Peatones sorprendidos

Abrazador y besuquero chileno anda por las calles de Uruguay

El video del mimo Tuga en 18 de Julio se viralizó y llegó a manos de Tinelli.

El mimo propone sacar a la gente de su rutina con besos, abrazos y risas en la calle. La respuesta en Uruguay fue muy positiva. Foto: Agustina Willat
El mimo propone sacar a la gente de su rutina con besos, abrazos y risas en la calle. La respuesta en Uruguay fue muy positiva. Foto: Agustina Willat

El hombre que el domingo pasado sorprendió a los peatones que cruzaban 18 de Julio con besos y abrazos, y se trepó a los ómnibus para acariciar a los pasajeros a través de la ventana, se gana la vida regalando alegría a quienes circulan por la calle desde hace 13 años. Y lo hace sin decirles una sola palabra.

Se llama Rodolfo Meneses, pero todos lo conocen por su nombre artístico: Mimo Tuga. El chileno acumula más de 77 mil seguidores en Facebook, otros 11 mil en Instagram y cerca de 8 mil en la red social del pajarito.

Se viste de anaranjado para ser visto a la distancia y llamar la atención, pero también hay un motivo espiritual detrás de ello. Los budistas alegan que el anaranjado es el color de la energía, y es justo lo que él busca transmitir: "Buena vibra".

Este hombre que viaja por el mundo dando abrazos y besos a quienes encuentra por las avenidas no es un loco improvisado. Realiza estas intervenciones callejeras en el marco de su espectáculo Con su permiso, e implican un esfuerzo logístico.

"El espacio se piensa y se elige con tiempo. No es que me levanto, me pinto la cara y salgo a hacer cualquier cosa. Hay una experiencia detrás que lo avala, ganas y un equipo que quiere hacer de la vía pública un espacio más amable, simpático, amoroso y humano", comenta Tuga a El País.

Su base está en Valparaíso, pero recorrió China, Francia, Italia, España, Bélgica, Holanda, Estados Unidos, Colombia, Brasil, Venezuela, Argentina y Perú en las más de 4 mil funciones que lleva hechas.

El domingo pasado quedó maravillado con la buena onda y el gran sentido del humor de los uruguayos. Los besos y abrazos de Tuga en las inmediaciones de Tristán Narvaja fueron registrados con varios celulares. Uno de esos videos se viralizó y llegó a manos de Marcelo Tinelli, que lo compartió en su Facebook. Esa publicación consiguió más de 2.500 "me gusta" y 150 mil reproducciones.

Rodilleras: para dejarse arrastrar por la calle. Foto: Agustina Willat
Rodilleras: para dejarse arrastrar por la calle. Foto: Agustina Willat

"Muy buenoooo!!! ¿Dónde es esto? Excelente este mimo que busca cariño en plena calle", escribió el conductor. "Fue interesante que lo compartiera. A mí me sirve que se vea que lo hacemos desde un lugar profesional", comentó el artista chileno.

¿Incomprendido?

Tuga dice que su única idea es demostrar a este "mundo dado vuelta" que todavía se puede rescatar el valor lúdico y sonreír en comunidad. Estas acciones cuasi románticas sacan a las personas de su rutina con una invitación a jugar. El éxito del trabajo de Tuga radica en que jamás obliga a nadie a participar. "Paro el auto, miro al conductor a los ojos, y solo continuamos si él quiere".

Es muy poco frecuente que alguien se niegue a participar. En Montevideo hubo un par de "automovilistas apurados que se resistieron, pero los saludé y los dejé pasar".

La ciudad donde se la hicieron más difícil fue Beijing, por el choque cultural. Tuga no habla. Elige el silencio porque considera que la "palabra está muy manoseada. Si bien el lenguaje gestual es universal, el humor es muy distinto en China, y no causan gracia las mismas situaciones".

Agregó que "al principio rechazaban el contacto, pero cuando enganchaban parecían niños. Una chica terminó subida a mi espalda y la llevé por la calle a caballito".

En su Chile natal también costó un poco que entendieran su modo de hacer arte. Intentaron detenerlo en Valparaíso justo mientras daba el seminario Actuar en la calle y no morir en el intento. Una ironía. Pero la exdirectora de Cultura, Nélida Pozo, lo salvó de la cárcel.

