RELATOS DEL LIBRO "VENGO A CUMPLIR"

Manini "íntimo": águilas y leopardo, su falsa fecha de cumpleaños, el dedo perdido y el control camuflado

El candidato por el Cabildo Abierto publicó un libro que se comercializa a $ 300 contando parte de su vida. 

Manini en la presentación de su libro. Foto: Marcelo Bonjour.
Manini en la presentación de su libro. Foto: Marcelo Bonjour.

"Eso es lo que me voy a llevar hasta la tumba, esa gran satisfacción d ela vida militar, haber podido comandar ese Ejército y llevarlo de forma ordenada y clara, buscando permanentemente cumplir las misiones y manteniendo en alto el espíritu hasta el último día que estuve en el cargo", relata el candidato por Cabildo Abierto Guido Manini Ríos en su libro autobiográfico "Vengo a cumplir" que fue presentado esta semana a sala llena y en la que se vendieron 500 ejemplares.

Manini relata en primera persona a lo largo del libro parte de su vida a partir de preguntas que surgen en el texto. Luego desarrolla un texto propio en el que insta a votar a Cabildo Abierto y a una rebelión democrática. Mascotas, la adolescencia, la vida de misión en África, la dirección del Hospital Maciel y otras anécdotas. 

El País accedió al libro y resume aquí algunas de las reflexiones.

El "falso" cumpleaños

Nació el 20 de agosto de 1958 entre nueve hermanos (él es el penúltimo), pero recién lo anotaron el 8 de diciembre por lo que hasta la actualidad todos los trámites legales le figuran con esa fecha. “Varias veces me han llamado el 8 de diciembre los superiors para felicitarme. Yo siempre celebro el 20 de agosto que es el día real en el cual nací”, escribe.

Águilas, leopardo y zorra de mascotas

Manini tenia varios animales en el jardín de su casa. “Recuerdo en un invierno, unos días de mucho frío hubo un pingüino en un estanque por unos días”. También relata: “Yo era muy chico, tendría cinco o seis años y me acuerdo de una zorra, que hace poco la foto me la pidieron, estoy yo con la zorra con un collar y correa, aunque nunca se domesticó como un perro". "Pero lo más característico de mi casa eran las águilas”, relata. “Tuvimos durante muchos años dos águilas y al final recuerdo que hubo una tercera, llegaron a ser tres, que estaban sueltas en el jardín, a veces volaban, pero volvían a alimentarse. Al principio hasta que se acostumbraron se les recortaba la punta el ala. A veces eran algo agresivas, y cuando salíamos al jardín nos llevaban la carga. Convivían ahí y se les daba de comer y fue característico en el barrio, era la ‘casa de las águilas’”.

Pero las mascotas no quedaron allí. “En una época tuvimos un cachorro de leopardo, por un par de meses y cuando empezó a crecer mi padre lo entregó al zoológico, porque es un animal que en definitiva no se domestica totalmente y ya tenía un tamaño importante. Pero recuerdo haber jugado con el leopardito”.

A estos se sumaban seis peros, pájaros, peces, un coatí y una víbora en una pecera.

Libro "Vengo a Cumplir" de Manini Ríos. Foto: Fernando Ponzetto.
Libro "Vengo a Cumplir" de Manini Ríos. Foto: Fernando Ponzetto.

La Marsellesa y el interés por ser militar

El padre, relata, era de "fuerte cultura francófila" por lo que lo envió a estudiar al Liceo Francés donde recordó: “Yo siempre digo que aprendí a cantar la Marsellesa antes de cantar el himno uruguayo”. A la escuela iba caminando junto a su hermano desde la casa en Carrasco lo que le implicaba un recorrido de unas 12 cuadras, dijo. Su padre falleció en 1971 cuando cursaba primero de de Liceo Militar.

Manini relata cómo le creció la vocación militar: "Me acuerdo que el año 72 fue un año muy complicado, un año en que las noticias eran atentados, muertos, detenidos, en el marco de las acciones de organizaciones subversivas que existían en aquella época. Yo que era adolescente veía soldados en la calle. Un día nos enteramos por la prensa que acribillaron a cuatro soldados y hubo una gran conmoción. todavía tengo imágenes de lo que fue el velorio de los cuatro soldados. Y uno como que empieza a pensar, a visualizar ideas y caminos, a sentirse parte de la realidad. Y me dije: "Yo quiero ser parte de esto; si estamos en una guerra quiero ser parte de ella; me toca". "El motivo, decir por qué a uno le apareció esas ganas, tal vez era el no querer quedarse afuera de lo que uno veía que era como una guerra, que era un tema muy serio y en la inconciencia que tiene en cierta forma un adolescente". 

