Chris Gardner

"Vivir es saber levantarse tras un fracaso"

El huracán “Chris” pasó por Punta del Este. Fue hace pocos días, cuando el multimillonario y filántropo que inspiró la película En busca de la felicidad brindó una conferencia organizada por AIVA, integrante del grupo Old Mutual especializado en soluciones financieras y gestión patrimonial.

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Mensaje de Gardner: "Depende de ti mismo". Foto: Ricardo Figueredo.

Su vozarrón precede a su ingreso al lugar convenido para la entrevista, en la habitación 1601 del Enjoy Conrad. Apenas se lo escucha, a uno le vienen ganas de hacer algo. Cuando habla parece un aluvión emocional y da la sensación de que el personaje que encarnó Will Smith en el cine quedó chico. Gardner se presentó uniformado con la camiseta celeste con su apellido estampado en el dorso.

—Usted es la persona ideal para preguntarle si hay vida después del fracaso.

—Siempre hay vida. Siempre. Alguna vez, todos vamos a fracasar en algo. Es la vida. Pero vivir es saber levantarse después de un fracaso. Lo que no está bien es que renunciemos. Puede convertirse en un hábito muy malo: renuncio a todos los desafíos y me retiro.

—¿Qué es peor: el fracaso mismo o el miedo a fracasar?

—El miedo. Sin duda. Te paraliza. Uno se pone rejas en la mente y en el espíritu. El miedo paraliza. Hay que saber vivir con el fracaso toda la vida. Es un tipo de presión distinto.

—¿El miedo al fracaso es un mal generalizado en la sociedad?

—Es algo universal. Es lo mismo en cualquier parte del mundo. Son experiencias universales. No importa dónde estemos en este planeta. No somos diferentes como personas. Nos ocupamos de nuestra salud, nuestros hijos, nuestras carreras, nuestra felicidad. somos casi iguales.

—Hablando de miedos. También tenemos miedo de ser felices.

—Es una o la otra. Sostengo que, en el fondo, todo esto se trata del miedo al éxito. ¿Qué tal si tengo éxito y no lo puedo manejar? ¡Qué horrible! No fracasé. ¡Tengo éxito! ¿Y ahora que hago? Amigo: eso es parte de la vida... Te confieso que estoy feliz de haber tenido la oportunidad de venir aquí para participar de la conferencia de AIVA. ¿Por qué? Pude hablar con gente que trabaja en nuestro sector de negocios financieros, que en los últimos años ha sido duro. Ha sido muy, muy duro estar en este negocio. En los últimos años nos han mirado como si todo fuera culpa nuestra. "¡Tú fuiste el culpable!". Te señalan a ti y a tus colegas.

—Está ese chiste sobre la crisis financiera de Estados Unidos y la lata de sardinas. Un hombre compra una lata a un peso y la vende a dos. El comprador vende la lata a cinco y el nuevo comprador a veinte. Hasta que el último comprador, que pagó la lata a US$ 50.000, la abre y la lata de sardinas está podrida. "¡Fui un estúpido!", dice. "Esta lata de sardinas era para canjearla, ¡no para comerla!"

—Claro. Eso es lo que te dicen. Ese fue un mal ejemplo. Entre otras cosas porque a mí me encantan las sardinas.

—Cuando uno ve que a todo el mundo le va mal y a mí me va mal, yo no tengo un problema. Lo malo es cuando a mí me va mal y al resto del mundo no.

—Le puedo responder de esta manera: en qué momento estoy y en qué momento estuve. En el momento más bajo, cuando tuve que vivir en el cuarto de baño con mi bebé yo no podía pensar en otra gente porque yo experimentaba mi problema. Yo tenía algo que ver con esa situación en la que me encontraba. Yo tenía la responsabilidad. Alguna decisión que había tomado me afectó y me llevó a esa situación. Mi vida cambió cuando acepté que yo tenía que ver con lo que me estaba pasando. Cuando acepté que había conducido a mi vida hasta ese punto.

—¿En el fondo, uno siempre depende de sí mismo?

—Mi mamá siempre me decía: "Sólo puedes depender de ti mismo; el Séptimo de Caballería no va a venir a rescatarte". El cow-boy nunca viene a salvarnos. Es uno el que tiene que salir adelante. Con toda su fuerza. Cuando uno es un padre solo, tendrá algunos días difíciles, pero lo seguro es que nunca podrá tener un solo día libre. Jamás.

