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Robert Silva: “Hay docentes que piensan que el liceo no es para todo el mundo”

"El país no soporta cinco años más con la educación así", advirtió el consejero.

Robert Silva, consejero de Codicen. Foto: Marcelo Bonjour.
Robert Silva, consejero de Codicen. Foto: Marcelo Bonjour.

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En la sede central del Codicen, donde otrora estaban las oficinas de Pluna, hay olor a campaña electoral. Ni la inhibición política que tienen las autoridades ni la vorágine del día a día son capaces de disimular que la enseñanza es uno de los bastiones en disputa política. En entrevista con El País, el consejero Robert Silva dice que tiró la toalla en algunas luchas, pero que no se cansará de defender otras. Advierte que las próximas autoridades se encontrarán con una caja a la que le faltan $ 600 millones; y que se toparán con la necesidad de un cambio “drástico” porque “el país no soporta cinco años más con la educación así”.

-Cuando usted asumió como consejero del Codicen, hace tres años, la educación figuraba entre los tres principales problemas de los uruguayos. Así lo señala el Latinobarómetro. ¿Por qué hoy no está en esas posiciones?

-Otras cuestiones han ocupado la atención de los uruguayos: la seguridad, el empleo, lo económico. Los uruguayos han dejado de ver los problemas que tenemos en la educación.

-¿Mejoró la educación en estos tres años?

-En algunas cosas sí, pero no ha mejorado en las cuestiones verdaderamente importantes.

-¿Por ejemplo?

-No mejoró en lo curricular, en la evaluación y en los aprendizajes de los alumnos.

-En la práctica, ¿en qué se nota eso que, a su criterio, no mejoró?

-Debería haber mejorado la oferta educativa. Deberían cambiar los planes de estudio que les ofrecemos a los estudiantes para que sean más atractivos. En cambio, se aprobaron planes, como la reformulación 2066, que tiene una lógica de 1947: un plan por asignaturas, aburrido y con una fuerte carga ideológica. Los alumnos llegan a los centros educativos y se encuentran con profesores que no dialogan. Tampoco se ha logrado cambiar la formación de los docentes. Y ni siquiera se modificó la repetición: venimos hablando de cambiar la evaluación desde 1999 y todavía no hay avances.

-¿Se eliminará la repetición?

-Hay un consenso de que hay que cambiar el régimen de evaluación, pero la discusión está estancada.

Robert Silva, consejero de Codicen. Foto: Marcelo Bonjour.
"Falta una coordinación entre el Codicen y el Consejo de Formación en Educación", dijo. Foto: Marcelo Bonjour.

-Pero en la práctica viene cambiando, al menos ha bajado notoriamente en Primaria y Secundaria…

-Son intentos aislados, carentes de una política de evaluación. La normativa, de fondo, sigue siendo la misma.

-El que un alumno repita o no es parte de un “poder” que recae en el docente. ¿Detrás de la discusión hay una cuestión de “poder”?

-Sí. Se piensa, erróneamente, que cambiar la repetición es sinónimo de flexibilizar los aprendizajes. Es una mentalidad de otra época.

-¿Su argumento debe leerse como que “hay docentes que piensan que el liceo o la UTU no es para todos”?

-Sí. Hay docentes, y otros actores, que piensan que el liceo no es para todos. Pero parte de la responsabilidad es nuestra en no darle las herramientas a los docentes para que la enseñanza sea más inclusiva, atractiva y no tan encorsetada.

-Usted hablaba de que no se avanzó en la formación docente. Sin embargo, el Consejo de Formación en Educación era el que, para este quinquenio, tenía las metas más ambiciosas. ¿Qué pasó?

-Lo primero es que falta una coordinación entre el Codicen y el Consejo de Formación en Educación. Las metas que se habían trazado no se concretaron. Todos sabemos que tenemos un muy mal plan de formación en educación inicial, creado en 2008 con fuerte componente ideológico. No se ha podido cambiar. Se iba a cambiar en 2017 y no pasó. Ahora hay a estudio una nueva versión pero que tiene oposición de algunos colectivos y que trae la siguiente pregunta: ¿es sensato que empiece un nuevo plan justo cuando hay cambio de autoridades y de gobierno?

-¿Se cambiará?

-Tengo dudas. Hay que consultar a quienes van a tomar la posta de la educación en 2020. Las nuevas autoridades deberían ser parte del proceso de transformación.

-¿Con qué aspectos positivos se encontrarán las próximas autoridades?

