Estudio

Las pesadillas de los que volvieron

Un estudio revela la situación de estrés y angustia que viven los que retornan al país.

Los retornados que participaron del estudio volvieron a Uruguay entre 2012 y 2016. Foto: archivo El País
Los retornados que participaron del estudio volvieron a Uruguay entre 2012 y 2016. Foto: archivo El País

Ideas negativas que no se pueden sacar de la cabeza, pesadillas, irritabilidad, mal humor y angustia. Son síntomas del llamado estrés postraumático, un trastorno que pueden padecer los retornados, los uruguayos que migraron y volvieron al país a reencauzar su vida.

La investigación, realizada entre 2011 y 2016 por la Facultad de Psicología, tomó información de 71 individuos que pegaron la vuelta a Uruguay y sufrían estos males. Partieron del país a principios del siglo debido a la crisis económica. Cada uno de ellos, tuvo al menos dos años de residencia en otro país.

“El retorno es una nueva migración”, aseguró el psicólogo Luis Gonçalvez Boggio, autor de este estudio y uno de los máximos referentes en la atención clínica a este tipo de personas.

En ese tiempo, el Ministerio de Relaciones Exteriores le derivaba a Gonçalvez Boggio y su equipo aquellas personas en las que el retorno “fue problemático” y no encontraron el sustento familiar para salir adelante. Todo esto estaba articulado por la Cancillería y contaba con el apoyo del Comité de Ética de la Facultad de Psicología.

Estas personas atravesaron al menos tres situaciones traumáticas: una fue la crisis económica por la que decidieron migrar. “Llegan a percibir al país como expulsor”, comentó el investigador. La segunda situación es la instalación y adaptación en el nuevo destino y, finalmente, “la vuelta a casa”.

La llegada al paisito no era interpretada como una nueva migración por el paciente, aseguró el psicólogo. Él sentía que solo estaba volviendo a casa. Y un sentimiento paradójico afloraba en su cuerpo. “Se sentían con una doble ausencia: que no eran de aquí ni de allá”, agregó el experto.

El 42% de esta población provino de España y el 27% de Estados Unidos. El resto, de Australia y otros países de Sudamérica y Europa. La amplia mayoría retornó voluntariamente a Uruguay (69%), mientras que los deportados fueron el 21%. Los repatriados (los que piden ser devueltos al país) alcanzaron el 10%.

La vivienda y el trabajo a la hora de aterrizar en el Aeropuerto de Carrasco es lo que más les preocupa reconstruir en Uruguay. Más que la salud, tiempo libre y la amistad. La dificultad para acceder a ellos les genera angustia y ansiedad a este tipo de personas.

Otras sensaciones de estos individuos era que en algunos casos no le encontraban sentido al retorno. Ahí se originaban casos mayores de depresión que podían reactivar situaciones de crisis anteriores.

La familia. 

Esto se suma a una situación familiar compleja: aquellos parientes que habían tenido que lidiar con la migración de estos pacientes ahora estaban obligados a recibirlos. “Y eso genera una situación paradojal familiar que estallaba”, dijo el experto. Todos han sufrido la separación y, más temprano que tarde, aparecen los reproches por el abandono.

“Vos te fuiste cuando las cosas se pusieron jodidas. Y ahora que el país mejoró, volvés. Al final sos flor de vivo. ¿Y todavía querés ayuda del Estado?”. Esta es una de las frases más escuchadas por los retornados cuando cuentan a psicólogos qué les dicen sus familiares y amigos. Esto genera “nuevos duelos”.

Algunos llegan a sentirse extranjeros en su propio país, ya que han absorbido la cultura del país del que venían. Un uruguayo que fue deportado de Estados unidos se sentía “navegando dramáticamente entre dos culturas y dos lenguas”.

Algunos retornados esperaban que su cónyuge se transformara en una fuente decisiva de apoyo emocional. “La necesidad insatisfecha era sentida como incompetencia, traición o abandono por el otro miembro de la pareja. A la vez, el otro, igualmente necesitado, experimentaba no solo su propia cuota de necesidades insatisfechas, sobrecarga y abandono, sino también quejas y reproches”, señala el investigador. Todo esto genera círculos viciosos que solo causan más angustia.