—Cuando tocó fondo y vivía con su hijo en el baño de la estación del metro, ¿cómo miraba al resto de las personas? El mundo seguía con sus cosas y nadie se fijaba en lo que le pasaba a usted.

—Nadie prestaba atención a lo que nos pasaba. Nadie se fija en las personas sin techo o sin hogar. Me convertí en un ser invisible. Nadie te ve. En esa etapa de mi vida la gente con la cual yo trabajaba jamás lo supo. Y no necesitaba saberlo. Ellos lo único que sabían era que esta persona venía a trabajar todos los días. Cumple y trabaja. No falta jamás. Fue lo que supieron de mí.

—Es un toque de atención para las empresas. Deberían involucrarse más en la vida de sus trabajadores.

—Es muy importante porque si uno no conoce a la gente con la que trabaja todos los días y no hay conexión con los clientes, la rerlación será muy frágil. Afectará a todos. Es muy importante que las empresas sepan que sus activos tienen piernas que entran por la puerta todos los días.

—¿Y en su caso?

—Yo conozco a todas las personas que trabajan conmigo. De forma habitual hablo con ellos de sus problemas, de sus hijos, de sus desafíos. Todas las semanas traen a sus chicos al trabajo. Quizas esos niños que vienen a jugar a la oficina, un día seran empleados de la compañía. Así como mis empleados traen sus hijos, yo traigo a mi perro que viene todos los viernes a trabajar.

—Estados Unidos pasó por varias crisis bursátiles. La última fue la peor. ¿Qué está pasando? ¿Qué le dice la gente sobre lo que está pasando en la comunidad?

—La gente tiene mucho miedo. Mucho miedo. El mercado viene subiendo pero hay muchísimas empresas que no están cotizando en la bolsa. Están todavía recuperándose de la gran crisis financiera. Por eso tienen miedo. Los jóvenes han visto a sus padres diezmados. Muchísima gente tenía pensado trabajar en la misma compañía durante toda su vida y jubilarse con una pensión. Se terminó todo eso. Esos días ya no existen.

—¿Ha desaparecido el sueño americano?

—No. El sueño sólo cambió.

—¿Cuál es el nuevo paradigma de los estadounidenses?

—No tiene que ver con las cosas. No tiene que ver con lo material. El sueño americano tiene que ver con lo que uno hace. Tiene que ver con lo que tú eres. Lo que posees no define quien eres.

—¿Cómo es un día en su vida?

—¡Muy loco! Hay dos tipos de días. Uno, cuando estoy en casa en Chicago. Voy mucho al gimnasio. Un poco de ejercicio cuesta, duele pero hay que hacerlo. Y el resto de día paso hablando, con mucha gente. De la nada, surgen oportunidades que llegan y se sientan en la falda. Alguien viene y te dice: "¿Qué tal si compras una asociación nacional de básquetbol?. Te va a costar 1.000 millones de dólares. ¿Te interesa?". Claro que sí. Me interesa. Ahora voy a buscar esos 1.000 millones. Es lo único que me falta hacer.

El hombre "sin techo" que se volvió millonario.

Christopher Paul Gardner (9 de febrero de 1954) es un millonario emprendedor, conferencista y filántropo estadounidense. Luchó a favor de las personas sin hogar en Estados Unidos mientras criaba a su hijo Christopher a comienzos de la década de 1980. La aventura de ser un padre sin casa, viviendo a veces en refugios, mientras intentaba establecerse en una gran firma financiera se ha retratado en la película En busca de la felicidad, con Will Smith en el papel de Chris.

Una curiosidad de Gardner, que no pasó inadvertida en Punta del Este, es que usa siempre dos relojes, uno en cada muñeca. "Uso dos relojes desde hace casi 30 años. Los empecé a usar en octubre de 1987 cuando el crack del mercado bursátil. Tenía una reunión con un inversor muy importante y llegué veinte minutos tarde. Él me dijo: Si tú no eres puntual no puedo esperar que hagas cosas buenas con mi dinero. La enseñanza me quedó muy clara: dos relojes durante treinta años". explicó. "Solo hay cinco minutos de diferencia entre uno y otro", agregó.

Desde el año 2012, Gardner es el CEO de su propia firma de corredores de bolsa, Gardner Rich & Co.

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