"Habló con la Policía y le dijo que no podían llevarse a un artista por ocupar un espacio público. Al final resultó ser un show policial porque hasta llegaron con fuerzas especiales", recuerda entre risas.

Las funciones de Con su permiso duran una hora y no requieren cortes en las calles. "Estoy súper atento a los semáforos y el paso peatonal, así que puede haber un tránsito fluido mientras se da la función". El momento lúdico insume 15 segundos por persona.

Obrero.

Lograr que otros evadan sus dilemas económicos y familiares es la manera que Tuga encuentra de sembrar felicidad en el prójimo. También apela a democratizar la cultura. "No tenés que ir a verme al teatro, me cruzo en tu camino".

Este arte callejero es su medio de vida. En contadas ocasiones lo contrata una municipalidad y hace el show a cambio de un cachet, pero la mayoría de las veces es a la gorra.

Su salario depende de la buena voluntad de la gente. Tuga llega a fin de mes, paga las cuentas, y los pasajes de avión dando besos y abrazos. Y encima vive como siempre soñó: al margen del sistema, sin horarios, ni ataduras.

"Voy a la ciudad que quiero, entreno a la hora que quiero, y presento el espectáculo cuando tengo ganas", dice.

Concentración: la función requiere estar atento al público, al espacio y al juego. Foto: Agustina Willat
Concentración: la función requiere estar atento al público, al espacio y al juego. Foto: Agustina Willat

Tuga siente que es un "obrero" cuyo trabajo consiste en hacer reír a los demás. "Toda esa energía que entrego se devuelve, y me siento súper feliz al terminar cada función".

COMPLICIDAD

Gritos y ovación en la avenida principal

Las intervenciones callejeras de Tuga jamás son accidentales o improvisadas. Llega a las ciudades y pone a funcionar su logística para seleccionar un lugar y una hora adecuada. El domingo pasado en Montevideo no fue la excepción.

"Elegimos hacer la función un domingo porque el tránsito en 18 de Julio está menos congestionado, pero a la vez la zona estaba concurrida porque funciona la Feria de Tristán Narvaja".

Con su permiso se realizó en el marco del Festival Internacional de Circo, y eso permitió que las autorizaciones necesarias pudieran tramitarse fácilmente. Sin permisos o papeles "puedo tener un problema con la policía que no me conocen", explica el mimo Tuga.

Fue la primera vez que lo invitaron con un mate durante una performance. Los choferes de los ómnibus respondieron con amabilidad. Lo invitaron subir, anduvo un par de cuadras y jugó con la bocina.

Tuga sintió que los montevideanos se entregaron al espectáculo: primero eran veinte, y se terminaron agrupando más de 200. El chileno quedó sorprendido por la complicidad que generó con la gente de más edad.

"Los adultos mayores jugaron un montón y fue súper divertido. Eso me encanta porque es una forma de validar el espectáculo: si el abuelo se prende, ¿cómo no lo van a hacer los demás? Le agarré el carrito de la feria a una señora, se mató de risa, y me pedía que se lo devolviera en tono de broma", contó.

Tuga aclara que lejos de abordar a los caminantes y conductores desde un lugar atrevido, en sus funciones "reina el cariño y respeto".

"Elijo el silencio porque creo que la palabra está muy manoseada. En los gestos encuentro honestidad. Cuando me paro delante de una persona y le abro los brazos rápidamente me doy cuenta si quiere recibir ese abrazo o no. Es un movimiento mínimo de un segundo lo que necesito para comprender".

Este hombre ganó el Gran Premio Mueca en 2015 tras hacer su show Con su permiso ante 16 mil personas en Tenerife.

Se genera una comunicación tan genuina con el público que termina haciendo locuras impulsado por ellos.

"El domingo terminé en el sexto piso de un edificio de 18 de Julio saludando como si fuese un presidente. El público me ovacionaba desde abajo. Mientras le tocaba el timbre, la gente gritaba en la calle, abra, abra, abra. Me recibió una abuela en su terraza y le di un beso", relató el mimo chileno.

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