-Ha habido un avance en el seguimiento de las trayectorias educativas. El país debe continuar eso. Hay un equipo sólido trabajando, haciéndoles seguimiento a los alumnos, confirmando la preinscripción en el pasaje de Primaria a la educación media, mirando quiénes están y quiénes faltan. En 2019 tenemos solo 1.337 alumnos que hacerle un seguimiento detallado, eso está muy bueno… Mucho mejor de cuando entré al Codicen. También se está haciendo un buen trabajo en la certificación de lenguas extranjeras. Hay un acercamiento interesante con la Universidad de Cambridge.

-¿Y el Plan Ceibal?

-La innovación educativa, lo sé por los docentes, pasa por el Plan Ceibal. Eso, como autoridad de la educación, lo miro con cierta tristeza. No por la innovación, sino porque la ANEP lo mira de costado. La ANEP tiene la responsabilidad de la conducción educativa, pero nos enteramos por la prensa de las innovaciones. La red global de aprendizajes es un buen ejemplo, lo mismo la inteligencia computacional. Llaman a capacitaciones, no sé quiénes capacitan, quiénes se capacitan, con qué criterios, nada. He intentado recomponer el vínculo, pero ya he tirado la toalla.

-¿Se avizora algún sacudón en la educación para el próximo quinquenio?

-El país no soporta cinco años más de la educación que tenemos. Yo voy a estar hasta febrero del 2021, porque hasta entonces es mi cargo electo por los docentes. Las nuevas autoridades políticas van a tener que llegar sabedores de que hay que tomar decisiones drásticas, y sabedores de que habrá múltiples resistencias. El actual consejo ya no podrá tomar decisiones importantes, ya pasó su cuarto de hora. Por eso, quienes vengan deberán tener un plan claro, respaldo técnico y liderazgo.

-¿Le ofrecieron ser el líder?

-No es una persona la que va a transformar la educación, sino un equipo. Hay muchas personas, que no tienen prensa, que pueden empezar el cambio.

-No me respondió, ¿le ofrecieron ser el líder?

-(Silencio seguido de risas) Como yo tengo inhibición política, no converso de esas cosas (risas otra vez). Es sabido que junto a un grupo de docentes que trabajamos tenemos a la educación como opción de vida y vamos a estar siempre por la educación.

-¿Estaría dispuesto a dejar su representación docente para ser el Netto de 2020?

-Estoy dispuesto siempre que haya un plan estructurado, siempre que se escuche a los docentes, siempre que exista respaldo técnico y no se asignen a los cargos por cuota política.

-En el supuesto caso que fuera el próximo líder, ¿incorporaría representantes del Frente Amplio?

-Absolutamente. Yo me inicié en la educación en la reforma de Germán Rama. A mí me dieron el cargo, de confianza, de secretario de Secundaria. Luego trabajé al lado de Rama, en el Codicen, en el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti. Y lo que aprendí entonces es que en la educación se trabaja independientemente del partido político que se tenga. En aquel consejo había representantes de los más variados partidos. A mí me pasa de ponerme a trabajar con gente que no sé ni me interesa qué vota. Acá no se vota propuestas por el color partidario de las personas.

-¿Hasta qué punto la “falta presupuestal” es la excusa válida por el que no se han alcanzado todas las metas propuestas por la ANEP?

-En la educación el presupuesto es importante. Pero también hay una cuestión de mala optimización de los recursos. El 86% se destina a salarios: ¿está bien distribuido eso? ¿Cómo puede ser que hay lugares en que “sobran” cargos y en otros faltan? Hay una información que nos está diciendo que no se está distribuyendo bien. Los directores nos responden que no necesitan recursos humanos, sino perfiles de cargos, funciones establecidas.

-¿Con qué caja se encontrarán las nuevas autoridades?

-He pedido información y todavía no me han devuelto la respuesta. Pero hemos comprometido gastos permanentes con recursos que no son permanentes y que nos autorizó el Parlamento. En concreto, hemos usado el fondo de inasistencias que se genera por la no paga a los docentes que hacen paro. De ahí ya tenemos una cifra comprometida…

-¿De qué monto?

-De unos $ 600 millones.

-Su relación con los sindicatos, y el haber sido declarado “persona no grata”, ¿es su déficit personal?

-Robert Silva nunca fue ni es antisindicatos. Robert Silva generó con otros docentes una propuesta que no tiene mandato sindical, no tiene mandato del gobierno ni de un partido político. Por eso decimos, con orgullo, que somos auténticos representantes de los docentes. Por eso no tenemos problema de decir lo que pensamos y de pedir informes. Es una falacia la oposición de Robert Silva y los sindicatos. Es un invento de una parte de los integrantes de ADES Montevideo que, hace mucho tiempo, representan poco y le hacen mal a la educación.

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