La puja entre Madrid y Barcelona

Manifestación por la libertad de los políticos catalanes

Un millón de personas marcharon por el centro de Barcelona el día de la fiesta nacional de Cataluña.

La marcha copó la avenida Diagonal al grito de "libertad para los presos políticos". Foto: AFP
La marcha copó la avenida Diagonal al grito de "libertad para los presos políticos". Foto: AFP

Alrededor de un millón de independentistas se manifestaron ayer martes en Barcelona con motivo de la Diada, la fiesta "nacional" catalana, en una demostración de fuerza a un año del fallido intento de secesión de España.

La manifestación ocupó seis kilómetros de la avenida Diagonal. La policía municipal de Barcelona indicó en Twitter que "alrededor de un millón de personas" participaron, el mismo número que en la Diada de 2017, aunque inferior al pico de 1,8 millones registrado el 11 de septiembre de 2014.

Al grito de "libertad para los presos políticos", la manifestación pidió el fin del proceso judicial contra los líderes independentistas presos o fugados del país. Trece de estos dirigentes, entre ellos el expresidente catalán Carles Puigdemont instalado en Bélgica, están acusados de rebelión por su papel en la fracasada declaración de independencia, un delito penado con hasta 25 años de cárcel.

Los independentistas buscaban demostrar que conservan su fuerza a un año del referéndum de autodeterminación ilegal del 1º de octubre y la declaración de independencia del 27 de ese mes, que llevó a Madrid a intervenir la autonomía de Cataluña.

Desde 2012 los independentistas han usado la Diada para impulsar la separación de esta región de 7,5 millones de habitantes, divididos en partes casi iguales sobre la independencia. Un último sondeo en julio halló que un 46,7% quería la independencia frente a un 44,9% opuesto. Los independentistas mantienen el control del Parlamento regional al haber ganado las pasadas elecciones de diciembre, aunque sin mayoría absoluta (47,5%).

La manifestación fue criticada como sectaria. "En un día como hoy, los catalanes deberíamos estar celebrando nuestra fiesta nacional y no solamente una apelación a una independencia que solo es compartida por menos de la mitad de la población", dijo desde Estrasburgo el ministro español de Exteriores, el catalán y socialista Josep Borrell.

El mismo campo independentista muestra divisiones, entre los más moderados y los radicales.

"Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que crea que puede imponer la independencia al 50% de los catalanes que no lo son, es evidente que está absolutamente equivocado", advirtió la semana pasada el diputado Joan Tardá, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), más pragmático frente a su socio en el gobierno catalán, Juntos por Cataluña, de Puigdemont.

Tras un verano tenso por la proliferación de lazos amarillos en demanda de la liberación de los líderes presos, la Diada marcó el inicio de una serie de movilizaciones de los independentistas. "Empezamos una marcha sin fin", afirmó el presidente catalán, el independentista Quim Torra.

Torra exige a Madrid un referéndum de autodeterminación pactado, sin renunciar a "ninguna vía" para conseguir la independencia, aunque hasta ahora no ha esbozado una hoja de ruta para lograrlo.

Si regresa a la desobediencia, Madrid volvería a intervenir la autonomía regional, como ya hizo en octubre bajo el gobierno de Mariano Rajoy.

Su sucesor, el socialista Pedro Sánchez, quien llegó al poder en junio gracias a una moción de censura parlamentaria apoyada por los independentistas catalanes, retomó un diálogo con Barcelona y ofreció un referéndum sobre la ampliación del autogobierno catalán, una posibilidad ya rechazada por Torra.

Por su parte, la líder de Ciudadanos (liberales), principal partido de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas, aseguró que la celebración institucional de la Diada es una "muestra de la no normalidad", ya que los actos organizados por el gobierno catalán "excluyen a más de la mitad de los catalanes", es decir, los contrarios a la independencia.

En la Diada, Cataluña conmemora la derrota militar que el 11 de septiembre de 1714 sufrieron las fuerzas catalanas que apoyaron al archiduque Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión al trono de España, frente a las de Felipe V de Anjou, quien finalmente se impuso, y fue el primer Borbón de esta casa reinante en el país.

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