La enciclopedia que le diagnosticó apendicitis

"Antes de recibirnos nos decían: las prendas y los uniformes los deben mandar a la Unidad a la que van a prestar servicios. En aquella época se mandaban por tren y nos presentábamos uniformados correctamente, con la casaquilla el uniforme de paseo y sable de oficial en mano (...) Yo mandé todo mi equipo y me quedé solo en mi casa, solo, porque mi familia no estaba, tal vez estarían en el interior del país. (...) La tarde previa a mi presentación me empieza a dar fuertes dolores en el vientre y fiebre, y estaba mal y solo tenía mi casaquilla, el uniforme y el sable. No tenía ni siquiera un vaquero, nada. Uno de mis hermanos, hoy fallecido, tenía una enciclopedia de unos setenta tomos, todavía los tenemos, y yo voy y buscoa "aprendicitis" y leo todo lo que decía... Era exactamente lo que yo tenía. Me preocupé, no tenía otra ropa, me vestí con la casaquilla, la gorra, bajé ahí donde yo vivía, en la plaza del Entrevero, y busqué un taxi y le dije: 'lléveme al Hospital Militar'. Estamos hablando de un domingo de tarde. Llegué al Hospital Militar a la emergencia y me operaron de urgencia. Tenía apendicitis a punto de reventar". 

Manini relata que al no haber celulares no tenía forma de avisar ni a la familia ni a los compañeros que tenían que ir con él al destino. "Como veían que yo no llegaba fueron a mi apartamento y golpearon la puerta. Yo no podía avisarles que estaba internado en el hospital. Recién cerca del mediodía me pude comunicar con mi familia y con ellos. O sea que me autodiagnostiqué, fui solo al hospital y recién al mediodía del otro día pude avisarle a todo el mundo. (...) Aparecí allá en San José como una semana después. Eso quedó como una anécdota en mi generación, mi primer destino fue el Hospital Militar". ​

Pólvora en la mano y un dedo menos

En 1982 Manini tuvo un accidente dando un clase de granada mientras explicaba cómo se accionaba. "Tenía una granada armada, una granada fragmentaria real, de esas que cuando revientan pueden matar a más de uno. Algo hubo que me iluminó, ya que yo separeé la granada de la espoleta, de lo que la acciona. (...) Separé las partes para que vieran bien cómo estaba compuesta y ahí accioné algo que yo nunca pensé que iba a accionar, por un mal concepto que hubo en algún momento. Cuando quiero acordar me revienta en la mano el explosivo que tenía ese iniciador que hacía explotar al resto de la granada. Si hubiera estado la granada con sus partes juntas como hasta unos instantes antes, hubiera impulsado esquirlas para todos lados y hubiera matado a varios. Por suerte, por algo, separé la espoleta y lo di solo con la espoleta, y con eso me destrozó las manos. Hasta el día de hoy en una mano tengo parte de la palma con puntos negros que son las salpicaduras de aquella pólvora. Esta mano la tuve como un fuego, una brasa durante un mes entero. También perdí un dedo".

Manini relata que pidió al encargado de la clase que buscaran un dedo porque "había escuchado que un dedo cortado se puede volver a poner". De allí fue a la enfermería y antes de dirigirse volvió al salón de clase: "Estaban los cuarenta alumnos buscando y aparece uno, '¡Mire, encontramos! y me trae una uña".

"Sufrí un tiempito", resume la experiencia, "me llevó como un mes y pico recuperarme y superar el dolor".

El telegrama del nacimiento

Al año de casarse con Irene Moreira en 1987, a Manini le surgió la posibilidad de ir de misión a Irán. Irene estaba embarazada. "En la primera semana de setiembre ya estábamos en vuelo hacia Irán, y hasta el día de hoy mi señora me recuerda siempre que la dejé sola cuando estaba por dar a luz nuestro primer hijo... ". Fue hija: Micaela. Estando en la frontera con Iraq "allí fue que me enteré por un telegrama que llegó tres días después que había nacido mi hija". 

En esa misión aprendió el idioma farsi. Sabe pedir agua caliente para el mate, preguntar cuánto cuesta, saludar, agradecer, relata. Luego fue a Mozambique, donde vivió en carpa en el medio del monte como observador militar.

Control en emergencia camuflado

"Una vez me aparecí a la medianoche en la emergencia, con una bufanda para que no me reconocieran. Era un día de frío, y decidí sentarme a esperar que me atendieran. Me acuerdo que una vez pasó 1 hora y 45 minutos y no me atendían, y no era porque hubiera mucha gente. No había casi nadie. Entonces me levanté, me presenté ante la administrativa y le dije que quería hablar con el médico que estaba de guardia, y ahí se armó un revuelo tremendo, porque hacía 1 hora y 45 minutos que estaba esperando y todavía no me habían atendido... ¡y yo era el director del hospital! Después se corrió la voz, y ya para el día siguiente estaban todos atentos, y eso cada tanto, yo creo que son cosas que están en la esencia de la gestión, ponerse del lado del usuario y hacer controles". 

¿Qué es ser militar?

"El que piensa que ser militar es mandar y obedecer nada más, está muy equivocado. Unos mandan y otros obedecen, pero si es que hay realmente una especie de sintonía, el de abajo se siente defendido y el de arriba se siente apoyado".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error