Los niños y adolescentes perdieron fuentes importantes de seguridad afectiva (amigos y compañeros de clase o del barrio). Ganaron en reencontrarse con sus abuelos, sí, pero la socialización en nuevos barrios y escuelas eran percibidas por ellos como “hostiles, agresivas e incluso indiferentes”.

La falta de apoyo. 

En la investigación, citan frases de quienes acudieron a las sesiones terapéuticas. La falta de apoyo de los círculos sociales antiguos se les hacía evidente en el primer tiempo. “No tenía ni idea de que volver podría ser tan difícil, y parte de lo que hace que la transición sea tan difícil, es que es imposible para los que se quedaron (fundamentalmente mi familia, mis amigos) entender lo que estás experimentando. Mis amigos, cuando volví, no fueron capaces de hacer mucho para ayudarme a la transición”, dijo una estudiante de 29 años.

Un desocupado, de 32 años, se refirió al vínculo con sus amigos uruguayos. “Pensaba que tenía historias asombrosas para contarles, pero, a mitad de cada cuento, me daba cuenta que nadie las quería escuchar. Me di cuenta que no podía imponerle las historias de ‘lo maravilloso que es vivir en el primer mundo’ a personas que no tenían ninguna intención de escucharlo. Sufrí mucho hasta que volví a encontrar algo que tuviésemos en común con mis amigos, y poder centrarme en eso”, comentó.

Antes del retorno, una mujer de 37 años comenzó a escribir mails “obsesivamente” a sus amigos consultando si era bueno retornar. “La cantidad de respuestas que recibí fue mínima, en función de mi expectativa. Me di cuenta que, en estos años, se había producido un distanciamiento, quizás mutuo, entre los que se quedaron y yo”, señaló la entrevistada.

Otros fueron experimentando distintas emociones en este proceso. “Al principio sentí una mezcla de inquietud y ansiedad, luego la misma se fue tornando en aburrimiento y aislamiento. Si al principio estaba muy ansioso, ahora me siento más deprimido. Tengo dificultades de concentrarme, todo el tiempo estoy pensando en el cambio de valores, en la forma de vivir de la gente, creo que en el tiempo que estuve afuera cambiaron totalmente los valores en Uruguay”, comentó un hombre de 36 años.

Terapia. 

En estos 71 casos más complejos se aplicó la terapia EMDR. Consiste en un tratamiento en el que el paciente describe el incidente traumático que sufrió, el terapeuta le pide que seleccione los aspectos más importantes y que más lo angustian de él. El objetivo es que a través de movimientos oculares de un lado a otro se le vengan a la mente otras partes del recuerdo u otros episodios.

La meta final es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático en cuestión, llevándolo a una “resolución adaptativa”, según explica la organización EMDR en España.

El estudio hecho en Uruguay muestra que las técnicas utilizadas fueron “altamente eficaces” para disminuir los niveles de impacto del trastorno por estrés postraumático. Esas sensaciones que les provocaban a estos retornados se fueron reduciendo “significativamente”.

Luis Gonçalvez Boggio.

Un psicólogo de migrantes

Es psicólogo y conferencista de los principales congresos regionales e internacionales de Psicoterapia Corporal, Psicología Social y Psicotraumatología.

Entre 2011 y 2016 decidió

dedicarle la mayoría de sus horas docentes a este proyecto de investigación

y asistencia a retornados uruguayos que sufrían el trastorno de estrés postraumático.

“El compromiso ético pasó a estar centrado en los estudiantes que comenzábamos a formar año a año y, fundamentalmente, en los

pacientes que comenzábamos a atender, siendo estos los destinatarios de nuestros mayores esfuerzos, que tuvieron como foco, más allá de la tarea sistemática de investigar, procurar producir alivio a sus pesares y darle

sentido a la experiencia del retorno”, señala en la investigación titulada “Estudio de técnicas energéticas y de estimulación bilateral

para el abordaje del estrés postraumático”.

Gracias a este estudio crearon un “protocolo clínico” que sirve para atender a retornados futuros que puedan atravesar episodios traumáticos de este tipo.

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