restitución de los habitantes de esas regiones que habían sido deportados, hechos prisioneros o que se mantenían como rehenes. El ejército alemán debía entregar 5.000 piezas de artillería pesada, 25.000 ametralladoras, 3.000 morteros de trinchera y 1.700 aviones. Las tropas de los Aliados habrían de ocupar los territorios alemanes sobre la orilla derecha del Rin. También, Alemania debía entregar 5.000 locomotoras y 150.000 vagones de ferrocarril. Estos eran elementos esenciales para la movilización de los ejércitos de la época. Una de las condiciones más importantes fue que la Marina alemana transfiriese todos sus submarinos, seis cruceros de batalla, y diez acorazados. Este era el núcleo de la Marina de Guerra que el almirante Tirpitz había a construido para el Káiser y que tanto había contribuido a generar las tensiones que condujeron a la guerra. Las consecuencias políticas del conflicto fueron inmensas. Incluyeron la caída de cuatro imperios (Rusia, Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano). Nacieron nuevos estados independientes (incluyendo Austria, Checoeslovaquia, las repúblicas bálticas, Polonia y Yugoslavia). Las ondas sísmicas desatadas por la guerra continúan hasta el presente, como sucedió con el desmembramiento de Yugoslavia y el caos en el Oriente Medio. El Tratado Versalles fue firmado el 28 de junio de 1919. Foch advirtió: "este es un armisticio para veinte años". Tuvo razón.

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