TRIPLE CRIMEN EN EL CERRO

"Me oyeron cuando huía, eran sus vidas o la mía", declaró el matador de los tres marinos

La declaración del asesino, un exmarino de 27 años, echa luz sobre aspectos de los crímenes que se desconocían hasta el momento.

Puesto de guardia de la Armada conocido como “La Antena” en el Cerro. Foto: Francisco Flores
Puesto de guardia de la Armada conocido como “La Antena” en el Cerro. Foto: Francisco Flores

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El exmarino Jonathan Bragundi (27) estudió hasta tercero de UTU e hizo un curso de chef antes de ingresar en la Armada. Allí estuvo dos años y seis meses hasta que fue declarado desertor en marzo de 2020.

Bragundi vivía en la casa de una pareja, una vivienda ubicada sobre la calle Rusia (Cerro). A la dueña la había conocido tras conversar un tiempo por Facebook. Los vecinos, aterrorizados, decían que en esa casa se vendía drogas.

En la noche del 31 de mayo de 2020, Bragundi ingresó al puesto de guardia de la Armada conocido como “La Antena” en el Cerro. En el lugar hay una antena de Antel y una cabaña donde se encontraban de guardia los marinos Alan Rodríguez, Alex Guillenea y Juan Manuel Escobar. Tras ejecutarlos con el arma de una de las víctimas, Bragundi se llevó tres pistolas Glock con sus cargadores.

El 18 de junio de 2020, Bragundi declaró ante la fiscal de Homicidios, Mirta Morales, asistido por una defensora pública. En ningún momento mostró arrepentimiento por el triple homicidio.

La declaración del asesino echa luz sobre aspectos de los crímenes que se desconocían hasta el momento. Bragundi dijo que no ingresó por la puerta, que no era amigo de los marinos ultimados y que el móvil de los crímenes fue el robo de las armas.

A sangre fría

En el interrogatorio, la fiscal hizo un pequeño preámbulo y luego fue a los hechos.

-¿Qué pasó esa noche (en La Antena)? - preguntó.

-Necesitaba plata. Estuve dos meses buscando trabajo y no conseguía nada. Me di cuenta que la única manera era entrar al lugar donde fue el hecho (el triple crimen). Fui a robar las armas. Yo conocía el lugar. Entré por la ventana del baño. No me escucharon. Luego pasé a uno de los cuartos. Había uno durmiendo (el marinero Juan Manuel Escobar). Agarré su arma y los dos cargadores. Los puse en el bolsillo. Cuando salía por la ventana del baño, ellos (Alan Rodríguez y Alex Guillenea) sintieron el ruido. Me dieron la voz de alto. Puse los cargadores en la pistola. Sinceramente, era la vida de ellos o la mía. Sabía que estaba en el horno-, dijo Bragundi con voz monocorde.

La fiscal advirtió a Bragundi que su relato “no cierra” con lo que ella vio en el lugar.

-Usted me decía que ese puesto de guarida (La Antena) ya lo conocía. ¿Es así?.

-Cuando estaba en el Fusna, hice guardia dos veces ahí- respondió Bragundi.

-¿Qué custodiaban ahí?- preguntó Morales.

-Ahí esta la antena de Antel. También una cabaña. Hace un tiempo hubo un problema con un auto que llegó al lugar (supuestamente a robar) y por eso se puso una custodia.

La fiscal luego inquirió si en el pasado hacían guardias de dos o tres efectivos.

Bragundi dijo que él siempre estuvo acompañado por otro compañero. Y agregó que cuando fue a La Antena esperaba encontrar a dos marinos de la Armada y no a tres. Eso lo había sorprendido, dijo.

-Se trata de un predio militar. ¿Cómo hizo para entrar?- preguntó la fiscal.

-Ingresé por la parte del “cante”, por el campo. Trepé, salté el tejido del fondo del predio. Luego entré por el baño.

Según el testimonio de Bragundi, ya tenía en su poder la pistola Glock y los cargadores que pertenecían a Escobar, quien dormía a poca distancia.

Desde la puerta del dormitorio, Bragundi controló lo que hacían los otros dos marineros en comedor de la cabaña.

-Volví al baño. Cuando me iba pisé un balde. Ellos sintieron el ruido. Yo quedé duro. Ellos (Alan Rodríguez y Alex Guillenea) cargaron sus armas y avanzaron. Y yo cargué la que tenía- declaró Bragundi.

-Es raro lo que usted dice. Prácticamente se mueren en sus sillas- , dijo la fiscal.

-Sinceramente yo escuché que uno de ellos se paró, cargó el arma y le tiré. Era el que estaba detrás del escritorio. Después el otro quiso reaccionar. Pero yo ya tenía el arma cargada. Esa pistola, cuando se carga, queda pronta para tirar enseguida. Pensé “este me va a vender”. Yo andaba sin máscaras. Solo con un cuchillo. Luego le di una patada a la puerta del dormitorio. Y también le tiré.

-¿Usted está seguro que entró por la ventana y no por la puerta de la cabaña?- inquirió la fiscal.

-Entré por la ventana.

-¿Usted los conocía?- preguntó Morales.

-Los conocía de vista. Eran de otra compañía.

Tras ejecutar a los tres marinos, Bragundi quedó un rato en shock. Luego agarró la mochila de una de las víctimas y colocó las armas. Se fue por la puerta de la cabaña. Después escaló el tejido por donde vino. Un rato más tarde vendió las dos armas a $ 80.000. La tercera pistola fue incautada por la Policía en la casa de la calle Rusia.

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