Opinión

Fortalecer a Europa protege a los pueblos

El martes 22 de enero, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, y la canciller de la República Federal de Alemania, Angela Merkel, firmaron el tratado de Aquisgrán.

Angela Merkel y Emmanuele Macron. Foto: EFE
Angela Merkel y Emmanuele Macron. Foto: EFE

Lo hicieron 56 años después de que el General De Gaulle y el canciller Adenauer hubieran firmado, el 22 de enero de 1963, el Tratado del Eliseo que sellaba de manera histórica la reconciliación entre Francia y Alemania, abriendo de esa forma un camino para una cooperación y una colaboración única en materia política, cultural, económica, social, educativa y diplomática entre nuestros dos países.

Es así que nació la pareja franco-alemana fundada en la simple y revolucionaria idea de que la reconciliación profunda de nuestros dos países, tras una rivalidad y conflictos seculares que por tres veces en los siglos XIX y XX, arrojaron a nuestros pueblos a enardecimientos mortales, pasaba por una vasta colaboración que no solamente consolidaría para siempre la amistad entre nuestras dos naciones, sino que constituiría el corazón dinámico de un proyecto de una Europa siempre más unida en su organización política, económica, militar, cultural y social.

Ni esta ambición ni esa promesa fueron desmentidas desde entonces.

Este pacto político fue, a partir del General De Gaulle y del canciller Adenauer, continuamente renovado por nuestros jefes de Estado y de gobierno, a pesar de circunstancias históricas diferentes y personalidades políticas con formaciones, tradiciones y caracteres diferentes.

Tanto V. Giscard dEstaing y H. Schmidt, F. Mitterrand y H. Kohl, J. Chirac y G. Schröder y hoy Emmanuel Macron y Angela Merkel, todos han puesto en el centro de su compromiso nacional y europeo esta amistad franco-alemana sin la cual nada sólido ni profundo puede ser emprendido para enfrentar los grandes desafíos que se nos presentan a ambos pueblos en el marco del Europa y en el gran concierto mundial de las naciones.

¿Quién no ve hoy la apremiante necesidad de profundizar todavía más, en este siglo XXI, esta cooperación en un mundo sacudido por el aumento de los nacionalismos y de las reivindicaciones y repliegues identitarios que socavan los valores y principios del Estado de derecho, en un mundo tentado por restringir las libertades comerciales internacionales o en debilitar las herramientas multilaterales de lucha contra el calentamiento climático, en un mundo amenazado por las crisis de seguridad vinculadas al terrorismo, a la proliferación nuclear y química y a la ciberdelincuencia?

El Tratado de cooperación y de integración de Aquisgrán define objetivos concretos en temas de cooperación dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de defensa y de seguridad, de cooperación transfronteriza y entre las sociedades civiles, de cultura y de audiovisual, de financias sustentables y de competitividad, de energía y de clima, de movilidad para la juventud, de búsqueda de innovación en materia espacial, digital, de inteligencia artificial.

Esta nueva intensificación de nuestra relación bilateral está al servicio de la unidad, de la eficiencia y de la cohesión de la Unión europea y de un orden internacional basado en reglas y en el multilateralismo.

Somos parte de una generación de diplomáticos formados con principios exigentes y costumbres que confían en esta cooperación franco-alemana.

Este nuevo tratado es el nuevo testimonio ambicioso de esta amistad entre nuestros dos países y de nuestra confianza en la capacidad de nuestras sociedades y de nuestros ciudadanos para enfrentar juntos los desafíos a los que Francia, Alemania y la Unión Europea se ven enfrentadas.

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